El Gobierno busca recuperar gobernabilidad y calmar a los mercados con gestos hacia la oposición
La reunión con enviados de Pro y el anuncio de créditos en dólares buscan despejar dudas sobre el rumbo económico y político.

La persistencia de las dificultades económicas para muchos argentinos, los tropiezos, yerros y excesos del Gobierno, el consecuente cambio de clima social y la recuperación relativa de las chances electorales del perokirchnerismo impactaron de lleno en el oficialismo. Y obligaron a una urgente reacción que está en curso.
La Casa Rosada, o mejor dicho, el ala política del Gobierno, advirtió las consecuencias que empezaba a generar la extendida percepción de que estaba encontrando serias dificultades para mantener bajo control la agenda política, que el escenario electoral con vistas a 2027 había empezado a mutar y que, por todo eso, los decisores económicos internos y externos adoptaban una actitud más cautelosa o menos entusiasta.
Ya se había consumido, sin señales de mejora a la vista, un bimestre de los 18 mejores meses prometidos por el ministro de Economía, Luis Caputo. Los brotes verdes otra vez se demoraban en asomar y la inusitada tolerancia y paciencia social frente al “ajuste más grande de la historia de la humanidad” empezó a consumirse antes de proveer suficientes satisfacciones generales. Aún cuando el rechazo al pasado mantuviera su arraigada vigencia.
Los números negativos de las encuestas, la vuelta al sendero ascendente de la inflación (el 2,1% de julio difundido ayer no fue nada oportuno), la evolución del riesgo país y las limitaciones crecientes que le fue imponiendo la política a la gestión mileísta, de la mano del cambiante humor social, se convirtieron en señales de alarma que se retroalimentaban peligrosa y aceleradamente.
La reactivación de la dinámica política, esperada para después de la finalización del Mundial de fútbol, se avivó en un sentido que el Gobierno no había previsto y que el oficialismo agravó con muchas de sus propias decisiones.
“Necesitamos recuperar gobernabilidad y despejar pronto el horizonte electoral un poco, que se enrareció antes de tiempo. Al menos, desde la construcción política, ya que en lo económico todavía no va a haber mejoras. No podemos perder tiempo. Mucho menos mientras el peronismo se envalentona, ve una ventana de oportunidad para recuperar aptitud electoral y empieza a moverse para tratar de ordenarse y convertirse en una alternativa para 2027. Eso espanta a los mercados y nos complica todavía más”, admitía en las últimas horas una alta fuente del Gabinete.
De esa toma de conciencia nacieron o se activaron tres acciones concretas. Primero, la reunión de anteayer del jefe de Gabinete, Diego Santilli, con los gobernadores del norte grande en Misiones. Luego, la comunicación entre la hermanísima Karina Milei y Mauricio Macri, que derivó en la reunión formal de ayer en la Casa Rosada con los enviados de Pro. Y, finalmente, la conferencia de prensa del ministro Caputo para anunciar la flexibilización para que los bancos puedan otorgar créditos en dólares a empresas que no son exportadoras.
Son medidas que en nada cambiarán, en lo inmediato, la vida cotidiana de la mayoría de los argentinos y que son ajenas a sus preocupaciones principales, pero que pueden darle algún orden y calma superestructurales que el Gobierno busca ofrecer casi con desesperación a los círculos rojos interno y externo.
Un escenario de menor incertidumbre y menos amenazas abiertas le reclaman a la administración mileísta inversores, empresarios y políticos que lo apoyan o coinciden con el rumbo económico y a los que, sobre todo, les hace parar los pelos un posible regreso del perokirchnerismo al poder. Experiencias concretas, intereses y prejuicios articulan una demanda que la administración de Javier Milei no está en condiciones de desoír. Menos en un momento de complicaciones y descenso del soporte social, como este.
La reunión con los gobernadores y la de ayer con los enviados de Mauricio Macri apuntaron por lo pronto a reconstruir las alianzas que el oficialismo articuló en el Congreso y le permitieron sacar leyes y reformas cruciales tanto para su gestión como para su narrativa política. Los últimos fracasos y magullones legislativos fueron duras lecciones que tuvieron repercusión interna y obligaron a un reordenamiento.
El encuentro de ayer en la Casa Rosada con lo que queda de Pro fue una muestra gratis de las dificultades que atraviesa el Gobierno, tanto como de las enormes fragilidades del submarino amarillo.
Por el lado del mileísmo, el hecho de que la hermanísima Karina se decidiera a ponerle cicatrizante a las heridas narcisistas que le había infligido a Mauricio Macri (a quien quiere mucho menos de lo que lo considera su hermano) expone el pragmatismo de la secretaria general y armadora política. También, resalta cuánto conocen las zonas blandas del fundador del Pro sus antiguos discípulos devenidos libertarios.
Al mismo tiempo, ese gesto del oficialismo es una admisión del riesgo que implica cualquier fuga de apoyos parlamentarios en este momento y los atisbos de una construcción electoral alternativa del macrismo, capaz de llevarse una parte del voto del centro a la derecha. Las encuestas que hoy da por buenas el Gobierno y que no lo permiten confiar en un triunfo en la primera vuelta presidencial inquietan por igual adentro de la Casa Rosada y a los que apuestan al modelo económico en curso. Hasta el mínimo porcentaje que se pierda puede resultar letal.
Por el lado del macrismo, el envío como embajador del alter ego de Mauricio Macri, Fernando de Andreis, y a Cristian Ritondo, socio y compinche de Santilli desde hace tres décadas, deja al descubierto sus limitaciones para asegurarse la supervivencia política sin el andador mileísta, tanto como la predisposición a encontrar un acuerdo electoral y renovar su carnet de donante sano de gobernabilidad a cambio de preservar algunos territorios, muy especialmente, el bastión porteño.
Nada de eso por ahora esté garantizado, a pesar de la muy acrítica afirmación de Macri, en la previa de la reunión, acerca de que comparte la visión de país con el mileísmo. Un baldazo de agua fría para los tibios intentos de diferenciación de Hernán Lacunza, que acababa de lanzar su precandidatura presidencial con el beneplácito del fundador del partido. La construcción de herederos del poder no figura como atributo en el ADN macrista. Ya se sabe, pero por las dudas él se encarga de ratificarlo cuando se presenta la ocasión. A Jorge Macri también le sobran razones para temer y desconfiar.
“Como dijo Mauricio, estamos dispuestos a blindar el cambio. Así que nuestra prioridad es que no vuelva el peronismo”, reconoció uno de los embajadores macristas antes de la reunión. La premisa implica la aceptación de un rol subordinado en la construcción electoral, pero también la posibilidad de conservar algunos territorios clave.
Fuente: Lanacion
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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