Hipervigilancia de biomarcadores: cuando el reloj inteligente genera ansiedad en lugar de salud
Los anillos y relojes que miden sueño, ritmo cardíaco y calorías crecen sin pausa, pero los médicos advierten que el monitoreo obsesivo puede aumentar el estrés en vez de reducirlo

Los relojes y anillos inteligentes se multiplican en las muñecas de los argentinos y prometen un control exhaustivo de la salud. Sin embargo, ese seguimiento permanente de los biomarcadores puede derivar en un cuadro de hipervigilancia: un estado de alerta desproporcionado en el que la persona rastrea sin descanso posibles amenazas, incluso cuando no existe un peligro real. La combinación de sensores cada vez más precisos con la interpretación ansiosa de los datos abre un escenario nuevo que los médicos empiezan a ver en sus consultorios.
El fenómeno se apoya en un mercado en expansión. El Oura Ring, líder del segmento de anillos inteligentes con casi el 75% del mercado, superó los 5,5 millones de unidades vendidas en el mundo, según estudios de mercado publicados en Business Wire. A la compañía, fundada en 2013, le llevó once años colocar sus primeros 2,5 millones de anillos. Pero entre mediados de 2024 y finales de 2025 vendió más de 2,5 millones en apenas 15 meses, con ventas superiores a los 1000 millones de dólares y un crecimiento anual por encima del 22%.
La pregunta que sobrevuela ese boom es si monitorear los biomarcadores de forma compulsiva equivale a estar más sano. El cardiólogo Eduardo Isern plantea que el sistema nervioso autónomo evoluciona a un ritmo mucho menor que la tecnología. “Las respuestas de huida que se generan al ver algo que no entendemos o que percibimos como negativo son similares a las que se generaban cuando estábamos cerca de algún animal que potencialmente podría dañarnos en la antigüedad”, explicó el médico.
Esa reacción libera adrenalina, noradrenalina, cortisol y glucosa, y eleva la frecuencia cardíaca, la respiratoria, la tensión arterial y la circulación de sangre en los músculos. En personas con alguna dolencia o factor de riesgo, los controles frecuentes sin un tratamiento adecuado del problema pueden volverse contraproducentes. “Es muy importante saber diferenciar la recolección de datos de la resolución del problema, que puede demorar semanas o hasta meses”, advirtió Isern.
El especialista distingue entre las funciones útiles y las discutibles. “La herramienta más importante que nos han dado los relojes inteligentes es la medición de la frecuencia cardíaca y las variaciones del ritmo cardíaco”, sostuvo. Los dispositivos capaces de hacer un electrocardiograma de una derivación resultan valiosos para detectar y tratar arritmias. La medición de tensión arterial también aporta, aunque son pocos los modelos que la incorporan. En cambio, considera menos confiable la saturación de oxígeno y directamente subjetivas las mediciones de sueño REM, nivel de estrés o calorías diarias.
La médica Rosana Cafardo coincide en que el monitoreo constante puede ser útil según qué se mida y, sobre todo, según la personalidad del paciente. En una persona con diabetes, un sensor continuo de glucosa permite ver casi al instante cómo impactan determinadas comidas. Algo similar ocurre con los contadores de pasos: una meta diaria visible suele estimular a moverse más. “Cuando alguien se propone una meta diaria, poder verla y seguirla suele funcionar como un estímulo para moverse más”, aseguró.
Pero la misma tecnología que ayuda a algunos pacientes puede jugar en contra de otros. Cafardo relató el caso de un colega en España cuyo reloj detectó una alteración del ritmo cardíaco durante una clase de gimnasia. Consultó, terminó internado en una unidad coronaria y necesitó un marcapasos. El problema aparece cuando el control se vuelve obsesivo, como ocurre con el sueño: personas que se angustian si el reloj no marca las ocho horas esperadas. “En ese momento, una herramienta creada para cuidar la salud empieza paradójicamente a generar ansiedad”, observó la doctora.
Para la medicina clínica, las mediciones realmente valiosas son las que tienen un objetivo concreto y pueden modificar una conducta médica: presión arterial, glucemia en pacientes con diabetes o análisis en personas con anemia o hipotiroidismo. La recomendación de los especialistas apunta a un camino del medio: aprovechar la información que brinda la tecnología sin depender de ella.
Por qué importa
Millones de usuarios ya usan dispositivos que miden sueño, ritmo cardíaco y calorías sin saber que la interpretación ansiosa de esos datos puede elevar el estrés y hasta agravar un problema de salud preexistente. La diferencia entre recolección de datos y resolución médica es la clave.
Qué sigue
El desafío será cómo la medicina clínica integra estos datos sin alimentar la hipervigilancia. La próxima discusión pasa por definir qué métricas tienen valor diagnóstico real y cuáles solo generan ruido en los usuarios.
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