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La selección argentina, bajo la lupa mundial: críticas, silbidos y el caso Julián Alvarez

A un mes de la final de Qatar, las crónicas internacionales castigan a los campeones del mundo y el caso Julián Alvarez agrega tensión.

Redacción2 min de lectura
La final que no termina: “Feos, sucios y malos” (y ahora silbados)

Un mes después de la final de Qatar, la selección argentina sigue en el centro de la polémica. El recuerdo del título, con Lionel Messi levantando la Copa y cinco millones de personas en las calles, convive con teorías conspirativas y críticas internacionales. La publicación de un video con inteligencia artificial que muestra a Gianni Infantino extorsionando al equipo antes de la final reavivó las sospechas, incluso después de la carta de Messi a su padre fallecido.

Las sanciones de la FIFA por los incidentes en la final reavivaron crónicas duras en la prensa mundial, que califican a los argentinos como "feos, sucios y malos" y hasta "animals". Ahora, los silbidos en Europa se suman a la lista de agravios. El caso más notable es el de Julián Alvarez, quien busca salir del Atlético de Madrid invocando un supuesto compromiso verbal, pero el club le recuerda su contrato.

El caso de Julián, sin embargo, no debería mezclarse con el odio de moda hacia la selección. Tampoco la posible pérdida de titularidad de Alexis Mac Allister en Liverpool ni la salida de Dibu Martínez del Aston Villa. Enzo Fernández, por su parte, fue silbado por los hinchas del Fulham tras su gol y gesto de Topo Gigio ante Inglaterra, con la bandera de Malvinas incluida, un reclamo soberano que la FIFA sancionó.

La media hora final ante Inglaterra, una de las más espectaculares del Mundial, quedó borrada en crónicas que insisten en que la selección llegó a la final "gracias a la protección de la FIFA". La final contra España, con un esquema ultradefensivo, dio letra para las críticas, aunque permitió llegar a los penales y soñar con un bicampeonato histórico. La renuncia a jugar, injusta o no, dejó una imagen cara para un equipo que durante ocho años nunca había hecho algo así.

La gresca final también pesó: "No saber perder duró poco e involucró a pocos", pero dio vergüenza. Los foristas van más lejos y reclaman la expulsión de Argentina de los Mundiales, acusando al país de racista. Sin embargo, nadie dice que Alemania es racista por la cancelación de una fiesta para niños negros en Berlín, ni que Londres es racista por el suicidio del profesor Jason Arday tras filtrarse mentiras sobre su currículum.

Cada país tiene su pasado colonial y su complejidad, pero el algoritmo hoy cotiza a Argentina como ninguna otra. La generalización ridícula de afuera sirve de coartada para victimizarse y evitar el debate propio. Los códigos internos, a veces burlones y otras crueles, ya no funcionan en el escenario global. Y permiten que hasta la FIFA, la misma de Infantino, nos castigue invocando la ética y la disciplina.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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