Manejo en montaña: claves para conducir seguro y la diferencia entre cajas manuales y automáticas
La tragedia en la Cuesta de Lipán reaviva el debate sobre la pericia al volante en caminos de altura.

El trágico incidente en la Cuesta de Lipán, en Jujuy, donde una camioneta cayó 80 metros y causó dos muertes, volvió a poner el foco en la capacidad de manejo en rutas de montaña. Aunque las causas del siniestro aún no se esclarecieron, la topografía del lugar exige máxima concentración y técnica.
La ruta nacional 52, que atraviesa esa cuesta, es uno de los paisajes más impactantes del país, pero también uno de los más exigentes. Condiciones similares se encuentran en Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza, Neuquén, Río Negro, Chubut, Tierra del Fuego y hasta en las sierras de Córdoba y San Luis.
Encarar una subida o bajada serpenteante no es lo mismo que manejar en llano. Las leyes de la física modifican el comportamiento del vehículo al acelerar, doblar o frenar. En los descensos, la velocidad se acumula con facilidad y las curvas cerradas aparecen antes de lo esperado.
El conjunto mecánico también sufre: el motor trabaja más forzado, la caja recibe mayor exigencia, los neumáticos rozan el límite de adherencia y los frenos se sobrecalientan. Por eso, conocer el propio auto —su potencia de frenado, la inclinación de la carrocería y las opciones de la transmisión— resulta vital.
Los autos modernos incluyen asistencias como el control electrónico de estabilidad, que ayuda a mantener la trayectoria, pero no hace milagros: su acción está limitada por la física. La precaución sigue siendo la mejor aliada.
La regla de oro es respetar las velocidades máximas, aunque en estos caminos conviene ir aún más lento hasta ganar confianza. Mantener un ritmo constante, sobre todo en bajadas, evita depender del freno. Lo ideal es soltar el acelerador y dejar que el freno motor controle la marcha; si se necesita más retención, se debe rebajar un cambio y hacer toques suaves al pedal.
En las cajas automáticas, la posición L (o modos manuales con levas o palanca) permite generar una retención similar al freno motor. Usar la transmisión a favor es clave para no recalentar los frenos, que pierden eficacia con la temperatura y aumentan la distancia de detención.
Las curvas de montaña son más cerradas y se toman a menor velocidad, por lo que hay que girar más el volante. Para familiarizarse, lo mejor es encarar las primeras con prudencia y nunca invadir el carril contrario: cortar la curva es una maniobra peligrosa que puede terminar en un choque frontal.
Al adelantar, hay que considerar que la altitud reduce la potencia del motor por la menor cantidad de oxígeno. Y, por supuesto, la vista siempre debe estar en el camino; los paisajes pintorescos pueden distraer. Lo mejor es detenerse en un lugar seguro para contemplar el espectáculo natural.
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