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Fuegos artificiales: cómo es la simulación que muestra lo que sufren los perros

Un audio recrea la hipersensibilidad auditiva de las mascotas ante las explosiones, que provoca pánico, huidas y hasta casos fatales.

Redacción••3 min de lectura
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Fuegos artificiales: cómo es la simulación que muestra lo que sufren los perros

Una simulación de audio difundida en las últimas semanas permite a los humanos experimentar, de forma aproximada, lo que sienten los perros cuando explota pirotecnia. El ejercicio se apoya en un dato biológico: la audición canina es cuatro veces más sensible que la humana y alcanza frecuencias que las personas no perciben. El resultado, según los especialistas, es un estado de pánico que en muchos casos termina en fugas y accidentes.

La clave está en la anatomía del oído del perro, capaz de detectar sonidos a grandes distancias. Eso convierte una celebración lejana en una amenaza que parece inminente para el animal. Chris Maxted, director de la firma Dog-G8, explicó el fenómeno: “Los perros experimentan los fuegos artificiales de forma muy diferente a los humanos porque su oído es mucho más sensible”.

El problema se agrava porque el perro desconoce el origen y la periodicidad de los estallidos. Sin poder anticipar cuándo llega el próximo golpe, no logra adaptarse. Esa percepción amplificada de los ruidos y de las vibraciones de baja frecuencia lo deja en un estado de vulnerabilidad que se repite en cada festividad, ya sea Navidad, Año Nuevo o un festejo deportivo.

Los números reflejan el impacto. The Kennel Club informó que los reportes de mascotas extraviadas aumentaron un 81% durante la temporada de fuegos artificiales de 2023. Además, el 13% de los dueños confirmó intentos de huida de sus perros por el miedo. Los desenlaces más graves incluyen el caso registrado en 2024 de una perra que murió tras sufrir un ictus provocado por el pánico y el de un animal atropellado después de escapar de su casa.

El estrés canino tiene señales reconocibles: jadeos intensos, bostezos frecuentes, agitación y desplazamientos erráticos por el hogar. Frente a eso, los veterinarios recomiendan armar un refugio seguro dentro de la vivienda, usar música para tapar los ruidos externos y cerrar las cortinas. También conviene anticipar los paseos diarios para que el animal no esté al aire libre en las horas de mayor actividad pirotécnica.

Otra herramienta es la desensibilización gradual con grabaciones a bajo volumen, siempre antes de las fechas críticas. Ofrecer golosinas o juguetes masticables ayuda a distraer al perro del ruido, y los especialistas aconsejan alimentarlo temprano, porque el miedo bloquea el apetito. La recomendación central es mantener a los animales dentro de las casas y evitar llevarlos a espectáculos públicos de fuegos artificiales.

Revisar los datos del microchip aparece como un paso práctico frente a una fuga imprevista: si el perro escapa, esa información facilita el reencuentro. La comprensión de esta sensibilidad auditiva cambia la forma en que los dueños deben cuidar a sus mascotas durante las noches de festejo, cuando el vínculo con su humano de referencia también pesa en cómo reacciona el animal ante el encierro.

El reclamo social por medidas restrictivas sobre la venta de pirotecnia gana terreno a medida que se conocen estos casos. Para los propietarios, la prevención antes de cada estallido inesperado sigue siendo la herramienta más efectiva para proteger el bienestar del perro.

Por qué importa

Cada fiesta con pirotecnia expone a los perros a un estrés extremo que puede terminar en fugas, atropellos o muertes. Entender su audición permite a los dueños tomar recaudos concretos y alimenta el reclamo por restringir la venta de fuegos artificiales.

Qué sigue

El debate por las restricciones a la pirotecnia seguirá en las próximas temporadas de fiestas, mientras los especialistas insisten en la prevención previa y en el uso del microchip para recuperar animales perdidos.

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