Estudiantes de la UBA construyeron un auto de carrera y compitieron en Brasil
Ocho estudiantes de la FIUBA armaron desde cero el Suipacha 901, un vehículo con la bandera argentina y las Malvinas que representó al país en la Fórmula SAE.

Ocho estudiantes de la Universidad de Buenos Aires (UBA) construyeron desde cero un auto de carrera y lo llevaron a competir en Brasil en la Fórmula SAE, una competencia universitaria de ingeniería. El proyecto nació a fines de 2022 y hoy reúne a alrededor de 50 estudiantes de distintas facultades, que ya trabajan en una segunda versión del vehículo.
El primer auto se llama Suipacha 901 y quedó en el puesto 25 entre 42 participantes. El equipo, conocido como FIUBA Racing Team, no tenía experiencia previa, ni un vehículo sobre el cual trabajar, ni un taller propio.
La historia fue una de las protagonistas del Summit de Real Movilidad, donde Santiago Rojo, Felipe Seybold y Romeo Cabello Alberti contaron cómo transformaron una idea entre amigos en un proyecto que representa al país en el exterior.
“El proyecto arrancó en 2022, cuando el actual presidente del equipo se enteró de que existía una competencia muy importante en Brasil y vio que había una posibilidad de armar un auto. Se juntó con un par de amigos fierreros y dijeron: ‘Vamos, si lo hacemos somos la primera universidad pública en hacerlo’”, recordó Cabello Alberti, estudiante de Imagen y Sonido de la FADU.
Lo que siguió fue menos sencillo que la intención: había que convertir la idea en un proyecto universitario, sumar estudiantes, conseguir el respaldo de la facultad, encontrar financiamiento y construir un vehículo que solo existía en sus cabezas.
“Empezaron a cranear, a juntar gente, a institucionalizar el proyecto y, una vez conseguido el aval de la universidad, comenzamos a trabajar. Se sumó más gente, nos dieron un taller que renovamos y hoy el espacio está espectacular”, contó Cabello Alberti.
El equipo necesitó cerca de dos años para atravesar el proceso de diseño. Después vinieron diez meses de construcción hasta completar el primer auto y viajar a Brasil para participar de la competencia universitaria de ingeniería.
“Tuvimos que abrirnos a otras disciplinas y a otras facultades. Hay gente de electrónica, civil, informática, mecánica y también de diseño para el área de comunicación”, señaló Seybold, estudiante de Ingeniería Mecánica.
Construir un vehículo desde cero significó que cada decisión debía discutirse entre las diferentes áreas. “Requiere mucha organización porque el diseño tiene que ser compatible entre todos. Hubo muchas reuniones a la noche y mucho tiempo dedicado”, explicó Rojo.
El adversario común fue el reloj. “Creo que lo más difícil es trabajar cuando te corre el tiempo. El año pasado, para llegar a julio, tuvimos que apurarnos un montón. Pasamos madrugadas en la facultad”, recordó Seybold. “Respondimos bien ante esa presión, supimos organizarnos y después llevar el auto hasta Brasil en un tráiler”, agregó.
“El camino fue complicado porque no teníamos un auto y tampoco teníamos tanto respaldo para asegurarles a la facultad y a los sponsors que íbamos a llegar”, relató Cabello Alberti. La fórmula fue avanzar paso por paso: “Fue mucha paciencia, mucho ir a buscar, tener reuniones y demostrar entrega tras entrega que el auto avanzaba. De a poco se empezaron a sumar sponsors hasta que llegaron los más importantes y pudimos alcanzar el resultado”.
El nombre del primer vehículo nació casi de casualidad. “Cuando estábamos limpiando el taller encontramos un cartel de la calle Suipacha, del 900 al 1000”, contó Cabello Alberti. Después investigaron el origen: “Suipacha significa algo como ‘tierra arrasada’ o ‘tierra del diablo’ y nos daba esa idea de fuego, de carrera y decidimos ponerle de esa forma al auto”.
El número también tiene su explicación: “Nos gustaba pensar que los autos fueran del 901 al 1000. Que el equipo no fuera algo de una sola vez, sino que perdure; que el taller quede para los chicos del futuro, que queden las herramientas y que el 901 pueda seguir sirviendo para probar cosas y aprender a manejar”. Mientras el Suipacha 901 queda como el primer capítulo, el equipo trabaja en el Suipacha 902.
Aunque la competencia establece especificaciones técnicas sobre dimensiones, estructuras, curvas y tamaños de las barras, el equipo tuvo margen para imprimirle una identidad propia al vehículo. “Fue un diseño nuestro. La competencia exige muchas normativas y eso de alguna manera nos ordenó para terminar el auto, pero después le dimos nuestro toque con los colores, el ploteo y al ser el único auto argentino, queríamos que estuviera representada nuestra identidad. Sentíamos que era nuestro deber poner las Malvinas, la bandera y toda la simbología de la UBA que nos representa”, afirmó Cabello Alberti.
“Muchos autos de la competencia tienen frases motivacionales escritas por los integrantes. Nosotros decidimos poner la bandera porque queríamos que cuando lo vieran desde atrás dijeran: ‘Ese es el auto de los argentinos’. Y fue un éxito rotundo”, recordó.
La competencia terminó con el equipo argentino en el puesto 25 entre 42 participantes. Para ellos, el resultado numérico fue apenas una parte del aprendizaje. “Recogimos muchas cosas de esta competencia que tenemos que mejorar y que no hubiésemos podido saber si no competíamos. Ya nos estamos preparando para la próxima”, señaló Rojo.
Por qué importa
El proyecto muestra que estudiantes de una universidad pública pueden diseñar, financiar y fabricar un vehículo de competición sin experiencia previa, y representar al país en una competencia internacional de ingeniería.
Qué sigue
El equipo ya trabaja en el Suipacha 902 y se prepara para la próxima edición de la Fórmula SAE, con las mejoras que surgieron de su primera experiencia en Brasil.
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