Milei, el outsider de su propio gobierno: tono combativo y choque con su mesa política
El Presidente redobla su apuesta discursiva, desafía a su equipo y agita el relato oficial en medio de la caída de la confianza.

El presidente Javier Milei reapareció después de 10 días de aislamiento en Olivos con un discurso combativo que lo posiciona como un electrón libre de su propio gobierno. En dos actos públicos, el jueves en el hotel Alvear y el viernes en Rosario, el mandatario defendió su gestión a contramano de las estrategias que traza su mesa política, presidida por su hermana Karina.
Milei eligió un tono desafiante para responder a las críticas por la falta de resultados y la caída de la confianza popular. En el Council of the Americas, aseguró que la economía “está volando”, negó que los salarios caigan y que haya cierre de empresas, y minimizó el aumento de la morosidad bancaria. “Yo no soy Macri, que gobernaba mirando encuestas”, enfatizó ante sus colaboradores.
El Presidente también arremetió contra quienes le piden empatía con los sectores que sufren el ajuste. Calificó de “estupidez” hablar de “la gente que no llega a fin de mes” y sostuvo que no piensa tratar a sus votantes como “menores de edad”. En ese marco, lanzó un fuerte respaldo al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, a quien la mesa política había intentado ponerle un límite tras la derrota legislativa por la extranjerización de tierras y el conflicto sindical en los puertos.
“Cuando ustedes vean a un sorete, a una mierda humana, criticando a Federico, es porque le está tocando un negocio a un prebendario, a un chorro y a un corrupto”, dijo Milei, en una de sus frases más duras. El respaldo al funcionario, a quien llama “Coloso”, se interpretó como un mensaje directo a su propio entorno, que había cuestionado el ritmo de las reformas.
La disonancia entre el equipo y el alma indómita del Presidente quedó expuesta en un episodio de los últimos días. El lunes, en el acto de homenaje a San Martín, leyó un discurso protocolar preparado por la oficina de la Casa Rosada que tutela Santiago Caputo, en el que se coló una frase que sonó a autocrítica: “Si la libertad no muestra sus frutos, que son el bienestar y la prosperidad económica, la ciudadanía se olvida de su valor”. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, se subió al concepto y escribió en redes: “Lo que necesitamos es más velocidad en los resultados para que el cambio se sienta en la vida cotidiana”.
Pero Milei no quedó conforme con esa interpretación. En el Alvear, se dispuso un operativo para que las cámaras no transmitieran sus movimientos al llegar, afectado por los dolores de espalda que lo aquejan. Durante una hora, desplegó su visión sobre el crecimiento económico, un discurso que, según dijo, preparó durante días sin intervenciones ajenas.
El Presidente también celebró el dato de inflación mayorista de julio, que fue del 0,8%, y aseguró que la inflación minorista de agosto empezará con cero. “Me planteaba hacer un recital para festejar”, bromeó, aunque los aplausos en el salón no fueron más allá de la fila de los funcionarios.
Con este nuevo capítulo, Milei profundiza su estilo confrontativo, que lo aleja de las recomendaciones de su mesa política y lo acerca a un relato propio, aun a riesgo de agredir a sus votantes. La pregunta que queda flotando es si esa estrategia le permitirá recuperar la confianza o si, como advierten sus críticos, terminará por aislarlo aún más.
Fuente: LA NACION
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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