Déjà vu político y “ningunismo” social: la dirigencia se repliega en alianzas viejas
Los primeros movimientos electorales de LLA, Pro y PJ muestran una lógica conservadora y pocas novedades, mientras crece el desacople con el electorado desencantado.

Como si se hubiese disparado un tiro de largada imaginario, en menos de 48 horas los dos principales espacios políticos del país activaron sus primeros movimientos reales con la mira en la elección del año próximo. El lunes, Karina Milei conversó por teléfono con Mauricio Macri; el martes, Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner se reunieron. No fue solo una coincidencia temporal: ambos encuentros funcionaron como un juego de espejos en lo estratégico.
Ante la percepción de una amenaza, los dos polos reaccionaron con una actitud conservadora, replegándose en alianzas conocidas del pasado sin resolver sus diferencias internas. El peligro que los acecha no es el otro polo, sino el vacío: el desencanto social, la desafección política y el riesgo de que surja una figura emergente que capitalice ese descontento. A unos los persigue la caída en las encuestas del Gobierno; a otros, el peligro de la desunión y la intrascendencia.
En definitiva, los dos principales polos se disponen a ofrecer para 2027 más o menos la misma oferta que en 2023. La conversación es entre los mismos. En cuatro años no surgió ninguna figura alternativa ni propuestas renovadoras. Como si la irrupción de Javier Milei, después de romper el tablero político, hubiese congelado todas las piezas dispersas. Un agotamiento del sistema para regenerar novedades que impone una inevitable sensación de déjà vu.
Estos primeros diálogos tuvieron un alto significado simbólico: ambos tuvieron un tono de reconciliación forzada frente a la certeza de que la sociedad castiga las divisiones injustificadas. Pero al mismo tiempo fueron conversaciones de bajas calorías en lo conceptual, porque de lo único que pudieron hablar a fondo fue de las PASO: los libertarios para eliminarlas y los peronistas para mantenerlas. En definitiva, apenas debatieron sobre el sistema electoral; hasta ahí llegan las coincidencias. No hubo, al menos por ahora, ideas, proyectos, objetivos. Solo lo instrumental para resolver los dilemas de la política. Como pensaría el viejo Milei outsider, tan de casta.
El sacerdote jesuita Rodrigo Zarazaga, con una mirada honda de la coyuntura política, reflexiona: “En la incertidumbre actual, las estrategias partidarias se vuelven conservadoras. Cada fuerza juega menos a conquistar jurisdicciones que a blindar el activo que ya considera suyo. Por eso el que gobierna la Nación aparece como el más ambicioso, no por vocación, sino porque la Presidencia es el activo mayor. Hoy es como si LLA y la oposición se cruzaran en una escalera. Milei, con estrella algo menguante, entrega distritos con tal de conservar el Ejecutivo nacional; y la oposición, que no encuentra por dónde subir, parece por momentos que resigna la disputa por el poder nacional con tal de amurallar sus bastiones”.
Desde un punto de vista estructural, las señales de los diálogos en paralelo de esta semana podrían merecer una valoración positiva: es un principio de reorganización de los dos polos políticos más visibles, lo cual puede ayudar a reconstruir el tablero general, muy parecido a la vieja polarización. Pero hay dilemas conceptuales que no están en condiciones de ser abordados. En el oficialismo, la idea de avanzar en un acuerdo con Pro le aporta sustentabilidad en el Congreso y potencial electoral, aunque al mismo tiempo lo estratifica y le quita sorpresa. Es un abordaje pragmático y entendible, pero que deberá atravesar el filtro del electorado. Esta convergencia tiene mucho de presente (Milei), algo de pasado (Macri) y un futuro que se angosta (baja de expectativas y ausencia de novedad).
En el peronismo el problema es más profundo, porque el PJ como partido aglutina visiones muy distintas que parecen incompatibles sin un debate más profundo. El desafío es mayúsculo porque es muy difícil recuperar atractivo frente a la sociedad sin un replanteo visible del último gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner y, sobre todo, sin la elaboración de un nuevo marco doctrinario que se adapte a una sociedad del siglo XXI. En este agrupamiento hay muchísimo pasado (Cristina, Massa, Máximo), algo de presente (Kicillof) y casi nada de futuro (el mensaje no pasa de ponerle un límite a Milei).
Sin embargo, el problema mayor para ambos espacios es que lucen alejados del clima social predominante. Es probable que alguno de los dos espacios se quede con el poder el año próximo, excepto que el electorado incube una nueva sorpresa. Pero eso no terminaría de resolver un problema de representación que se viene agravando profundamente. Las votaciones resuelven el dilema de quién va a gobernar, pero cada vez blindan menos al ganador.
Este déficit quedó retratado en un reciente estudio del Observatorio Pulsar de la UBA titulado “El ascenso del ningunismo”. La encuesta de 1252 casos nacionales arroja resultados muy interesantes: cuantifica que “el 42% no se identifica con ningún partido o espacio, el valor más alto desde 2023″. Y lo caracteriza: “Los ningunistas ya no constituyen una categoría residual compuesta exclusivamente por indecisos, apáticos o personas circunstancialmente desencantadas. Son el segmento más numeroso de la sociedad argentina y es transversal, porque esta postura atraviesa edades, géneros y niveles educativos diversos. Lo que sí distingue a este grupo es su menor interés por la política y una autoubicación ideológica menos polarizada que la del resto de la población”.
El estudio remarca que los “ningunistas” no son los herederos de la avenida del medio; constituyen un colectivo más complejo. “El centro político, en este contexto, no necesariamente expresa moderación programática ni una posición ideológica elaborada que combine elementos de izquierda y derecha. Probablemente funcione como una zona de refugio para quienes no quieren ubicarse dentro de las divisiones que propone el ecosistema político. El conjunto de los resultados del estudio abonan esta hipótesis: el punto medio de la escala ideológica no representa una posición equidistante entre izquierda y derecha sino un no lugar. Un espacio de tránsito o refugio que se ocupa pero no se habita, por el cual se circula pero no se pertenece”.
Este amplio sector está en una disonancia cognitiva y emocional con la dirigencia, porque no se percibe escuchada ni comprendida. Según el informe de Pulsar UBA, “no se reconoce en la oferta política actual y se siente huérfano de representación”. Mientras tanto, los líderes de los dos polos parecen empeñados en repetir viejas fórmulas, en un tablero que ya no responde a las mismas reglas. La pregunta que queda flotando es si el “ningunismo” seguirá creciendo y si, en algún momento, la política dejará de mirarse el ombligo para mirar a la sociedad.
Fuente: Lanacion
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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