Sociedad

De boliche a salón infantil: la transformación de un ícono del Bajo de San Isidro

Tras la clausura de Brandy en 2024, el espacio ahora alberga Epicland, un salón de juegos para niños que cambió la dinámica del barrio.

Redacción4 min de lectura
La reconversión de un ícono del Bajo de San Isidro: de boliche cuestionado a salón de juegos infantiles

En la misma cuadra donde antes las madrugadas terminaban entre música, botellas y discusiones, ahora los chicos tienen un lugar para jugar. El cambio ocurrió en Roque Sáenz Peña 1156, en el Bajo de San Isidro, donde durante años funcionó Brandy, un boliche que acumuló reclamos de vecinos.

Desde hace un mes, el lugar funciona como Epicland, un salón de juegos, recreación y fiestas infantiles. La transformación fue impulsada por inversores privados con acompañamiento de la municipalidad, y para quienes viven o trabajan en la zona el contraste es evidente.

El movimiento del boliche no se limitaba al interior: los vecinos recuerdan grupos en la calle, cuidacoches y personas ebrias durante la madrugada. Una de las principales diferencias con el nuevo emprendimiento es el tipo de circulación que genera, según los testimonios recolectados en una recorrida por el barrio.

“Ahora es muchísimo más tranquilo, no hay ruido”, dijo a LA NACION Fernanda González, de 35 años, encargada del restaurante Austria, ubicado a pocos metros. Los conflictos nocturnos repercutían en los comercios: “Los clientes quizá salían de comer y se cruzaban con jóvenes tomando o gente borracha. Para nosotros era un problema y no podíamos hacer nada”.

González recuerda los enfrentamientos en la zona: “Era una batalla campal entre los trapitos y la policía. Fue por mucho tiempo así”, resumió.

Una empleada de Epicland, que empezó a trabajar tras la apertura, conoce el pasado por comentarios de compañeros, pero nota la diferencia: “Fue muy bueno el cambio porque ahora la calle y la zona son más tranquilas, ya no hay basura ni borrachos a la madrugada. Ahora hay niños y familias”, explicó a LA NACION.

Los vecinos coinciden en que cambió el aspecto de las calles. Horacio García, de 66 años, dueño de Pro Tennis Squash, ubicado enfrente, recuerda que tras las noches de Brandy quedaban “restos de botellas, latas de cerveza” y la vereda sucia. A veces también encontraba desechos en las canchas los fines de semana.

Otros dan una mirada personal. Malena Suárez, estudiante de 22 años, dice a LA NACION que su sobrino de 3 años fue al nuevo salón y “la pasó re bien”. Su familia vive en la esquina y sufrió la zona cuando estaba la discoteca. Suárez recuerda historias de un personal trainer que recibía a personas que golpeaban su puerta tras salir de bailar.

Sin embargo, no todos celebran. Blas Rodríguez, de 27 años, considera que el cierre afectó a los jóvenes: “Para mí el cambio perjudicó a la juventud y a los vecinos. No era tan desastroso como se decía”, sostuvo. Según este publicista, ahora quienes quieren salir a bailar deben trasladarse a la ciudad de Buenos Aires u otras zonas.

La clausura

El episodio más grave ocurrió en abril de 2023, cuando una pelea entre clientes de Brandy y cuidacoches derivó en un enfrentamiento en la vía pública. La Policía Bonaerense intervino durante más de una hora y usó balas de goma. Hubo denuncias por autos dañados y personas que quedaron dentro del local.

Con el cambio de gestión en la Municipalidad de San Isidro, el establecimiento fue clausurado por “desvirtuación de rubro” y otras irregularidades. El cierre definitivo se concretó en 2024. Los anteriores ocupantes desistieron y un nuevo inversor propuso transformar el inmueble en un espacio infantil.

Desde la intendencia explicaron que los privados se acercaron para evaluar alternativas dentro de las normas urbanísticas. Avanzó la propuesta de un espacio para juegos y festejos infantiles, actividad compatible con el carácter residencial de la zona.

La diferencia está también en la habilitación: el problema no era que funcionara de noche, sino que la actividad no coincidía con el rubro: Brandy figuraba como restaurante con anexo de música y canto.

Desde la municipalidad explican que en San Isidro los boliches bailables están prohibidos y que esa actividad ni siquiera figura en el Código de Ordenamiento Urbano. Según la administración local, Brandy operaba como boliche clandestino.

Una nueva actividad

Epicland también modificó la relación con los comercios cercanos. En el restaurante Austria, por ejemplo, incorporaron un menú infantil que antes no tenían. “Como el salón no ofrece comida, muchos padres vienen a comer acá para hacer tiempo o comen algo y después van al salón. Nosotros tenemos comida austríaca, pero al saber de la nueva clientela pensamos en un menú que les sirviera a las familias y sus hijos”, contó González.

Para la intendencia, el cambio permite reemplazar una actividad conflictiva por otra compatible con el entorno. El proyecto de salón infantil avanzó con el acompañamiento del área de Habilitaciones municipal, que realizó las inspecciones antes de la apertura.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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