Historia

Benín, rival de Argentina: la historia de las Amazonas de Dahomey y la Puerta sin Retorno

El país africano que enfrenta a la Selección tiene un pasado marcado por un ejército de mujeres guerreras y el comercio de esclavos hacia América.

Redacción••5 min de lectura
Compartí esta nota:
Benín, el rival de la Argentina: “la Puerta de no retorno” y el ejército de guerreras más temido de África

Benín, el país cuya selección enfrenta a Argentina en el partido de despedida de Lionel Messi, tiene un pasado guerrero y militarista poco conocido. En ese territorio de África occidental existió un ejército de elite formado exclusivamente por mujeres, temido por su ferocidad y su lealtad al rey.

Conocidas como las “Amazonas de Dahomey”, estas guerreras lucharon por la soberanía de su reino hasta la colonización europea. Su historia inspiró a las Dora Milaje, los personajes femeninos de Black Panther, la primera película de Marvel nominada al Oscar a Mejor Película.

Dahomey era el nombre del reino cuya superficie hoy pertenece a Benín, ubicado al norte del Golfo de Guinea, entre Togo y Nigeria. Fue creado a comienzos del siglo XVII y alcanzó su esplendor un siglo más tarde, en gran parte por el comercio de esclavos con los países europeos.

En esos tiempos, el rey Aho Houegbadja creó su famoso ejército de mujeres. El apodo de amazonas fue impuesto por los exploradores europeos. El nombre nativo de estas jóvenes podía ser Mino, que significa “nuestras madres”, Ahosi o Agojie, que quería decir en fon, el idioma local, “esposas del rey”.

Eran mujeres tan bien instruidas militarmente que provocaban pavor en los pueblos vecinos y luego también en los colonizadores franceses. Podían cazar elefantes y no tenían piedad a la hora de decapitar a sus enemigos y beber su sangre antes de ofrecer a la víctima en sacrificio.

La denominación “esposas del rey” no era una simple nomenclatura. Cada una debía mantenerse célibe por si algún día el monarca requería de su compañía. Su entrega al soberano debía ser completa. Llegaban al ejército de niñas y la condición era ser fuertes y atléticas para ser seleccionadas. Algunas eran también esclavas traídas de otros pueblos.

Los entrenamientos eran duros en extremo y allí tenían que volverse más rápidas, más fuertes y mentalizarse para ser invencibles. Aprendían también a no tener la mínima compasión por el rival derrotado y a soportar los castigos más atroces en el caso de caer en manos del enemigo.

En la etapa de preparación, estas jóvenes desarrollaban un físico imponente. El explorador inglés Richard Burton describía así a las guerreras agojie: “Tal era el tamaño del esqueleto femenino y el desarrollo muscular que, en muchos casos, la feminidad se podía detectar solamente por los senos”. El británico llegó a llamar al reino de Dahomey como “la Esparta negra”.

En sus tiempos de mayor expansión, esta división femenina del ejército de Dahomey llegó a tener entre 4000 y 6000 combatientes. Según National Geographic, ellas eran, junto a los eunucos del palacio, los cuerpos armados encargados de mantener la seguridad del rey. Los únicos, además, que tenían permiso para ingresar a la residencia real después del atardecer.

Además, podían contar con sus propias esclavas a su servicio y tenían una dotación ilimitada de tabaco y alcohol como parte de sus privilegios.

Las agojie tenían uniformes rayados en blanco y azul o también de color óxido. Estaban divididas en diversos rangos según sus funciones. Podían ser: cazadoras, en general de elefantes; fusileras, que era el escuadrón más numeroso; arqueras, que lanzaban flechas envenenadas; artilleras, que atacaban con armas de fuego de la época como mosquetes de chispa, carabinas o trabucos; y segadoras, el grupo más temido.

Utilizaban también garrotes, cuchillos y lanzas. Pero había un arma que manejaban con una habilidad única y cuya fama generaba espanto en los enemigos. Se trataba de un arma blanca de un metro de longitud que se parecía a un machete. Empuñada con ambas manos, esta especie de espada podía llegar a partir en dos a una persona con un solo movimiento.

Según cuenta BBC, las segadoras solían utilizar estas armas para decapitar a los enemigos. Luego recolectaban sus cabezas y las llevaban como trofeo de sus luchas.

También era común que a las nuevas reclutas ejecutaran a algún prisionero para que se acostumbraran a matar. Un oficial naval francés de nombre Jean Bayol contó que fue testigo de una ceremonia en 1889 en que una niña llamada Nanisca, que “aún no había matado a nadie”, ajustició a un detenido.

Luego de cortar la cabeza del sentenciado, atado de pies y manos, la joven realizó una acción cruel y salvaje: “Limpió la sangre de su arma y se la bebió”, cuenta el francés.

Pero no todas las misiones de estas mujeres tenían que ver con el exterminio del enemigo. Podían incursionar en aldeas vecinas para traer con vida a los pobladores del lugar, para más tarde venderlos como esclavos a los traficantes europeos.

De hecho, hoy en día, en una playa que da al Golfo de Guinea, en la ciudad de Ouidah, existe un monumento que recuerda a todos los esclavos que partieron de las costas de Dahomey hacia sus diferentes destinos en América.

Esta construcción, inaugurada en el año 2000, tiene forma de arco, está realizada en bronce y hormigón y lleva un nombre contundente: se llama Puerta sin Retorno. Se sitúa en el lugar exacto por el que partían los barcos con sus cargas humanas hacia las costas ubicadas del otro lado del Atlántico.

Se cree que la primera batalla en que participaron las Agojie se llevó a cabo en 1727, en Savi, en el sur del territorio. Luego combatieron en distintos conflictos con los pueblos vecinos en los que, más allá del éxito o del fracaso de las contiendas, ellas siempre mostraron un valor extraordinario y ningún temor de dejar la vida en el campo de batalla.

Las guerreras participaron también de las batallas contra los franceses, que querían apropiarse del reino de Dahomey. Se dice que cuando alguna mujer local sufría un abuso por parte de los soldados de Francia, ahí aparecían las agojie para realizar un acto de reparación de su compatriota. Consistía en matar a todos los galos que ellas consideraban culpables.

Por qué importa

La historia de Benín conecta con el presente del partido de despedida de Messi y con el pasado esclavista que marcó a América. Conocer el origen de las Amazonas de Dahomey permite entender la dimensión cultural de un rival que no es solo futbolístico.

Qué sigue

El partido entre Argentina y Benín se juega hoy. La despedida de Messi en el seleccionado marcará el cierre de una etapa y el inicio de una nueva generación en el equipo nacional.

¿Te gustó esta nota?

Recibí lo más importante del día en tu correo. Sin spam, con opción de baja siempre.

Más en Historia