Sociedad

Expertos: el envejecimiento poblacional en Argentina es inevitable e irreversible

Especialistas y funcionarios coinciden en que la transición demográfica no tiene vuelta atrás y piden adecuar la prevención y las prestaciones.

Redacción4 min de lectura
Advertencia de expertos: el envejecimiento poblacional en el país ya es “inevitable” e “irreversible”

La transición demográfica en la Argentina, impulsada por el aumento de la expectativa de vida y la caída de la natalidad, ya es inevitable e irreversible, según coincidieron especialistas y funcionarios en un encuentro realizado en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad del Salvador (USAL). “La pregunta no es si la Argentina va a envejecer. Ya lo hizo”, afirmaron durante las presentaciones.

El mes pasado, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) y el Ministerio de Salud nacional presentaron un informe conjunto sobre el “rápido envejecimiento poblacional”, que compara las pirámides poblacionales de 2010, 2022 y su tendencia para la próxima década y media. El documento advierte que la base de la pirámide se reduce por la caída de la fecundidad, se estrechan los grupos más jóvenes y crece la participación de los adultos mayores, una tendencia que se profundizará hacia 2040.

El proceso avanza a distinto ritmo según la región. En la ciudad de Buenos Aires, los mayores de 65 años ya superan a los menores de 15, mientras que en el centro del país (Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, La Pampa y Mendoza) hay entre 45 y 60 adultos mayores por cada 100 menores de 15. En el norte y la Patagonia, la proporción de chicos y jóvenes aún es alta en comparación con el resto del país.

Incluso con un leve repunte de los nacimientos hacia mediados de la década de 2030, la tasa global de fecundidad para 2040 sería de 1,4 hijos por mujer. “Aun con cierta recuperación, es muy improbable que vuelva a alcanzar el nivel de reemplazo generacional”, pronosticó el informe oficial.

Mabel Bianco, presidenta de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM) y directora para la región de la Federación Internacional sobre el Envejecimiento, sostuvo que “el cambio demográfico empezó hace décadas” y que, con la caída de la fecundidad, “es irreversible”. “Esto no tiene vuelta atrás”, agregó, al señalar que las mujeres acceden a más educación, aumentó su inserción profesional y postergan la maternidad.

Santiago Poy, sociólogo e investigador del Conicet, opinó que “vamos, definitivamente, a una sociedad con menos hijos por adulto” y propuso “cómo transformar este cambio en algo positivo”. Laura Cordero, subsecretaria de Atención Hospitalaria del Ministerio de Salud porteño, presentó la respuesta de la Ciudad a esta “realidad inevitable” con una adaptación de los servicios de salud, que incluye la reconversión de áreas maternoinfantiles y el refuerzo de cuidados críticos.

Desde lo político, Clara Muzzio, vicejefa de gobierno porteña, señaló que la Ciudad está relevando los factores detrás de la caída abrupta de los nacimientos para definir medidas de acompañamiento a las parejas que quieran ser padres. “La economía no explica todo”, opinó. Las porteñas tienen su primer hijo a los 32 años, en promedio.

En la jornada, Mario Glanc, director académico del Instituto de Política, Economía y Gestión en Salud (Ipegsa), presentó un ejercicio con una herramienta de predicción demográfica que ubicó alrededor de 2050 el cruce entre la caída de los nacimientos y el aumento de las defunciones. “Esto es un problema muy importante desde lo previsional y, sobre todo, para los sistemas contributivos como el argentino”, resaltó. En 20 años, los mayores de 65 superarían en número a los menores de 15.

Carlos Regazzoni, director del Instituto de Salud Global de la Universidad Kennedy y exdirector ejecutivo del PAMI, coincidió y llamó la atención sobre un dato: “Más de la mitad de los chicos que están hoy en un aula de primer grado va a celebrar el Año Nuevo en 2100. Es urgente, por lo tanto, que le prestemos atención como país a la transición demográfica”.

Bianco, a sus 85 años, insistió en que “la vejez no es una enfermedad” y demandó políticas públicas para una población que todavía trabaja, cría nietos y requiere nuevos cuidados. “No todo lo puede hacer el Estado –dijo–. Pero es el Estado el responsable de diseñar políticas públicas y controlarlas”.

Envejecer, además, es “carísimo”, había dicho Regazzoni, al señalar que a partir de los 60 años el gasto más alto es en salud, no solo en medicamentos sino también en anteojos, audífonos, dentadura postiza, cirugía de cataratas o reemplazo de cadera. Germán de la Llave, médico geriatra, consideró clave “reconfigurar” el sistema de atención en ese escenario.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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