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Harry Styles, una cola interminable y una librera de 72 años arrestada en Nueva York

El pop-up del cantante británico en el East Village chocó con Bonnie Slotnick Cookbooks, un local de libros de cocina usados que resiste a duras penas en Manhattan

Redacción••2 min de lectura
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La batalla de Harry Styles y la pequeña librería

Una cola frente a un local de ropa desató un conflicto insólito en el East Village de Nueva York. Un pop-up de merchandising de Harry Styles, abierto mientras el cantante británico hace una residencia en el Madison Square Garden hasta noviembre, convive a pocos metros con Bonnie Slotnick Cookbooks, una librería especializada en libros de cocina usados que lleva casi tres décadas en el barrio. La tensión entre los visitantes del local efímero y la rutina de la librería terminó con su dueña, de 72 años, arrestada.

El episodio ocurrió un viernes, cuando la fila del pop-up se extendió hasta la entrada del sótano donde Bonnie Slotnick suele atar su bicicleta. Según su propio relato, le pidió varias veces a una mujer que se corriera, empezaron los insultos y, mientras sujetaba la llave de su candado, hizo un gesto hacia ella con la mano. Alguien llamó a la policía y la librera terminó detenida, con una repercusión mediática inmediata.

Slotnick no vende solo libros de cocina. Los busca, los recuerda y sabe quién quería cuál. Puede llamar a un cliente mucho tiempo después para avisarle que apareció ese volumen que llevaba años buscando. The New Yorker le dedicó un perfil emotivo hace dos años y Ruth Reichl, una de las grandes figuras de la gastronomía estadounidense, se declaró fanática de su trabajo.

“La gente hace cola para yogur, un bagel o el último pancake house de moda”, dijo Morgan.

El dueño del espacio que alberga el pop-up se llama Willard Morgan, tiene una edad similar a la de Slotnick y tampoco parece un fanático del cantante. En una entrevista con Gothamist se refirió por error a One Direction, la antigua banda de Styles, como “First Direction”, un detalle que descarta cualquier sospecha de conspiración pop. Explicó que alquilar el local a una operación como esa era la única forma de afrontar los enormes impuestos del inmueble. Entendía el problema que causaba, pero también sabía que pelear contra las filas de la Gran Manzana es imposible.

Las colas son, desde hace años, una de las formas más confiables de medirle el pulso a Nueva York. Sirvieron para entrar a una disco, comprar un iPhone o hacerse con el último Harry Potter. Ahora se hacen para comer un bagel, un yogur helado de moda o para entrar unos minutos a una tienda que, justamente porque va a desaparecer pronto, se vuelve irresistible.

El lunes, cuando el pop-up todavía no había abierto, la cuadra del East Village mostraba su esplendor habitual: negocios pequeños, bicicletas encadenadas, librerías imposibles y ninguna fila a la vista. Aun sin más que eso, se parecía a un recorrido de los viejos tiempos. Y era difícil no pensar que Harry Styles, con su conocida pasión por lo vintage, también lo habría aprobado.

Por qué importa

El episodio expone la tensión entre la economía de los locales efímeros y los comercios históricos de barrio en Manhattan. Detrás del conflicto hay una discusión sobre quién puede seguir viviendo y trabajando en el East Village.

Qué sigue

La causa judicial contra Slotnick sigue su curso y el pop-up continuará abierto hasta noviembre, cuando termine la residencia de Styles en el Madison Square Garden. La convivencia entre ambos locales seguirá a prueba.

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