Cultura

El Moderno inaugura dos muestras que exploran el futuro entre bosques imaginarios y la IA

Las exposiciones 'Bosques umbral' y 'Luis Camnitzer: Todo por aprender' integran el programa por el 70 aniversario del museo.

Redacción4 min de lectura
Cómo seguir habitando el futuro, entre bosques imaginarios y fantasmas

El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires inauguró dos exposiciones que invitan a pensar el futuro desde la tecnología y el conocimiento. Las muestras forman parte del programa anual por el 70 aniversario de la institución y proponen una mirada crítica sobre la relación entre arte, inteligencia artificial y memoria.

Se trata de Bosques umbral y Luis Camnitzer: Todo por aprender. La resurrección de Simón Rodríguez, dos exhibiciones que coinciden en un eje clave: no se acercan a la tecnología desde la fascinación ingenua ni desde una mirada apocalíptica, sino que la convierten en territorio de interrogación.

En Bosques umbral, curada por Nicolás Cuello, participan Gala Berger, Flavia Da Rin, Lulo Demarco, Alejandra Mizrahi, Toni Morales, Eva Moro Cafiero, Yhomara Muñoz y Jimena Travaglio. La exposición propone el bosque como metáfora de la conectividad: una red de relaciones, intercambios e interdependencias capaces de inspirar otras formas de organización.

Para Cuello, el bosque no sólo se refiere al impacto que tienen los ecosistemas en los modos de imaginación artística, sino a la manera en que pueden inspirar formas de conectividad, circulación de la información y producción de comunidad. Aquí la tecnología no aparece como una sucesión de nuevos dispositivos: incluye el tejido, el telar, el diseño, la construcción colectiva, el reciclaje y las formas ancestrales de producir imágenes y transmitir saberes.

Una de las operaciones centrales de la muestra es desarmar la idea de que tecnología equivale exclusivamente a industria, velocidad y dispositivos electrónicos. En esa línea se encuentra el trabajo de Eva Moro Cafiero, artista y activista ambiental de La Plata. Sus esculturas nacen de desechos tecnológicos: pantallas de tablets y disipadores de computadoras, entre otros. La artista los desmonta para descubrir sus posibilidades estéticas y convertirlos en criaturas fantásticas.

Cafiero aprendió buena parte de esos procedimientos mediante tutoriales de YouTube y el intercambio con agrupaciones dedicadas a recuperar y reparar dispositivos. “La tecnología no es una nube etérea”, plantea la artista.

Por su parte, Jimena Travaglio trabaja sobre la tensión entre la aceleración digital y el tiempo del cuerpo. Sus textiles reproducen patrones y glitches propios de las imágenes digitales, pero son realizados lentamente, a mano, durante años. En Montaña insomne, una pieza de gran formato, toma como referencia los diseños de las placas madre de las computadoras. La imagen digital, aparentemente intangible, adquiere peso, superficie y tiempo.

La muestra se completa con Flavia Da Rin y La epopeya de la crisálida, un video producido en 2019 y recientemente incorporado al patrimonio del Moderno. Una oruga deambula por distintos mundos y se encuentra con personajes interpretados por la propia artista. La crisálida se convierte en un umbral entre identidades, tiempos y estados. Ese concepto es el ADN de toda la exposición: el umbral no es una frontera rígida, sino un espacio de potente transformación.

En la segunda muestra, Luis Camnitzer, figura fundamental del conceptualismo latinoamericano, recupera la figura de Simón Rodríguez, filósofo y pedagogo venezolano del siglo XIX, como una suerte de amigo intelectual. La exposición, al cuidado de Alfredo Aracil, se pregunta qué ocurre con nuestra capacidad de pensar cuando una máquina puede producir textos, imágenes y respuestas a una velocidad inigualable.

Rodríguez entendía la educación como una herramienta para formar sujetos capaces de gobernarse a sí mismos. No se trataba simplemente de transmitir conocimientos, sino de crear condiciones para que las comunidades pudieran pensar y actuar con autonomía. Camnitzer encontró en él, desde los años ochenta, un antecedente decisivo para pensar el conceptualismo latinoamericano como una práctica vinculada con la comunicación, la participación y la transformación social.

Para Camnitzer, leer es resucitar ideas. El pasado no es un depósito de respuestas, sino un conjunto de pensamientos que pueden volver a entrar en circulación cuando se los enfrenta con los problemas del presente. En la muestra, utiliza herramientas de inteligencia artificial para construir diálogos ficcionales entre Rodríguez y otros pensadores y artistas, entre ellos Bell Hooks, Frantz Fanon, Ivan Illich, María Montessori, Lygia Clark y las hermanas Cossettini. También conversa con la inteligencia artificial Claude acerca del papel de los artistas en una época signada por la IA.

La pregunta no es si la inteligencia artificial va a reemplazar al artista. Es más incómoda: ¿qué sucedería si empezáramos a delegarle nuestra capacidad de imaginar? Ambas exposiciones pueden visitarse en el museo, ubicado en Avenida San Juan 350, con entrada general de $2000 y gratis los miércoles.

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