Etiquetas que limitan: cómo la identidad puede ser una historia en construcción
La experta en RTT Paula Echeverría explica cómo las definiciones rígidas sobre uno mismo condicionan la vida y propone reemplazarlas por descripciones flexibles.

“Soy lo que soy”, cantaba Sandra Mihanovich, y la frase se convirtió en un himno. Pero, más allá de la canción, las definiciones sobre lo que creemos que somos pueden fijar y limitar nuestra mente y nuestro accionar.
Desde chicos, construimos una historia sobre quiénes somos a partir de lo que vivimos, de lo que nos dicen los demás y de las experiencias que nos marcaron. Esa historia nos ayuda a ordenar el mundo y a reconocernos, pero también puede convertirse en una jaula cuando dejamos de pensarla como un relato que cambia y empezamos a verla como una definición permanente y estática.
No es extraño que usemos ciertas características para presentarnos: “soy asmático”, “soy gordo”, “soy ansioso”. En apariencia, describimos una condición, pero hay una diferencia importante entre decir “tengo asma” y decir “soy asmático”. En el primer caso, hablamos de algo que nos sucede; en el segundo, transformamos ese rasgo en parte de nuestra identidad.
El cerebro necesita construir cierta continuidad. Necesitamos sentir que seguimos siendo la misma persona aunque pase el tiempo. Para lograrlo, seleccionamos características, recuerdos y experiencias que encajen con la historia que contamos sobre nosotros mismos. El problema aparece cuando esa historia se vuelve demasiado rígida y limita la posibilidad de cambio.
El lenguaje tiene un papel central en ese proceso. No es lo mismo pensar “voy al baño cada dos días” que “soy constipado”; “tengo sobrepeso” que “soy gordo”; “atravieso una etapa de ansiedad” que “soy ansioso”. Las primeras formulaciones describen situaciones que pueden cambiar; las segundas parecen definir una esencia y terminamos creyéndolas.
Cuando una característica pasa a formar parte de la identidad, también puede modificar las expectativas. Si alguien piensa que “es sedentario”, probablemente evite oportunidades de hacer actividad física porque “el ejercicio no es para mí”. Si alguien piensa “soy asmático”, puede evitar ciertas actividades por anticipar que no podrá hacerlas. Definirse por una enfermedad o dificultad puede llevar a incorporar las limitaciones asociadas a esa etiqueta.
Algo similar ocurre con las etiquetas que recibimos de otros. Un chico al que durante años le dicen que es distraído o tímido puede terminar incorporando esa descripción a su propia narrativa. No porque la etiqueta sea necesariamente falsa, sino porque, repetida suficientes veces, se convierte en una explicación anticipada de lo que hará, de lo que no hará y de lo que los demás esperan de él.
Esto no significa negar la realidad ni pretender que todo depende de la voluntad. Tener asma, migrañas o cualquier otra condición concreta puede implicar limitaciones reales y requerir tratamientos y cuidados específicos. El punto es que una condición no necesariamente tiene que convertirse en la totalidad de una persona.
También en otros ámbitos hacemos esto. Decimos “soy periodista”, “soy emprendedor”, “soy malo para vender”. Las profesiones y habilidades pueden formar parte de la identidad, pero tampoco son inmutables. Cambiamos de trabajo, aprendemos, perdemos capacidades, desarrollamos otras y atravesamos etapas que muchas veces no se parecen entre sí.
Una de las claves para vivir con mayor flexibilidad es empezar a reemplazar algunas definiciones por descripciones. En lugar de preguntarnos “¿cómo soy?”, podemos preguntarnos “¿qué me está pasando?”, “¿qué hago habitualmente?”, “¿qué aprendí hasta ahora?” o “¿qué quiero modificar?”. Son preguntas menos cómodas porque no ofrecen una respuesta definitiva, pero justamente por eso dejan espacio para el cambio.
La identidad no tiene por qué ser una sentencia. Ayuda a anclarnos, pero a la vez puede ser una historia en construcción. Reconocerlo no implica desconocer quiénes somos, sino aceptar que siempre hay una parte de nosotros que todavía no conocemos. Paula Echeverría, experta en RTT, profundizará sobre este tema en el Bienestar Fest, que se realizará el 24 de octubre.
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