Emprendimiento

De la aviación a las panaderías: la historia de Le Blé y su crisis actual

Paul Petrelli y Donatienne Fievet dejaron carreras en la industria aérea para fundar en 2008 una cadena de cafeterías que hoy enfrenta su mayor desafío.

Redacción2 min de lectura
De los aviones al pan: cómo nació Le Blé, la cadena de cafeterías que hoy atraviesa su mayor crisis

Paul Petrelli y Donatienne Fievet dejaron atrás carreras consolidadas en la industria aerocomercial para abrir, en 2008, una panadería de barrio en Colegiales. Hoy, esa cadena de cafeterías, Le Blé, atraviesa su mayor crisis.

La pareja se conoció trabajando en aviación y vivió en Nueva York, Madrid, París y Frankfurt. A los 45 años, Petrelli sintió que era el momento de cambiar y decidieron emprender un proyecto propio.

“Los dos venimos de una industria de mucho glamour. Trabajar en la aviación era una vida de champagne con un suelo de cerveza, pero nos permitía conocer todo el mundo, viajar en primera clase y ganar bien”, contó Petrelli en una entrevista de 2023.

Donatienne es belga y creció en Tournai, cerca de la frontera con Francia. Paul se crió en Belgrano y guardaba el recuerdo de las panaderías de barrio y los scones de su abuela irlandesa. Esas memorias se unieron en la idea de Le Blé, que significa “trigo” en francés.

La idea comenzó a gestarse en 1998, cuando la pareja vivía en Nueva York y aprovechaba los pasajes de la aerolínea para viajar y conocer restaurantes. “Nuestro placer era ese”, recordó Petrelli. Con el tiempo, la idea de un restaurante de cocina fusión mutó hacia algo más simple: un café, buen pan y un lugar que durara más allá de las modas.

En una entrevista con Forbes, Petrelli explicó que buscaban “devolverle la panadería al barrio”. Donatienne aportaba su propia visión: “sentirte en casa”. Entre los sabores que incorporó está el pain perdu, una receta belga tradicional.

El primer local abrió el 26 de septiembre de 2008 en la esquina de Céspedes y Álvarez Thomas, en Colegiales. La inversión inicial fue de entre US$150.000 y US$200.000. “Cuando arrancamos la obra el arquitecto me dijo ‘Paul, podemos parar cuando quieras’. Yo no entendía. ¿Por qué?, le pregunté. ‘No pasa nadie por acá’, me respondió”, contó Petrelli.

Pero hubo cola desde el primer día. “Desbordó de gente desde el primer momento”, dijo Donatienne años después. Nueve meses más tarde abrieron el segundo local, en Dorrego y Vera, Chacarita. Luego siguieron por Caballito, Villa Urquiza, Almagro, Boedo, Villa Devoto y San Telmo.

Sin embargo, el éxito inmediato también generó caos. “El éxito que tuvimos de inmediato también provocó caos”, reconoció Donatienne. La expansión fue rápida, pero hoy la cadena enfrenta su mayor crisis, aunque los detalles de la situación actual no fueron precisados en el artículo original.

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