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Qué gana la Argentina si Flavio Bolsonaro gana el balotaje en Brasil

El avance de la derecha brasileña en el Congreso y los gobernadores abre un ciclo ortodoxo simultáneo en Buenos Aires y Brasilia, algo inédito en el Mercosur.

Redacción••4 min de lectura
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Qué gana la Argentina si Flavio Bolsonaro gana el balotaje en Brasil

La primera vuelta en Brasil no definió la presidencia, pero dejó un dato que excede las fronteras: Flavio Bolsonaro sacó 47,03% contra 45,16% de Lula y el balotaje será el 25 de octubre. El resultado le entregó a la derecha brasileña los votos que le faltaban y, con ellos, la llave para discutir reformas que hasta ahora eran reclamo de una minoría.

En Diputados, las bancadas de derecha suman 276 sobre 513; en el Senado, 49 sobre 81. El Partido Liberal pasó de 99 a 121 diputados y tendrá 28 senadores. De los veinte gobernadores definidos en primera vuelta, trece son del campo conservador, entre ellos los de San Pablo, Minas Gerais y Rio Grande do Sul.

El dato decisivo no está en esos totales, sino en que el PL le sacó bancas al Centrão. Donde había una federación de partidos que negociaba su apoyo a cada ley, ahora hay un bloque doctrinario que vota junto. Los 49 senadores son exactamente los tres quintos que exige una enmienda constitucional: la derecha alcanzó la llave de la Constitución.

Una amnistía amplia a los condenados del 8 de enero entra sin esfuerzo en ese rango, aunque no antes de febrero, cuando asuma el Congreso nuevo. La escena que busca el bolsonarismo, padre e hijo subiendo juntos la rampa del Planalto el 1 de enero, depende de una sola puerta y es judicial: el recurso de revisión criminal que tramita el juez del STF Kassio Nunes Marques.

La presión sobre la Corte corre en paralelo. Destituir a un ministro exige dos tercios del Senado, es decir 54 votos, y el bloque orgánico de derecha tiene 49. Relevamientos en la Cámara Alta cuentan 54 senadores favorables a abrir un proceso, un número que cierra demasiado justo como para darlo por hecho. La Corte llega a la pulseada en su peor momento desde 1988, con el caso de corrupción del Banco Master fracturando su cohesión interna.

El punto de llegada probable es un gran acuerdo de pacificación, con amnistía amplia sin obstrucción judicial y, eventualmente, la salida negociada de la figura más expuesta a cambio de blindar a la institución.

Todo eso, que en Buenos Aires se lee como folklore institucional brasileño, es la condición de posibilidad de lo que viene después. Un presidente con 276 diputados, 49 senadores, trece gobernadores y una Corte pacificada tendría la plataforma de gobernabilidad más amplia desde la redemocratización.

El plan que piensa el candidato ganador es ambicioso: reducción fuerte del déficit fiscal como ancla, reforma administrativa para achicar el Estado, programa de privatizaciones, profundización de la reforma tributaria ya iniciada y apertura comercial decidida. El perfil económico recoge la visión de Paulo Guedes, el exministro que en el gobierno anterior nunca tuvo el Congreso para ejecutarla.

La pata regional de ese programa es la que toca de cerca a la Argentina. Un Brasil en ese registro empuja la baja del arancel externo común, la discusión que el Mercosur viene postergando desde hace quince años, y acelera los acuerdos del bloque con otras regiones. Abre la puerta a algo que hasta ahora fue tabú: la autonomía de cada socio para negociar con terceros mercados sin esperar al conjunto.

Para el gobierno de Javier Milei el beneficio es directo. Significa más velocidad en la integración al mundo, más libertad para negociar acuerdos de segunda generación y un alineamiento más cómodo para el ingreso a la OCDE. También facilita la participación argentina en los foros multilaterales que impulsa Estados Unidos, como el Escudo de las Américas contra el crimen organizado y el terrorismo.

Está además el canal financiero, que fue el primero en expresarse. La curva de tasas futuras brasileña cayó unos cien puntos básicos el lunes posterior a la elección, lo que representaría unos US$ 13.000 millones ahorrados en el servicio de la deuda si ese nivel se sostiene. Cuando la principal economía de la región genera expectativas de superávit primario robusto cae la percepción de riesgo sistémico sudamericano, y eso comprime el riesgo país argentino sin que hagamos nada.

Conviene dimensionar lo extraordinario de la situación. En las últimas cuatro décadas, cada vez que la Argentina intentó un programa de estabilización y apertura Brasil estaba en otra cosa, y cada vez que Brasil avanzó con reformas de mercado la Argentina venía de una crisis o entraba en una. Esa falta de coordinación explica buena parte de por qué el Mercosur terminó siendo una unión aduanera imperfecta.

Un ciclo ortodoxo simultáneo en Buenos Aires y Brasilia es un hecho raro en la historia económica regional, y para el inversor extranjero vale más que la suma de las partes. Un fondo no evalúa países aislados: arma una tesis regional y después la distribuye. Dos gobiernos con agendas compatibles en lo fiscal y lo comercial achican el riesgo de que un cambio de signo político del otro lado de la frontera invalide la inversión hecha de este lado.

Durante dos décadas, el argumento para no avanzar fue siempre el mismo: que Brasil no estaba dispuesto. Ese argumento se terminó el 4 de octubre. A partir de ahora, lo que la Argentina no consiga en materia de apertura, acuerdos de segunda generación o integración a los foros del mundo desarrollado no va a poder explicarse por el socio mayor del bloque. Va a tener que explicarse por nosotros.

Por qué importa

Un Brasil con mayoría conservadora empuja la baja del arancel externo común y la flexibilización del Mercosur, dos discusiones que la Argentina viene postergando. También comprime el riesgo país argentino por el canal regional, sin reformas locales de por medio.

Qué sigue

El balotaje del 25 de octubre define la presidencia. Después hay que mirar el recurso de revisión criminal de Jair Bolsonaro en el STF y, desde febrero, la composición del Congreso nuevo que puede habilitar la amnistía y las reformas.

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