Religión

El papa León XIV reunió a 800.000 fieles en los Campos Elíseos y convirtió París en una iglesia al aire libre

En la segunda jornada de su visita a Francia, el pontífice celebró una misa multitudinaria frente al obelisco de la Concordia y visitó un centro para exiliados.

Redacción••3 min de lectura
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Frente a una multitud, el papa León XIV convirtió los Campos Elíseos en una inmensa iglesia al aire libre

PARÍS.– Cerca de 800.000 personas se congregaron este sábado a lo largo de casi dos kilómetros de los Campos Elíseos, desde la plaza de la Concordia hasta el Arco del Triunfo, para participar de la misa que el papa León XIV celebró en el centro de París. La avenida, una de las más famosas del mundo, se transformó durante la ceremonia en una iglesia al aire libre, en la segunda jornada de su visita a Francia.

El pontífice recorrió el trayecto en el papamóvil blanco, de pie y saludando a la multitud, que lo esperaba desde el amanecer con banderas del Vaticano y estandartes regionales. La jornada había comenzado la noche anterior en el Stade de France, en Saint-Denis, donde 80.000 jóvenes lo recibieron con cantos y ovaciones.

Ante los jóvenes, León XIV pronunció un mensaje diseñado para ellos. "Es la verdad la que los hará libres", afirmó, y distinguió la libertad auténtica de aquella, ilusoria, que prometen el consumismo y el ruido del mundo. Sostuvo que "el Señor llama a cada uno por su nombre" y los invitó a no temer al silencio desde donde se escucha ese llamado.

A quienes dudan ante el sacerdocio o la vida consagrada les dirigió un llamado al valor y recordó que la Iglesia de Francia "los necesita". Invocó a Juana de Arco, Marcel Callo y Teresa de Lisieux para proponer tres verbos: huir del mal, perseguir la virtud y participar en el buen combate.

Antes de la misa, el Papa visitó la Maison Bakhita, al noreste de París, donde cada día unos 150 exiliados encuentran reposo, alimento y consuelo sin que se les pidan documentos. Cuarenta de ellos, entre refugiados afganos, supervivientes de la trata y voluntarios, pudieron conocerlo en persona.

"Los pobres no son una categoría sociológica, son la carne misma de Cristo", afirmó. Desde allí llamó a "liberar a quienes la economía y la cultura esclavizan" y a "honrar la dignidad infinita" de cada persona acogida. Una frase conmovió a los presentes: "Nadie es tan pobre que no tenga nada que dar. Nadie es tan rico que no tenga nada que recibir".

El gesto resonó en el contexto de un tenso debate migratorio en Francia y a siete meses de las elecciones presidenciales. El pontífice elogió el papel de las mujeres que, según dijo, construyen "una civilización del amor", e invitó a "ver lo invisible", a aquellos con quienes la ciudad se cruza sin mirarlos.

Más tarde se dirigió al Instituto Católico de París, donde lo esperaban miembros de la asamblea sinodal, catecúmenos y jóvenes recién bautizados. Ante una Francia que se dice secularizada, se mostró maravillado: "El número de personas que se presentan hoy ante el umbral de la fe constituye un tesoro para la Iglesia de Francia y para la Iglesia universal", aseguró.

Vio en esa afluencia "una oportunidad y una misión": renovar el camino de fe de los fieles de siempre y convertir a los recién llegados en "misioneros del Evangelio en esta sociedad". Comparó ese impulso con la semilla de fe de San Agustín y advirtió sobre el "vacío post-bautismal" que acecha a quienes son abandonados tras el sacramento.

La seguridad de la ceremonia estuvo a cargo de 12.000 policías, gendarmes y militares, con francotiradores apostados en los techos de la Asamblea Nacional. Otros 12.000 voluntarios la prepararon. Durante la comunión se desplegaron 3.000 sombrillas blancas y se consumieron unas 500.000 hostias, "una tonelada de ellas", según confirmó un responsable.

En los Campos Elíseos, el papamóvil avanzó entre una lluvia de vítores, manos extendidas y teléfonos en alto como pequeñas linternas. Lo que dominó en la plaza fue la alegría y no la tensión.

Por qué importa

La visita pone al Papa en el centro del debate migratorio francés a siete meses de las presidenciales, con un gesto deliberado hacia los más vulnerables y un mensaje directo a los jóvenes creyentes.

Qué sigue

Resta conocer el resto de la agenda del pontífice en Francia y si sus declaraciones sobre migración y laicismo repercuten en la campaña electoral francesa.

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