Salud Sexual

Guardó su diagnóstico de VIH durante 20 años y ahora cuenta por qué decidió hablar

Marcela Canelo, oriunda de Marcos Paz, reveló en un libro autobiográfico el secreto que mantuvo oculto desde los 31 años para no incomodar a su entorno.

Redacción••2 min de lectura
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Marcela Canelo tenía 31 años cuando un test Elisa confirmó que vivía con VIH. Estaba en el Policlínico Bancario, el mismo hospital donde había nacido. Durante las dos décadas siguientes, esa información quedó fuera del alcance de sus padres, familiares y amigos. Solo su marido y su equipo médico y terapéutico la conocían.

Hoy, con el medio siglo ya cumplido, Canelo decidió romper el silencio y publicó La noche que el diablo me desnudó, una novela autobiográfica con rasgos de autoficción y realismo mágico. El libro, editado por De los Cuatro Vientos, pone por escrito lo que ella misma mantuvo callado durante años.

“Quiero que mis hijos puedan contarme sus dolores, sus dificultades y sus penas; que sepan que no tienen que esconder lo que les pasa para cuidar a los demás y menos a sus padres”, aseguró Canelo. La maternidad fue el punto de quiebre: no quería transmitirles el mandato de aguantar y callar lo que duele.

El cuerpo, dice, le pasó factura antes de que pudiera hablar. Su columna le dolía, una hernia de hiato le gritaba desde el estómago. “El cuerpo siempre habla, los secretos, tarde o temprano, encuentran alguna forma de manifestarse”, sostuvo. Durante años sostuvo una fachada de familia feliz, con mentiras que el entorno aceptó sin preguntar.

Canelo se define como mujer, heterosexual, católica devota, casada y leal, con un pasado sexual acotado. Ese perfil no coincidía con el estigma que la sociedad asocia al virus. “El VIH está directamente relacionado con la sexualidad, y estoy convencida de que la sexualidad sigue siendo uno de los grandes tabúes de nuestra sociedad”, afirmó.

“Miles de años de represión y de miedo dejaron una huella muy profunda sobre nuestros cuerpos y nuestras experiencias sexuales”, remarcó la autora. Para ella, algunos diagnósticos funcionan como nuevas formas de reprimir y son usados para juzgar y controlar algo tan humano como la libertad.

Para liberar el secreto, Canelo volvió a Marcos Paz, el pueblo que había dejado atrás para empezar de nuevo en la ciudad de Buenos Aires. Allí estaba el origen de otro secreto anterior al diagnóstico: una infancia marcada por la violencia, donde una niña aprendió a reprimir sus emociones y a medir el ánimo de su entorno para no despertar al dragón dentro de su casa.

Ese regreso al origen fue, según su testimonio, la condición para desarmar la esclavitud que había construido a base de silencio. La novela recoge ese recorrido con una prosa que mezcla el dolor con imágenes del realismo mágico.

Por qué importa

Su testimonio expone cómo el estigma social alrededor del VIH sigue empujando a muchas personas a callar durante años, incluso cuando el avance médico permite vivir con el virus. El silencio, sostiene, también enferma.

Qué sigue

La novela ya está en circulación y la autora participa de presentaciones y entrevistas. El debate sobre el estigma del VIH y la salud mental de quienes lo portan sigue abierto en Argentina.

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