Los jóvenes cambian más de trabajo, pero no son más inestables que sus padres
Un análisis de Fundar y LA NACION muestra que la rotación laboral juvenil es similar a la de 2009, aunque persiste una brecha de desempleo con los adultos.

Los jóvenes argentinos cambian de empleo con más frecuencia que los adultos, pero no son más inestables que la generación de sus padres cuando tenían su edad. Un análisis sobre empleo joven revela que la rotación laboral entre los menores de 30 años se mantiene prácticamente igual que hace 15 años, pese a la percepción extendida de que esta generación dura menos en sus puestos.
En 2025, el 66% de los asalariados de 18 a 29 años llevaba más de un año en su empleo y el 33% tenía menos de un año de antigüedad. Entre los mayores de 30, en cambio, el 89% tiene un puesto estable y solo el 11% lo ocupa desde hace menos de un año. La brecha entre jóvenes y adultos es amplia, pero desaparece cuando se compara a los jóvenes actuales con los de 2009: en ese entonces, el 65% de los asalariados menores de 30 llevaba más de un año en su trabajo, un porcentaje casi idéntico al actual.
"Los jóvenes duran menos que los adultos en sus trabajos, pero los jóvenes de hoy no duran menos que la generación de sus padres cuando ocupaban sus lugares", sostiene el informe, que forma parte de una serie de cuatro notas elaborada por LA NACION y Fundar sobre los cambios sociales que atraviesan las nuevas generaciones.
El recorrido de muchos jóvenes responde a nuevas aspiraciones, a una mayor disposición a emprender o a posibilidades laborales que no existían para las generaciones anteriores. Lo que no logra demostrar es que haya aumentado la inestabilidad laboral entre los jóvenes.
Descartado ese mito, persiste otra desventaja que atraviesa a los jóvenes en el mercado de trabajo: conseguir empleo. En 2003, la desocupación entre los jóvenes de 18 a 29 años era del 24,2% y entre los adultos de 30 a 64, del 10,5%. En los últimos 20 años ambas tasas bajaron, aunque la brecha se mantiene. El año pasado la desocupación juvenil llegó al 15% y la adulta, al 5%.
"En todo el mundo, el desempleo juvenil es mayor que el de los adultos. La brecha puede ser mayor o menor según el caso, pero existe justamente porque los jóvenes tienen menos experiencia y menos contacto que alguien que lleva diez o veinte años trabajando", explica Daniel Schteingart, director de Desarrollo Productivo y curador de Argendata en Fundar.
Esa desventaja también se refleja en la calidad del empleo. Según Schteingart, "en los adultos, la informalidad no llega al 40%, en los jóvenes roza el 60%". A eso se suma la brecha de ingresos: los jóvenes ganan 30% menos por hora que los adultos.
La categoría "jóvenes" también puede resultar engañosa. A los 19 años, una persona puede estar estudiando y buscando su primera experiencia; a los 29, puede llevar una década trabajando. Los datos muestran esa distancia: entre los jóvenes de 18 a 20 años, la proporción que trabaja pasó del 30,3% en 2003 al 27,7% en 2025, mientras que entre los de 27 a 29 aumentó del 69,6% al 73,2%.
"Esta brecha ha ido en aumento. Mientras que los jóvenes de 18 a 20 trabajan menos que antes, lo que se explica porque ahora van más a la universidad que antes, los de 27 a 29 trabajan más que antes", señala Schteingart.
El auge de Internet y las nuevas tecnologías también moldeó la relación entre las nuevas generaciones y el trabajo. Se modificó la manera de trabajar y se amplió el margen de negociación sobre dónde y cuándo hacerlo. La presencialidad, los horarios o el equilibrio entre la vida personal y laboral son parte de conversaciones que eran mucho menos frecuentes para las generaciones anteriores.
La juventud de hoy exige condiciones que antes se aceptaban casi sin discusión, pero lo que también cambió fue el mundo laboral al que llegaron. Durante buena parte del siglo XX existió una promesa relativamente sencilla: estudiar, conseguir un empleo estable y progresar. El trabajo no era solamente una fuente de ingresos; era uno de los puntos alrededor de los cuales se organizaba el resto de la vida adulta.
Por qué importa
El debate sobre la inestabilidad laboral juvenil suele basarse en percepciones. Los datos muestran que la rotación no aumentó respecto de 2009, aunque los jóvenes siguen con desempleo, informalidad e ingresos peores que los adultos.
Qué sigue
La serie de Fundar y LA NACION continuará con entregas sobre la estructura productiva, la formación de familias y el bienestar de las nuevas generaciones.
Fuente: LA NACION
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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