Turismo

Península de Valdés: una estancia centenaria abre sus playas al avistaje de ballenas

Las Charas, fundada en 1924 en Chubut, reconvirtió sus 7328 hectáreas ganaderas y ahora ofrece avistajes desde la costa, trekking y visitas al casco.

Redacción••4 min de lectura
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Península de Valdés: una estancia centenaria abre sus playas al avistaje de ballenas

Como cada primavera patagónica, la ballena franca austral vuelve a ser la protagonista de un espectáculo visual y sonoro en Península Valdés, en la provincia de Chubut. El primer censo de la temporada registró la llegada de 1300 ejemplares al comenzar el año, a mediados de 2026. Sus saltos acrobáticos, la posición vertical conocida como "de espionaje" y los jugueteos entre madres y crías sobre la playa conforman un atractivo que combina turismo ecológico y rural.

Entre las propuestas para verlas de cerca, la estancia Las Charas, fundada en 1924, abrió un acceso exclusivo a la Bahía de las Ballenas, en aguas del Golfo Nuevo, y sumó circuitos de trekking y visitas al casco histórico. La llegada de los animales es escalonada: primero arriban las madres gestantes, después los adultos reproductores y por último las más jóvenes, con mayor presencia entre septiembre y noviembre.

La historia de Península Valdés, cuyo nombre homenajea al ministro de Marina español Antonio Valdés, alcanzó su auge con las familias intrépidas, en su mayoría europeas, que se instalaron para dedicarse a la ganadería. Los tiempos cambiaron y algunas de aquellas familias optaron por reconvertirse hacia el turismo. Las Charas fue fundada por el ascendiente ganadero Armenio Paz, nacido en Córdoba, junto a Martín Betelu, de origen español.

La estancia cuenta dentro de sus límites con la exclusiva Bahía de las Ballenas y comenzó a transformar las 7328 hectáreas de su campo, donde ya no hay ovejas. "Antes estaba dividido en cuadros para el manejo de la hacienda. La nueva administración decidió quitar los alambrados y recuperarlo como fue en sus orígenes, con sus pastizales, flora y fauna autóctona", describe Guillermo Paats, encargado de la gestión turística.

Esa superficie con el suelo recuperado hizo que retornaran animales autóctonos como pumas, guanacos, huemules, maras y choiques, cuyas crías se llaman charitas y se relacionan con el nombre de la estancia porque abundaban en ese campo. Cada temporada llegan a Península Valdés entre 1500 y 2000 ballenas francas, y la zona se prepara para ofrecer las mejores vistas y recorridos a turistas de todo el mundo.

Paats enumera las excursiones que se originan desde Las Charas. "La excursión Costa de Gigantes, que opera hasta mediados de octubre, combina el avistaje costero con una caminata interpretativa y otro avistaje embarcado en las aguas de Puerto Pirámides. Visitamos playas donde las ballenas se acercan a pocos metros de la costa, como es el Área Natural Protegida El Doradillo", señala.

"También dentro de Las Charas realizamos un trekking costero junto a guías naturalistas que introducen a los visitantes en antiguas historias del lugar y describen datos sobre los restos óseos de ballenas, como cráneos, costillas y vértebras, que conforman el paisaje. Esta temporada las corrientes depositaron en las costas de la bahía tres ejemplares que están dentro de los índices normales de mortalidad", agrega. Según recientes descubrimientos, estos animales pueden superar los cien años de vida.

Sobre los avistajes embarcados en Puerto Pirámides, Paats destaca que se observa a estos gigantes del océano, que llegan a medir hasta 18 metros de largo y pueden pesar hasta 50 o 60 toneladas. Ver cómo se alimentan nadando con la boca abierta para capturar pequeñas presas y empujando luego el agua hacia afuera con las barbas ofrece una perspectiva visual distinta y fascinante. La excursión se hace en grupos reducidos dentro de la embarcación y con acompañamiento personalizado.

La excursión completa Costa de Gigantes se extiende hasta el 15 de octubre y lleva todo un día. "Salimos a las 8.30 de la mañana y, generalmente, estamos volviendo alrededor de las 16", estima. Otra actividad que no cesa en octubre es la visita a lo largo de todas las huellas del campo de Las Charas, interpretando el ecosistema de la estepa patagónica hasta llegar a la costa del extremo este, donde se encuentra una colonia impresionante de lobos marinos que se observa desde un acantilado de unos 15 metros de altura. La experiencia demanda entre cuatro y cinco horas.

Luego los visitantes pueden ir a la casa principal de la estancia, ubicada sobre un acantilado con vista al Golfo Nuevo, donde se puede almorzar o tomar un té. A Las Charas se llega desde Puerto Madryn: "Está a 50 kilómetros, que son unos 35 o 40 minutos de viaje; todo por asfalto hasta la entrada y, desde la estancia hacia adentro, son 5 kilómetros hasta el casco, con caminos de tierra, pero en muy buen estado, muy consolidados".

Las excursiones son aptas para todo público, aunque el especialista advierte que algunas pueden ser dificultosas para gente con problemas de movilidad, porque se transita por caminos que, si bien son de terreno firme, tienen algunas bajadas y subidas complicadas. Para quienes buscan otros destinos de verano, Búzios se consolida como el destino de moda entre los jóvenes argentinos, mientras que en la Patagonia los centros de esquí estiran la temporada hasta octubre.

Por qué importa

La reconversión de una estancia ganadera centenaria al turismo ecológico muestra cómo la Patagonia diversifica su oferta y protege su fauna. Para los viajeros, abre una alternativa de avistaje con acceso exclusivo a la Bahía de las Ballenas.

Qué sigue

La excursión Costa de Gigantes opera hasta el 15 de octubre, cuando termina la mayor presencia de ballenas en la zona. Después seguirán disponibles las visitas a la colonia de lobos marinos y los circuitos por el campo durante todo el año.

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