Educación

Asalto a balazos en la puerta de un colegio de El Palomar y el duro dato de las pruebas PISA

Un comisario retirado recibió un disparo en el abdomen cuando defendía a su hija de quinto grado; la misma semana se conocieron los resultados educativos

Redacción3 min de lectura
Ignorancia y crimen a las puertas de la escuela

Un comisario mayor retirado de 51 años recibió un balazo en el abdomen cuando enfrentó a tres delincuentes armados que asaltaban a metros de la puerta del colegio Emaús, en El Palomar. El hecho ocurrió el jueves a las 7:15 de la mañana, mientras los alumnos ingresaban al establecimiento.

La víctima, identificada como Hernán Mariano Catarraso, llegaba con su hija de quinto grado cuando advirtió el asalto. Se identificó como policía retirado y dio la voz de alto. Los asaltantes respondieron con disparos: una bala le ingresó en el abdomen. El hombre también disparó y los agresores huyeron. Permanece internado en el Hospital Posadas.

La hija del comisario fue rescatada y entró al colegio. La bala que atravesó a su padre cruzó la puerta y se metió en su vida para siempre. El episodio condensó en una misma cuadra y en un mismo minuto dos realidades que el país discute por estas horas.

Esa semana se conocieron los resultados de las pruebas PISA, que miden el rendimiento de los alumnos de 15 años. Los datos fueron oprobiosos: ocho de cada diez chicos argentinos no alcanzan el piso mínimo en Matemática, y seis de cada diez tampoco lo logran en Lectura ni en Ciencias. Apenas el 7,8% llega al umbral básico en las tres materias.

El informe también detectó un fenómeno inquietante: casi se duplicó la cantidad de "lectores apresurados", alumnos que recorren el texto a toda velocidad, responden rápido y se equivocan seguido. No es que no lean: leen sin leer. Pasan los ojos por las palabras como se pasa el dedo por una pantalla. La velocidad devoró a la comprensión.

La discusión excede el financiamiento. Luxemburgo invierte más que nadie en el mundo y en Ciencias rinde por debajo de Irlanda, Francia e Italia. La educación se financia, pero sobre todo se decide. PISA mostró además que entre el cuarto más favorecido de los alumnos y el más vulnerable hay una brecha de 76 a 82 puntos, según el área. La escuela, que nació para reparar la desigualdad de origen, hoy solo la ratifica.

Hay un fenómeno que se fertiliza fuera del colegio y termina envenenando las aulas. Ingresa a las comunidades del saber minimizando el esfuerzo conjunto, aplanando todo, inculcando oscuridades en lugar de las luminosidades del libro y del álgebra. La desescolarización incuba espantos, y no es solo la del chico que abandona: es también la del aula que se abandona en sí misma, la que promueve sin enseñar y confunde contener con eximir de todo.

Definió Hannah Arendt: "La educación es el punto en el que decidimos si amamos al mundo lo suficiente como para asumir la responsabilidad de vivir en él". El desamor de la ignorancia como proyecto.

Afuera crece la antipedagogía armada de la droga y la violencia. Enseña en acto que el atajo funciona, que el esfuerzo es para tontos y que, como el futuro no existe, conviene cobrarlo hoy. Esa currícula es letal y eficaz: se incorpora rápido y no exige leer ni pensar.

Sarmiento entendió que civilización y barbarie no eran dos geografías distantes, sino dos posibilidades simultáneas de un mismo país. No estaban lejos una de la otra: estaban superpuestas. En El Palomar, el jueves a las 7:15, ambas ocuparon la misma cuadra en el mismo minuto.

Frente a esa marea, la escuela parece tener recursos arcaicos: tizas, pizarrones, tiempo y docentes que insisten y resisten. Parece muy poco, y es todo lo que hay. La educación sigue siendo el único antídoto conocido y ningún país se salvó jamás por otra vía.

La hija de Catarraso entró al colegio con el estruendo de los disparos todavía en el cuerpo. Adentro, alguien la tomó de la mano, le ofreció un banco, un cuaderno, una clase. Ese gesto, a la vez mínimo y sublime, sigue siendo el único camino. La disyuntiva es la ignorancia armada y el crimen, o el saber, la convivencia y la decencia.

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