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La familia Graffigna abre las puertas de su bodega y posada en el Valle de Pedernal

En el suroeste de San Juan, la familia Graffigna continúa su legado vitivinícola con una bodega y una posada para recibir huéspedes.

Redacción4 min de lectura
La familia pionera del vino sanjuanino recibe huéspedes en su encantadora posada

La historia de los Graffigna en la Argentina comenzó en 1860, cuando don José Graffigna llegó desde Italia con la idea de invertir en tierras y dedicarse a una actividad poco conocida en San Juan: los viñedos. Fue uno de los primeros en elaborar vino en la provincia y sentó las bases de un legado que hoy continúa su familia.

En la actualidad, una rama de la familia sigue apostando a la actividad en el Valle de Pedernal con la bodega Graffigna Yanzón, que además cuenta con instalaciones para disfrutar de la vida tranquila de un viñedo de altura y de su selección de etiquetas.

El emprendimiento nació de la tenacidad de Duilio Graffigna, de la cuarta generación, y hoy tres de sus cinco hijos siguen el legado: Duilio, Santiago y Clodomiro. El resto de la familia, Mónica, su mujer, y sus hijas Mónica e Inés, también participan con sus opiniones, ya que todos llevan el vino en la sangre.

La crónica de los Graffigna en el país lleva ya cinco generaciones y revela la típica saga de los inmigrantes italianos que apostaron todo en estas tierras. Don José Graffigna, tatarabuelo de Santiago, llegó en 1860 desde Borzonasca, una localidad cercana a Chiavari. Primero desembarcó en Estados Unidos y visitó la zona de Napa Valley, pero no le convenció. Luego pasó por Chile y cruzó a San Juan, donde se instaló y compró tierras en Ullum, Zonda y Pocitos para implantar vides y producir vino.

Con el tiempo, trajo a un sobrino segundo, también llamado Santiago, para que cuidara su negocio mientras él partía a Europa a casarse. Ese sobrino dio origen a la segunda rama de la familia, también dedicada al vino. "Más tarde las dos ramas se unen con el casamiento de un tío con una sobrina lejana; mi abuelo ya es Graffigna-Graffigna", cuenta Santiago.

Don José y don Santiago hicieron grandes inversiones, trajeron técnicos y maquinaria de Europa, e incluso importaron tractores en una época en que solo se usaba el caballo. Dieron origen a dos bodegas: Don José, que vendía uva a granel, y Santiago Graffigna limitada, dedicada a elaborar vino. Esta última se vendió en la década de 1980 a capitales extranjeros y hoy pertenece a un grupo chileno. Parte de esa infraestructura se convirtió en el Museo Graffigna, que propone un recorrido por la historia del vino en el país.

La familia también fue clave para la instalación de Cinzano en San Juan, ya que don Santiago, amigo de uno de los hijos de Cinzano, lo instó a traer sus negocios a la provincia. La bodega Cinzano abrió en 1923 y se convirtió en la destiladora más grande de Sudamérica, elaborando vermouth y cognac de reconocidas marcas durante 90 años.

El bisabuelo de Santiago, don Duilio Graffigna, compró más de 100.000 hectáreas en Pedernal, en el suroeste de la provincia, aunque destinó esas tierras a la explotación ganadera, con unas 4.000 ovejas y 2.000 vacunos, además de cultivar maíz y alfalfa. También plantaron olivos. "Todavía quedan unos cuantos árboles centenarios en la finca de mi tía", cuenta Santiago. El sueño del vino en esa zona debió esperar cien años para concretarse.

Hace más de 20 años, el Valle de Pedernal sorprendió al mundo del vino con uvas de calidad increíble. "Mi papá se hizo amigo de uno de los mendocinos que compraron tierras, quien le habló de la altísima calidad de las uvas. Nos regaló varios canastos con la nueva cosecha y, solo por hobby, decidimos elaborar vino con unas máquinas viejas que nos habían quedado de la antigua bodega", recuerda Santiago. Una vez listo, se lo llevaron a Juan Graffigna, ex enólogo de la bodega, quien les dijo que era buenísimo. Eso fue en 2002.

Empezaron con una viñita de media hectárea y para 2007 se lanzaron con todo. Hoy tienen 17 hectáreas a 1.190 metros de altura, principalmente de Malbec, y también Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Pinot Noir, Syrah, Merlot, Semillón, Torrontés y Sauvignon Blanc, con las que producen nueve varietales y dos blends. En 2017 iniciaron la construcción de la bodega y también de la posada. Actualmente, de las seis fincas viñateras del valle, ellos son los únicos que tienen aquí la bodega; el resto vinifica fuera.

El secreto de las uvas está en la tierra y su composición calcárea, muy similar a los suelos de Bordeaux, Francia. Además, el microclima del valle, con gran amplitud térmica, favorece la calidad de los vinos.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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