Psicología

Cómo influye el orden y el desorden del hogar en la salud mental

La psicología ambiental explica por qué los espacios saturados o rígidos afectan el ánimo y qué ajustes simples pueden mejorar el bienestar diario.

Redacción2 min de lectura
Qué significa para la psicología que se acumulen objetos en una casa o que haya una habitación sin uso

El hogar no es solo un lugar físico, sino un espacio que afecta directamente el estado de ánimo y la salud mental. La psicología ambiental estudia cómo el entorno construido influye en las emociones y el comportamiento, y sus hallazgos revelan que la acumulación de objetos, la falta de luz o el desorden pueden generar estrés y fatiga mental.

Un estudio de la Universidad de Cornell, liderado por Gary Evans, demostró que la exposición crónica al ruido doméstico incrementa los niveles de cortisol y deteriora la memoria de trabajo. Evans explicó que “los entornos residenciales con alta carga sensorial exigen un esfuerzo cognitivo constante, lo que termina generando fatiga mental, irritabilidad y una menor capacidad para regular las emociones en la vida cotidiana”.

La neurociencia también aporta evidencia: el cerebro está diseñado para detectar amenazas, y un pasillo oscuro o una acumulación visual excesiva activan circuitos de alerta que elevan la tensión basal, incluso sin que la persona lo note conscientemente. Roger Ulrich, de la Universidad de Texas A&M, demostró que los espacios con configuraciones claras y buena iluminación activan el sistema nervioso parasimpático, favoreciendo la recuperación emocional.

El orden extremo también puede ser contraproducente. Una casa impecable pero rígida puede resultar tan opresiva como una saturada de objetos. La clave está en la legibilidad del espacio: según Stephen Kaplan, de la Universidad de Michigan, los ambientes coherentes y con posibilidad de exploración permiten que la atención dirigida descanse, algo esencial para el equilibrio emocional.

La circulación fluida reduce la ansiedad al disminuir microobstáculos que el cerebro interpreta como fricción. La iluminación también juega un papel crucial: estudios del Lighting Research Center indican que una luz mal calibrada altera la secreción de melatonina y empeora el ánimo. Su directora, Mariana Figueiro, sostiene que “la luz en el hogar no solo permite ver, también envía mensajes biológicos potentes que influyen en el sueño y la estabilidad emocional”.

La acumulación de objetos, por su parte, suele interpretarse como apego material, pero muchas veces refleja fatiga mental. Objetos sin reparar o donar funcionan como promesas incumplidas que el cerebro registra. Investigaciones del Princeton Neuroscience Institute, lideradas por Sabine Kastner, muestran que los entornos visualmente saturados reducen la concentración y aumentan la distractibilidad. Kastner indica que “cuando múltiples objetos reclaman atención simultánea, el cerebro debe filtrar activamente, lo que incrementa el esfuerzo mental y la sensación de agotamiento”.

La casa, entonces, actúa como un sistema emocional activo. Comprender cómo influye en el estado de ánimo abre la puerta a pequeños ajustes: despejar superficies, mejorar la iluminación o liberar espacios bloqueados puede tener un impacto concreto en el bienestar cotidiano.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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