Política

Caputo y Cristina bajan el tono para unir a sus espacios

El ministro busca un acuerdo con Macri para blindar al oficialismo; la expresidenta impulsa la unidad peronista de cara a las elecciones.

Redacción5 min de lectura
Caputo y Cristina bajan el tono para unir a sus espacios

Luis Caputo agitó el trapo blanco de la paz con Mauricio Macri para precipitar algún frente unido en la centroderecha. Cristina Kirchner hizo lo mismo hacia dentro del peronismo. El ministro ejerce un cacicazgo por sobre el resto del gabinete que le permitió esa capitulación en nombre del gobierno.

Fue mediante una ola de presiones de empresarios y amigos comunes sobre el jefe del PRO para que se reconciliara con la administración Milei. El argumento fue que las turbulencias de la economía no se explican por las condiciones del mercado y han desatado una crisis de expectativas.

La lentitud de las inversiones, la falta de actividad en importantes segmentos de la economía, la caída del consumo, los despidos, los movimientos hacia el dólar o el riesgo país, no se explicarían por la marcha de la agenda económica. Según el diagnóstico oficial, se deben a la incertidumbre política del año electoral.

La sustentabilidad del programa necesita de manera imprescindible certidumbre, y la política que despliega el gobierno solo alimenta el fantasma de una derrota electoral. El maximalismo de la gestión oficial no tiene en cuenta que el mundo es redondo; supone que el éxito depende de la ilusión de que no cambie el signo del gobierno.

Para eso tiene que blindar el apoyo de los sectores que le dieron el voto en 2023 y en 2025. Eso significa reconciliarse con Macri y el PRO de manera de asegurar la competitividad de la coalición de gobierno en las presidenciales del año que viene.

El mensaje de Toto fue intimidante: arreglen la política, que esto no es por el mercado, es por la política. Es una pesadilla que los actores del gobierno ya vivieron en 2019, en las postrimerías del macrismo. El portador del mensaje fue Diego Santilli hace más de un mes. Interesó a Mauricio en esa inquietud.

Macri la comparte porque es escéptico en cuanto al éxito: cree que la calidad de la gestión política perjudica la gestión económica. Escuchó los argumentos del Jefe de Gabinete y pidió tiempo para responder.

Dio el sí esta semana, lo que motivó el llamado de Karina Milei para hablar, en un diálogo que Mauricio calificó de sincero, sobre las posibilidades de un acuerdo. En las charlas de superficie Macri modera su escepticismo. Responde que cualquier acercamiento tiene que reconocer, por parte del gobierno, que el PRO y La Libertad Avanza son socios.

El diagnóstico del equipo de Macri es que la sucesión de errores de gestión se debe a la falta de liderazgo y conducción de la fuerza. También observa que el gobierno no recupera fuerza ni adhesiones ante cada caída de prestigio. Cada protagonista actúa por su cuenta y nadie rinde cuentas de lo que pasó.

Ocurrió con la última sesión del Senado. Patricia Bullrich condujo al oficialismo hacia una derrota política. Al cerrar el debate, en lugar de distraer la atención, insistió con quejas a los capítulos del proyecto que la oposición acababa de voltearle. Lo mejor hubiera sido que hablase poco.

Ese discurso pareció gozar la derrota, vaya a saber con qué propósito. Este tobogán le preocupa al PRO como socio de La Libertad Avanza en el Congreso y en algunos distritos.

En el pliego de dudas de Macri está la incertidumbre sobre si conviene pegarse tanto al gobierno de manera de salvarlo, pero también tomar prevenciones ante el riesgo de que un fracaso del gobierno arrastre al PRO. Una tercera conjetura que los atormenta es qué pensará el electorado del PRO si Milei pierde por falta de apoyo de Macri y precipita un triunfo del peronismo.

El objetivo del gobierno es blindar la capacidad de representación de la marca LLA-PRO del electorado del 41-42% de votos que ha tenido desde 2015 la coalición de Juntos por el Cambio: ese porcentaje se mantuvo en las siguientes elecciones y es lo que la marca obtuvo el año pasado en las legislativas.

Los sondeos que manejan oficialismo y oposición señalan una migración de sectores del voto PRO hacia otras opciones que se alejan de Milei, contrarias por la forma y modo de conducirse del oficialismo. A esto hay que agregar la campaña de Macri durante el último año para instalar al PRO como alternativa de gobierno en 2027. Parte de esa campaña es el lanzamiento de la candidatura del exministro Hernán Lacunza. Si estos alejamientos prosperan, el temor del gobierno es que el electorado se desdoble entre sus candidatos y los del nuevo PRO, y que favorezcan un triunfo de la oposición.

En una ley no escrita, la Argentina del bicoalicionismo imperfecto obliga a que los dos polos, de no peronismo y peronismo, mantengan la unidad. El que se divide, pierde.

El peronismo, reanimado por el triunfo en el Senado, también levantó bandera blanca hacia las tribus disidentes para ensayar algún gesto de unidad, al menos formal. Así como Toto Caputo disparó el mensaje que reunió a los Menem y Santilli con Ritondo y Fernando de Andreis, en el peronismo fue Cristina Kirchner quien disparó esa cita.

La avaló expresamente el lunes en el encuentro que mantuvo en San José 1111 con José Mayans. "Siempre he sido pragmática", le dijo. "El que mida más debe ser el candidato", agregó. Esa señal habilitó que en ese encuentro del martes a la noche en el hotel Emperador participasen Axel Kicillof y Máximo Kirchner. Alguien preguntó por qué en la lista de invitados no estaba Juan Manuel Olmos, armador del peronismo porteño. "La próxima lo llamamos", dijo uno de los convocantes. ¿Y Uñac?, preguntó otro. "Si quiere ser candidato, que siga", desmarcó otro.

El debate entre los gobernadores avanzó sobre los frentes de batalla. El principal: frenar la derogación o suspensión de las PASO. Manejan la noticia de que Javier Milei pide exclusividad para su candidatura en el arco del oficialismo y que por eso no está dispuesto a habilitar unas PASO que van a ser una primera vuelta electoral que lo puede desdibujar como le ocurrió a Macri en 2019.

La presencia esa noche en el hotel de Gildo Insfrán fue importante porque tiene cierto predicamento ante los gobernadores del peronismo del Norte, que hoy son aliados del gobierno en la mayoría de las iniciativas. El hecho de que un quinteto de ellos rechazase los capítulos de Tierras y de Fuego en la última sesión del Senado les pareció algo alentador. Es una fractura en las relaciones de ese grupo y el gobierno, y hay que aprovecharla.

El encargado de la misión de convencerlos de que no voten contra las PASO es Gildo, que durante la semana recorrió el espinel en su papel de hombre fuerte del partido y titular del Congreso Justicialista. Ese mismo martes había visitado a Miguel Pichetto en el estudio de un diputado. Hablaron de su inquietud sobre las PASO y la debilidad del gobierno. Pichetto un día antes había cenado en el estudio de Guillermo Michel con Sergio Massa. En esa charla repasaron la manera de respaldar a Cristina Kirchner sin que eso dañe la posibilidad de unidad del peronismo. Llegaron a hablar de que los gobernadores agoten su apoyo con una declaración de adhesión a la tarea de los abogados de Cristina, que han iniciado una gesta.

Fuente: Smoke Demo Source

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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