Empleo

Las residencias médicas, un posible modelo para el empleo joven ante la IA

La expansión de la inteligencia artificial vuelve deseables los espacios de alta exigencia que forman a los futuros senior.

Redacción2 min de lectura
Las residencias médicas, de villanas a posible modelo

Las residencias médicas, históricamente criticadas por sus condiciones extremas, hoy se presentan como un posible modelo para el empleo joven afectado por la inteligencia artificial. Un residente de terapia intensiva de la Clínica Bazterrica las definió como “una estafa, casi inhumano, y a la vez el único lugar donde de verdad se aprende el oficio”. Esta contradicción resume décadas de debate sobre un sistema que combina sueldos bajos, guardias eternas y una presión enorme, pero que también demuestra una efectividad pedagógica innegable.

La relevancia de este modelo crece en un contexto donde la IA impacta directamente en los puestos de trabajo junior. Un estudio del economista de Stanford Erik Brynjolfsson encontró que los empleos de nivel inicial en ocupaciones expuestas a la IA están casi un 20 por ciento por debajo de lo esperado. Aunque otros estudios no lo confirman, los especialistas coinciden en que las tareas que tradicionalmente realizaban los pasantes, como armar presentaciones o revisar bibliografía, son justamente las que la IA ejecuta con mayor eficiencia. Esto no solo elimina puestos, sino que erosiona el espacio donde se formaban los futuros profesionales senior.

La investigadora Molly Kinder, de Brookings, propone trasladar la lógica de las residencias médicas a las oficinas: que los aprendices asuman responsabilidades reales desde el primer día, siempre bajo la supervisión de un mentor. Así, un abogado junior podría participar en negociaciones desde el comienzo, o un economista recién recibido podría atender clientes desde el primer mes, en lugar de realizar tareas que la IA ya automatiza.

El financiamiento es el principal obstáculo. En medicina, el Estado cubre gran parte de la formación. Kinder sugiere crear un fondo para residencias al que contribuyan las empresas que más ahorran gracias a la IA. El Reino Unido ya implementó un impuesto para grandes empleadores, que pueden recuperar si ofrecen programas de formación.

Existen otros modelos, como el de la aviación, que certifica pilotos por horas de vuelo, algunas en simuladores. Esta lógica podría aplicarse a otras industrias. También se podría regular exigiendo supervisión humana en ciertas tareas básicas o fijando cupos de jóvenes por cada agente de IA, una suerte de discriminación positiva.

La IA aparece en ambos lados del mostrador: puede quitar el primer empleo, pero también simular ese trabajo para prácticas. Universidades y consultoras ya exploran estas opciones. Ninguna solución es gratuita ni fácil de coordinar entre millones de empresas con intereses diversos. Ojalá el mundo corporativo copie la efectividad pedagógica de las residencias médicas, pero no sus sueldos paupérrimos ni sus guardias eternas. Aprender no debería exigir no dormir, aunque los cambios que trae la IA nos tengan en vela.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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