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El dólar bajo presión: por qué los bancos centrales mueven su oro y qué hacer

Holanda y Francia retiraron lingotes de Nueva York mientras la deuda de EE.UU. ronda los 40 billones de dólares y crece la especulación con una licuación inflacionaria.

Redacción4 min de lectura
El dólar bajo sospecha: qué hacer si Estados Unidos empieza a licuar su deuda

Dos bancos centrales europeos decidieron en los últimos meses que su oro está mejor lejos de Estados Unidos. El banco central de Holanda trasladó 85 toneladas a las bóvedas del Banco de Inglaterra, 78 de ellas salidas de Nueva York, y su presidente, Olaf Sleijpen, justificó la medida por un entorno geopolítico volátil y la necesidad de movilizar rápido las reservas ante una crisis. El Banco de Francia había hecho algo equivalente meses antes, cuando vendió 129 toneladas depositadas en Nueva York y las reemplazó por lingotes guardados en su propia bóveda de París.

La señal no es menor para el ahorrista argentino, que durante décadas usó al dólar como refugio frente a la inflación local. La cuenta fiscal norteamericana muestra el problema de fondo: la deuda federal ronda los 40 billones de dólares y los intereses se comieron 931.000 millones en los primeros diez meses del año fiscal, un 11% más que en igual período anterior.

Ese peso convierte a los intereses en la tercera partida del presupuesto, detrás de la seguridad social y los gastos del sistema de salud. Frente a una carga así, los analistas financieros evalúan tres salidas: ajustar, crecer por encima de la tasa de interés, o licuar la deuda con inflación y una moneda que se deprecia despacio durante años.

La tercera alternativa tiene nombre técnico: represión financiera, es decir, sostener las tasas por debajo de la inflación para que el valor real de la deuda se derrita solo. Es la receta que Japón aplica desde hace tres décadas. Nadie la anuncia en conferencia de prensa, porque funciona como un impuesto que se cobra sin votarse.

El intento de ajuste en Estados Unidos arrancó en enero de 2025, cuando Trump creó el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) y puso a Elon Musk al frente con la promesa de recortar dos billones de dólares del gasto federal, cifra que él mismo bajó a un billón meses después. La resistencia burocrática resultó más dura que el mandato: Musk dejó Washington a fines de mayo de ese año, los recortes verificados quedaron muy por debajo de lo prometido y para noviembre el organismo ya no funcionaba como entidad centralizada.

Lo que vino después empujó en la dirección contraria. La entrada de Estados Unidos en la guerra con Irán aceleró el gasto militar justo cuando el déficit ya venía creciendo, y el presupuesto de abril de 2026 pidió 1,5 billones de dólares para defensa.

El mercado, por ahora, no convalida la licuación. En el corto plazo, la letra del Tesoro a tres meses rendía 3,98% contra una inflación interanual de 3,4% según el dato de julio, de modo que la tasa real quedó en apenas medio punto y cerca de cruzar a terreno negativo. En el largo plazo la película cambia, porque el precio lo pone el acreedor: el bono a diez años ajustado por inflación rendía 2,42% real, un nivel alto para los estándares de la última década.

La brecha contra el 4,94% del bono nominal a diez años muestra que el mercado espera una inflación promedio en torno al 2,52% anual durante la próxima década. Los acreedores siguen prestando, aunque exigen cobrarse por adelantado el riesgo de que la licuación llegue.

La diferencia con Japón es estructural. El país asiático pudo reprimir sus tasas durante treinta años porque su deuda estaba en manos de sus propios bancos, aseguradoras y ahorristas, un público cautivo que no se iba a ir a ningún lado. La deuda norteamericana, en cambio, está repartida entre bancos centrales extranjeros y fondos globales que pueden votar con los pies.

Donde sí se ve el fenómeno anticipado es en el oro, que cotizaba en torno a los 4.407 dólares la onza con una suba del 21% en doce meses, y en los bancos centrales, que compraron 289 toneladas en el segundo trimestre mientras el índice dólar apenas se movía.

Para el inversor de a pie, la cobertura se compra barata antes del evento y cara después. Entre las alternativas más accesibles aparecen el CEDEAR del ETF SPDR Gold Trust, que cotiza en la Bolsa de Buenos Aires bajo el ticker GLD y se compra en pesos desde una cuenta comitente local. También el oro tokenizado: PAXG es un token respaldado uno a uno por onzas de oro físico custodiadas en Londres, se consigue en los exchanges que operan en el país y se fracciona en porciones muy chicas.

La plata ofrece la misma lógica de cobertura con más volatilidad, a través del CEDEAR del iShares Silver Trust, ticker SLV, aunque carga un componente industrial que la ata al ciclo económico. Para quien tiene cuenta en un broker del exterior, el Harbor Commodity All-Weather Strategy ETF (HGER) replica un índice de materias primas seleccionadas por su sensibilidad a la inflación y cobra 0,68% anual.

Los bonos del Tesoro ajustados por inflación, los TIPS, parecen la cobertura perfecta, con una advertencia central: conviene evitar la duration excesiva. El escenario todavía no ocurrió, pero evaluar un porcentaje del portafolio de manera preventiva es una decisión que el mercado premia antes de que el fenómeno sea evidente.

Por qué importa

El dólar fue durante décadas el refugio del ahorrista argentino frente a la inflación local. Si Washington opta por licuar su deuda, esa moneda de refugio pierde poder adquisitivo por decisión de política económica y obliga a repensar la cartera.

Qué sigue

La mirada está puesta en los próximos datos de inflación de EE.UU. y en las decisiones de la Reserva Federal sobre la tasa de corto plazo, que definirán si la tasa real cruza a terreno negativo. También se seguirá el ritmo de compras de oro de los bancos centrales.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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