Emprendimiento

Aburrido en pandemia, recreó el tractor de su abuelo y hoy fabrica autos a escala que exporta

Oscar Solís vive en Perico, Jujuy, y convirtió un taller casero en una fábrica con empleados y pedidos desde Estados Unidos

Redacción4 min de lectura

Oscar Solís tenía 43 años y trabajaba como ingeniero mecánico cuando la pandemia lo obligó a quedarse en su casa de Perico, en el interior de Jujuy. Las dos primeras semanas fueron como vacaciones, pero a la tercera ya no sabía qué hacer. Entonces bajó al taller del fondo y, con los materiales que tenía, empezó a construir un tractor a escala para su hijo de cuatro años. Era una réplica del mismo vehículo que su abuelo Tito había fabricado seis décadas atrás para su papá.

Lo que nació como un pasatiempo para matar el aburrimiento terminó convertido en un emprendimiento que hoy tiene 16 modelos distintos de tractores y autos a escala, una fábrica en el parque industrial de su ciudad, empleados y clientes en el exterior. En los próximos días despachará un auto rumbo a Estados Unidos.

El abuelo Tito, fallecido en 2015, había construido su primer auto de carrera a los 18 años. El papá de Oscar corría, su tío también. “De toda la vida somos fierreros, así que me crié en el taller con todo eso, para mí era más de lo mismo, aparte me gusta crear cosas a escala para los chicos”, cuenta Solís. Sobre su abuelo, que solo cursó hasta sexto grado, no duda: “Era un ingeniero sin título, muy autodidacta, muy inteligente”.

Aquel primer tractor que Tito fabricó para sus dos hijos se usó en el desfile de la fiesta patronal del pueblo. Sigue intacto, con las gomas y otras piezas reacondicionadas, y la familia lo está restaurando para dejarlo en exhibición.

Cuando Solís terminó el tractor para su hijo subió una foto al estado de WhatsApp. Un amigo que ya es abuelo le pidió uno para su nieto, después otro. En una tarde juntó diez pedidos. Al principio respondía siempre lo mismo: “No fabrico”. Pero el tiempo libre de la cuarentena y la pasión heredada lo convencieron de armar, sin proponérselo, su propia empresa en el patio de su casa.

“No quiero que suene mal, pero para mí la pandemia fue una bendición porque me dio el tiempo para empezar esto que yo nunca lo hubiese empezado. Por una cosa o por otra nunca me alcanzaba el tiempo”, se sincera. Tardó dos meses en terminar el tractor. “Lo usaba de psicólogo al taller, cuando estaba medio loco me iba para ahí. Me iba con mis dos hijitos al fondo y trabajábamos juntos, pero sin intención de vender nada. Era para divertirme entre nosotros”, asegura.

Cuando se levantaron las restricciones lo llamaron para volver a su trabajo anterior. Fue, renunció y se volvió a su casa. “De pasar de trabajar en un lugar que no me gustaba, que era un suplicio para mí, pasé a jugar todos los días”, admite.

Su papá, ya jubilado y radicado a 200 kilómetros, empezó a visitarlo para darle una mano. Va por quince días, ve a sus nietos y trabaja con él en el taller. “Poder trabajar con él, que siempre me llevé bien pero al irme a vivir a otra ciudad dejamos de frecuentarnos tanto, es un placer. Esto nos volvió a juntar”, dice Solís. Su hijo, hoy de diez años, también participa: prueba los vehículos y sugiere correcciones. “Es una pieza fundamental para nosotros en el taller”, afirma.

El taller de la casa quedó chico y hace cinco meses mudaron la producción a una fábrica en el parque industrial de Perico. Además de su papá, Solís tiene empleados y recibe de forma constante entre 8 y 10 pasantes de la Escuela Técnica del Pueblo y de la Tecnicatura de Mecatrónica. “Somos del interior del interior. Es una zona agrícola donde no abundan las industrias, entonces tener mano de obra calificada casi no existe. Al que veo que tiene talento y ganas me lo voy quedando como empleado”, explica.

La desconfianza fue el primer obstáculo para vender. “Cuando veían las fotos y les decíamos de dónde éramos, el 99% pensaba que era una estafa. Te digo de Perico que no sabés ni dónde queda, encima te digo que te lo entrego en 60 días y me tenés que dar un adelanto”, recuerda. Por eso responden los mensajes al instante y atienden el teléfono para dar credibilidad. Ya vendió autos desde Tierra del Fuego hasta el norte del país.

El trabajo es personalizado: muchos clientes le mandan la foto del modelo que quieren y él lo diseña y lo fabrica. “Acá hacemos todo lo que el cliente quiere”, cierra.

Por qué importa

El caso muestra cómo un emprendimiento nacido del aburrimiento y la herencia familiar puede transformarse en una industria en una zona agrícola sin tradición fabril, generando empleo calificado y exportaciones desde el interior profundo.

Qué sigue

El envío del auto a Estados Unidos marcará una prueba clave para la expansión exportadora del taller. También resta ver si la fábrica en el parque industrial de Perico logra ampliar su plantel y consolidar las pasantías con las escuelas técnicas locales.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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