Tiramonti: la escuela secundaria "es un enfermo que no admite más curitas"
La investigadora de Flacso sostiene que el nivel medio muestra signos de agotamiento y reclama una transformación integral del modelo.

La escuela secundaria argentina da muestras claras de agotamiento y necesita una transformación integral. Así lo plantea Guillermina Tiramonti, investigadora del Área de Educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y profesora de la Universidad Nacional de La Plata, quien advierte que el nivel medio ya no admite reformas parciales.
"Es un enfermo que no admite más curitas", resume la especialista, miembro de la Coalición por la Educación y socia del Club Político Argentino, para graficar la profundidad del cambio que, según su diagnóstico, requiere el sistema.
Entre las principales manifestaciones del colapso, Tiramonti señala que lo que se aprende en la escuela está muy lejos de los nuevos parámetros culturales. En tiempos de inteligencia artificial se continúa enseñando con un currículum fragmentado en disciplinas, tal como fue diseñado en el siglo XIX. Un porcentaje importante de los egresados no domina los instrumentos básicos de la cultura letrada, como la lectura y la escritura, y quienes lo logran provienen, en buena medida, de familias que ya dominan esa cultura.
La escuela casi no logra incorporar a los sectores culturalmente marginales a los saberes dominantes de la sociedad. A la vez, sus parámetros de socialización son débiles para procesar las subjetividades de los jóvenes actuales. Crece el ausentismo de los alumnos, muchos de los cuales dicen aburrirse, mientras proliferan influencers y youtubers que captan su interés con propuestas de alta densidad científica.
En ese contexto, varias jurisdicciones están proponiendo y, en otros casos, aplicando reformas que incluyen el trabajo por proyectos y la resolución de problemas desde una concepción compleja del conocimiento. También se avanza en cambios organizacionales que permiten el trabajo colaborativo entre docentes y entre alumnos.
Sin embargo, Tiramonti advierte que todos estos cambios se piensan, diseñan y ejecutan entre los tradicionales agentes del sistema, que hacen un esfuerzo por adaptar una educación escolarizada concebida desde la lógica moderna y desde una cultura ilustrada y analógica que no logra comprender a los sujetos ni los patrones de construcción del conocimiento propios de la era digital.
Quienes producen y divulgan el saber pertenecen a sectores diferentes: ya no son solo los científicos
La producción del conocimiento está muy lejos de realizarse como en la primera mitad del siglo XX. Hay cambios epistemológicos que exigen otros modos de producir, organizar y comunicar el saber. Las nuevas tecnologías permiten, pero también imponen, formas de articulación horizontales que no responden a las estructuras verticales y fijas propias de los sistemas analógicos. Ya no predomina una linealidad progresiva, sino la heterogeneidad, la fragmentación y la simultaneidad.
Para la investigadora, toda la organización del sistema educativo responde a una concepción vertical y centralizada, bajo el supuesto de que unos planifican y mandan y los de abajo ejecutan. Desde mediados del siglo pasado, los estudios organizacionales comprobaron que la burocracia no funciona según el modelo weberiano sino como un teléfono descompuesto.
La era digital se basa en otro patrón epistemológico, vinculado con las transformaciones de la física cuántica, la teoría de la relatividad y la revolución de la física de comienzos del siglo XX, en la que abreva la tecnología digital. Pensar una educación acorde con los tiempos exige hacerlo desde esa lógica y no limitarse a acomodar el modelo tradicional.
Tiramonti propone que los organismos de gobierno de la educación, en cooperación con las universidades, cuenten con equipos de innovadores educativos en los que participen tecnólogos, pedagogos, neurocientíficos, comunicadores, psicólogos y alumnos, con el objetivo de moldear la inteligencia artificial a las necesidades del desarrollo cognitivo de los estudiantes.
"La IA debe moldearse para hacer de ella un instrumento de multiplicación de la inteligencia humana y no su reemplazo", sostiene. En la organización de los sistemas educativos, agrega, deben participar tanto quienes atienden a la gobernabilidad como aquellos que conocen las nuevas modalidades de organización de los servicios digitales.
La especialista reconoce que las tecnologías no son neutrales y portan intereses y sesgos. Aun así, plantea que desde la apertura democrática las políticas educativas se decidieron, en buena medida, a partir de una negociación de intereses entre dos corporaciones: la política y la sindical. Y afirma que el sesgo de esos intereses no favoreció los aprendizajes de los jóvenes.
Fuente: LA NACION
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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