Diseño Interior

Cocinas abiertas: más caras y con exigencias que pocos prevén antes de reformar

Abrir la cocina aporta luz y amplitud, pero encarece la reforma y obliga a convivir con ruidos, olores y desorden.

Redacción3 min de lectura
Rubén Rodríguez, diseñador de cocinas: “Las cocinas abiertas son más caras que las cerradas, exigen mejores muebles y una distribución más cuidada”

La cocina abierta se ha convertido en una tendencia dominante en las reformas de viviendas en Argentina. Promete más luz, amplitud y un espacio común para cocinar, comer y compartir en familia. En pisos pequeños o muy compartimentados puede ser una buena solución, pero también esconde costos y desafíos que no siempre se tienen en cuenta.

Rubén Rodríguez, diseñador de cocinas y director de Cocinas Suarco, advierte que "las cocinas abiertas salen más caras que las cerradas". El sobrecoste no solo proviene de la obra, sino también de la exigencia estética que implica integrar la cocina al salón.

Al unir dos estancias, pueden aparecer trabajos adicionales en electricidad, fontanería, desagües, pavimentos o revestimientos, especialmente cuando cocina y salón tenían materiales diferentes. "Cuando la cocina queda permanentemente integrada en la zona de estar, también aumenta la exigencia estética", explica Rodríguez.

Los muebles, la encimera, los electrodomésticos y la iluminación se ven desde el sofá y deben convivir con el resto del interiorismo. Eso suele llevar a cuidar más los acabados y, en muchos casos, a elevar el presupuesto.

Las islas, símbolo de la cocina abierta, no siempre son viables. No siempre hay metros suficientes para incorporarlas sin perjudicar los recorridos. Cuando se fuerzan, pueden ocupar más espacio del que aportan. Una cocina funcional depende más de una buena distribución que de sumar elementos de moda.

La arquitecta técnica Elisenda Gadea, de ASANA Arquitectura, señala que "el afán por tener una cocina abierta al salón puede no ajustarse al estilo de vida de alguien que cocine a diario". No es lo mismo preparar algo rápido que cocinar todos los días, freír o pasar muchas horas. En una estancia cerrada, basta con cerrar la puerta para limitar olores, vapor y ruido. En una abierta, todo sucede en el espacio principal de la vivienda.

También cambia la relación con el desorden. Una cocina cerrada permite dejar los platos para fregar más tarde o mantener pequeños electrodomésticos fuera de la vista. En una abierta, la encimera forma parte del paisaje del salón. Para algunas personas no supone un problema; para otras puede ser una pesadilla diaria.

Gadea insiste en que no existen soluciones válidas para todos. Las necesidades cambian según si vive una persona sola, una familia, alguien que teletrabaja o personas con horarios diferentes. "El café para todos no funciona en arquitectura", advierte.

La ausencia de separación obliga a ser más exigente con cuestiones que en una cocina independiente pasaban desapercibidas. El interiorista Josep Boix explica que uno de los errores más frecuentes es pensar que integrar cocina, comedor y salón se resuelve eliminando tabiques. La distribución debe funcionar como un conjunto, estudiando recorridos, proporciones, iluminación y materiales, pero también la extracción y el ruido.

En una cocina cerrada, el lavavajillas puede funcionar mientras alguien ve televisión al otro lado de la puerta. Lo mismo con la campana extractora o el frigorífico. Al eliminar esa barrera, elegir aparatos silenciosos y un buen sistema de extracción deja de ser un detalle.

Boix lo resume: "Los humos, el ruido o una mala resolución estética pueden romper completamente la armonía del espacio". Cuanto más sencilla parece la operación, más atención requiere después todo lo que la pared aislaba. La cocina debe integrarse como un mueble más del salón, tanto por su aspecto como por su funcionamiento.

Sin embargo, abrir la cocina no siempre es una mala decisión. En muchas viviendas ocurre lo contrario. Los pisos actuales son más compactos y eliminar divisiones permite aprovechar mejor los metros cuadrados. Una cocina oscura puede recibir luz natural del salón, dos habitaciones pequeñas pueden convertirse en una zona de día más agradable y quien cocina deja de quedar aislado.

Los arquitectos Isabel Roger y Daniel González defienden que una redistribución bien pensada puede mejorar la calidad de vida. La clave está en evaluar cada caso concreto, considerando las necesidades reales de quienes habitan la vivienda, antes de tomar la decisión de derribar una pared.

Fuente: Clarín

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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