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Día de Muertos en México: los cinco elementos que guían a las almas a casa

Flores de cempasúchil, velas, copal, agua y sal son las piezas centrales de los altares que las familias arman cada 1 y 2 de noviembre.

Redacción••3 min de lectura
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Día de Muertos en México: los cinco elementos que guían a las almas a casa

En México, el Día de Muertos se celebra cada 1 y 2 de noviembre con altares domésticos donde las familias colocan objetos destinados a guiar el regreso de las almas de sus seres queridos. El Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) documentó cinco piezas tradicionales con una función simbólica marcada: flores de cempasúchil, velas, copal, agua y sal.

Cada familia elige qué sumar a la ofrenda, pero esas cinco piezas aparecen de forma casi constante. A ellas se agregan alimentos, fotografías y objetos personales del fallecido.

Las flores de cempasúchil, de color anaranjado, cumplen la función de señalar el camino. Por su aroma y su tonalidad, la tradición indica que orientan a las almas hasta el altar. Lo habitual es distribuir sus pétalos desde la entrada de la casa hasta el lugar donde se montó la ofrenda.

Las velas y veladoras representan la luz, la fe y la esperanza. Sus llamas iluminan el recorrido de los espíritus para que encuentren el camino de regreso a sus antiguos hogares. Se encienden durante toda la jornada y se ubican en distintos puntos del altar.

El copal y el incienso aportan el humo que, según la creencia, purifica el ambiente. Se usan para alejar a los malos espíritus y permitir que las almas de los familiares fallecidos entren a la vivienda sin obstáculos.

El agua se coloca en un vaso o recipiente para aliviar la sed de las almas después del largo viaje desde el más allá. También simboliza la pureza y les permite recuperar fuerzas para el regreso.

La sal funciona como símbolo de purificación. De acuerdo con la creencia tradicional, protege a las almas de la corrupción durante el trayecto de ida y vuelta entre el mundo de los muertos y el de los vivos.

El lugar de las mascotas en la celebración

En México no solo se celebra el retorno de las almas de quienes fueron humanos. También se espera el regreso de los espíritus de los perros y gatos fallecidos que acompañaron a la familia en vida. Según la tradición, las mascotas son las primeras en llegar y las últimas en irse.

Esa presencia remite a la figura del xoloitzcuintle, el perro asociado con la cultura mexica. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) lo vincula con el tránsito de las almas al Mictlán, el mundo de los muertos.

El calendario de ofrendas escalona las visitas. En la madrugada del 27 de octubre se recibe a los espíritus de las mascotas fallecidas. Los días 28 y 29 están dedicados a las personas que murieron en accidentes, hechos violentos o circunstancias trágicas. El 30 se reserva para las almas olvidadas o sin familiares.

El 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, se conmemora a los niños fallecidos, y el 2 a los adultos. Al final de esa jornada se retiran todas las ofrendas.

La celebración combina prácticas prehispánicas con rituales católicos y se extendió más allá de México. En Argentina, las comunidades mexicanas y distintas instituciones culturales organizan actividades abiertas en esas fechas, aunque sin el despliegue de altares domésticos que caracteriza a la tradición original.

Por qué importa

La nota explica el armado de los altares y el calendario de ofrendas, una práctica cultural que trasciende lo religioso y se volvió símbolo de identidad mexicana. Ayuda a entender por qué cada objeto tiene una función específica.

Qué sigue

Las ofrendas comienzan a colocarse a fines de octubre: el 27 llegan las mascotas, el 28 y 29 las víctimas de hechos trágicos, el 30 las almas olvidadas, el 1 los niños y el 2 los adultos. Al cierre de esa jornada se retiran todos los objetos.

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