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Don Segundo Sombra cumple 100 años: el gaucho que Güiraldes volvió leyenda

La novela de Ricardo Güiraldes retrata los valores y la identidad del gaucho de comienzos del siglo XX y mantiene vigencia un siglo después.

Redacción4 min de lectura
Don Segundo Sombra: el personaje literario que reflejó la imagen más fiel del gaucho

Hace cien años se publicó Don Segundo Sombra, la novela de Ricardo Güiraldes que se convirtió en un éxito editorial y en un retrato de referencia del gaucho de comienzos del siglo XX. La obra muestra al gaucho tal como era en esa época, informa sobre lo que había sido en siglos anteriores y anticipa el porvenir de lo gaucho y del tradicionalismo. Un siglo después, su capacidad para reflejar los valores, la identidad y la dimensión humana de ese personaje arquetípico sigue intacta.

El libro es profundamente gauchesco y la exaltación del gaucho que contiene resulta monumental, sobre todo por venir de un escritor de una prosapia muy importante en los buenos tiempos argentinos. En sus páginas, las palabras gaucho y paisano aparecen como sinónimos, algo que para la época en que fue escrita constituye un mérito del autor.

Güiraldes se inspiró en el gaucho y, sobre todo, en Don Segundo Ramírez. De ahí la dedicatoria del libro, que comienza con un «A Ud., Don Segundo» y termina con una expresión de originalidad mística, patriótica y religiosa que anticipa la obra: «Al gaucho que llevo en mí, sacramente, como la custodia lleva la hostia».

Don Segundo Sombra es un caballero andante y responde a lo que se repite dos veces en el libro: «... mejor que hombre, gaucho». Esa condición de caballero llega al heroísmo. Se trata, además, de un paisano completo, en quien la palabra «Don» suena como un título. No encaja en él la expresión trabajador rural, insuficiente para describir a un hombre que es mucho más que eso.

Don Segundo, que no tenía más que lo puesto, sus caballos y su apero, se hace cargo de un chico de catorce años durante cinco años, en un constante andar de resero, y le ayuda a ganarse la vida trabajando en todo ese tiempo. No era joven para semejante carga. Es un gaucho superior, no uno más. Llega al extremo de ofrecer su apero tendido para que lo use un hombre en desgracia que necesitaba dormir, mientras él usa un cojinillo de almohada y duerme en el suelo.

Todo lo escrito en el libro, si bien es creación de Güiraldes, lo pudo haber hecho y vivido cualquier gaucho, empezando por Don Segundo Ramírez. De todos modos, se presenta un gaucho distinto, como dice un personaje al hablar de él: «... no me parece ser como cualquiera de los muchos que somos».

Hombre muy rudo, Don Segundo es de alma sensible. Cuando el muchacho Fabio Cáceres hereda una estancia de su padre, de lo que se entera llevando una tropa, los reseros siguen su camino y se separan del joven. En su angustia, Fabio le pregunta: «-¿Y usté?». El gaucho responde: «-Yo te acompaño».

El joven, de unos diecinueve o veinte años, pensaba que era un gaucho y que dejaría de serlo por ser rico. El drama del muchacho puede aplicarse por analogía a mucha gente de nuestros días. Entonces aparece una de las expresiones más humanas y consoladoras del libro, de la boca de un gaucho que usaba chiripá, prenda sin bolsillos: «Si sos gaucho de veras, no has de mudar, porque andequiera que vayas, irás con tu alma por delante como madrina ‘e tropilla».

Con el respeto y el afecto que el joven le tenía, y siendo el paisano ya de mucha edad, podría haberse quedado a pasar sus últimos años con su ahijado. Pero el ansia de camino, de pampa y de libertad era imposible de evitar. Así resistió el gaucho estar quieto en una estancia durante tres años, tiempo suficiente para que el joven patrón se adaptara a la nueva vida. Hasta en eso fue responsable.

Aunque el libro es accesible para todo el mundo, no cualquiera puede interpretarlo y entenderlo en su plenitud. Si el lector es de mentalidad urbana, su entendimiento se limita bastante. Si es consciente de eso, va por buen camino; si no lo es y se larga a opinar o criticar el libro, el hombre criollo debe tomarlo de quien viene. En esto es genial José Hernández: «Y al que me quiera enmendar / mucho tiene que saber; / tiene mucho que aprender / el que me sepa escuchar; / tiene mucho que rumiar / el que me quiera entender».

Ricardo Güiraldes se llama Ricardo en homenaje al médico que atendió su nacimiento, el Dr. Ricardo Gutiérrez, en cuyo honor el Hospital de Niños de la Ciudad de Buenos Aires lleva su nombre. El doctor fue muy importante para el fenómeno gaucho. Su intervención en el parto fue un presagio de lo que sería el niño. Cuando los restos de Güiraldes fueron sepultados, Don Segundo Ramírez estaba presente, con todo lo que eso significa y simboliza.

La despedida de Don Segundo Sombra de Fabio Cáceres es de una profundidad humana que merece el aplauso de todos los tiempos. Ambos, a caballo, en silencio, llegan a un lugar de despedida donde se dan la mano. Fabio queda mirando a Don Segundo hasta no verlo más por la distancia y, al retirarse del sitio, se lamenta. Así termina el libro: «Me fui como quien se desangra».

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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