Caitlin Moran explora qué significa ser hombre en la era del feminismo
La escritora británica publica '¿Y los hombres qué?', un ensayo que indaga en las nuevas masculinidades y el malestar de la Generación Z.

La escritora y periodista británica Caitlin Moran publicó ¿Y los hombres qué? (Anagrama), un ensayo en el que aborda una pregunta que suele quedar flotando en los debates feministas: qué significa ser hombre en el siglo XXI. El libro, traducido por Gemma Rovira Ortega, propone una mirada que no abandona la perspectiva feminista pero se corre del lugar común de la confrontación.
Moran, conocida por títulos como Cómo ser mujer y Más que una mujer, parte de una hipótesis incómoda: el patriarcado no solo genera desigualdades hacia las mujeres, sino que también impone un modelo de masculinidad que muchos varones habitan sin haberlo elegido. El ensayo se apoya en entrevistas y testimonios para explorar esa experiencia.
El punto de partida es el malestar que la autora detecta entre los más jóvenes. En conversaciones con adolescentes de la Generación Z, escucha frases como “ahora es más difícil ser un chico que una chica” o “el feminismo ha ido demasiado lejos”. En lugar de descartar esas percepciones, Moran las toma como material de trabajo para entender de dónde surgen.
Durante meses, la escritora entrevistó a amigos, desconocidos, especialistas y jóvenes con una pregunta simple: “¿Cómo es el mundo de los chicos?”. Las respuestas revelan una constante: muchos hombres encuentran dificultades para poner en palabras lo que sienten. No se trata de una incapacidad biológica, sostiene, sino de una educación emocional que empuja a los varones a ocultar su vulnerabilidad.
El libro contrasta esa realidad con la experiencia femenina. Mientras las mujeres crecieron rodeadas de conversaciones y espacios para compartir emociones, los varones aprendieron a comunicarse a través del humor, la competencia y la ironía. “Muchas veces, las bromas son una excusa para no hablar con alguien”, dice uno de los entrevistados, una frase que resume el espíritu del ensayo.
Moran evita caer en la condescendencia o en la simplificación. Reconoce que el patriarcado sigue distribuyendo privilegios de manera desigual, pero también señala que impone expectativas que limitan la forma en que los varones se relacionan consigo mismos. El libro dedica un capítulo a la llamada “machoesfera”, el ecosistema digital donde proliferan influencers que capitalizan ese malestar.
Uno de los pasajes más lúcidos contrapone dos miedos: el de los jóvenes que temen ser acusados injustamente de abuso y el de las mujeres que crecieron con el miedo cotidiano a la agresión sexual. La comparación no busca competir, sino poner en perspectiva cómo se construyen esas percepciones y por qué unas ocupan más espacio público que otras.
La pregunta más incómoda que plantea el libro, quizá, no sea sobre el feminismo sino sobre el vacío que dejó la conversación sobre las masculinidades. Moran sostiene que los hombres rara vez desarrollaron espacios equivalentes a los del feminismo para hablar de sus propios conflictos. La consecuencia no es la ausencia de sufrimiento, sino la falta de palabras para nombrarlo.
Fuente: Clarín
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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