Política

Milei en Brasil: ¿estrategia de Trump o furia electoral?

El presidente argentino escaló su conflicto con Lula y fue acusado de injerencia, mientras crecen las dudas sobre si su actitud responde a un pedido de Donald Trump o a su propia necesidad de recuperar el tono que lo llevó al poder.

Redacción4 min de lectura
Milei en Brasil: ¿estrategia de Trump o furia electoral?
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Nada podría ser como parece. Un alto funcionario del Gobierno aseguraba ayer que el alboroto de Javier Milei en Brasil durante el furioso fin de semana último fue una sobreactuación del presidente argentino por una sugerencia de Donald Trump para que ayude a la familia Bolsonaro en el país vecino y perjudique al actual mandatario brasileño Lula da Silva. Lula buscará la reelección frente a Flávio Bolsonaro el próximo 4 de octubre; este Bolsonaro es hijo del expresidente de ese país, Jair Bolsonaro, condenado por el Tribunal Supremo de Justicia a 27 años de cárcel por el delito de liderar una organización criminal que intentó un golpe de Estado en 2023 para impedir que Lula asumiera la presidencia.

Pero ningún funcionario del Gobierno dice saber si Trump le pidió tanto a Milei o si este decidió por su cuenta llegar hasta donde ningún otro presidente argentino había llegado en sus controversias internacionales. En ese mismo fin de semana, Milei vio desde un stand de la Exposición Rural a José Ignacio de Mendiguren y le gritó, desaforado, “ladrón”. De Mendiguren fue un mal ministro de Duhalde y, más tarde, se camufló como presidente de la Unión Industrial cuando ya tenía el corazón cooptado por el peronismo massista. Con todo, un presidente de la Nación que se precie no puede imitar los modos del escrache que inauguraron aquí Quebracho y La Cámpora.

Sin duda, los desmanes que Milei protagonizó en Brasil fueron peores porque comprometieron con sorprendente inconsciencia el futuro de su país. Bolsonaro padre está bajo el régimen de prisión domiciliaria por su delicado estado de salud. La decisión de prorrogar la prisión domiciliaria del expresidente brasileño de forma indefinida la tomó el vicepresidente de ese Tribunal, Alexandre de Moraes, el mismo que decidió prohibirle a Milei que visitara al patriarca de los Bolsonaro en su casa cuando fue a Brasil en el fin de semana, que el Presidente convirtió aquí y allá en días de saña y delirio. De Moraes, tildado por Milei de “basura calva”, argumentó que Bolsonaro no podrá recibir visitas políticas antes de las elecciones presidenciales de octubre.

Nunca antes se había visto a un presidente tratar de la manera que Milei trató a Lula o a un juez supremo de un país extranjero sin que estos le hayan hecho nada ni le hayan dicho nada. Pero, ¿es una estrategia sobreactuada de Milei ante una sugestión de Trump o responde de algún modo a la necesidad de Milei de volver a la furia que lo hizo presidente en 2023? Las últimas encuestas en poder del gobierno indican que el Presidente está en el límite mismo, o por debajo del límite, de su reelección en primera vuelta dentro de más de un año. La última encuesta de Poliarquía coincide con aquellas mediciones. Si su porcentaje de votos en octubre de 2027 fuera de menos del 40 por ciento, Milei deberá ir a una segunda ronda electoral con el segundo candidato más votado.

No obstante, nada justifica semejante empellón verbal y público del mandatario argentino a un presidente votado por su sociedad, en abierta campaña, además, a favor del candidato opositor a Lula. Si eso no es injerencia en los asuntos internos de otro país las palabras habrán perdido su sentido. Milei, ni su canciller, Pablo Quirno, quien aplaudió al presidente argentino durante su diatriba contra Lula, tuvieron en cuenta los datos económicos que deberían prevalecer por encima de las ideologías. La influencia de la ideología en la política exterior es nociva si la aplica Cristina Kirchner, que la aplicó, o si la practica Milei.

La falta de respeto a la investidura presidencial de otro presidente le resta autoridad moral a un jefe del Estado para reclamar el respeto a su propia investidura. En síntesis, lo que Milei provocó con Brasil tiene el tamaño de una gravedad nunca vista antes. Para empeorar las cosas, este martes se sumó a la polémica la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, en solidaridad con Lula y con serios cuestionamientos a Milei por la forma con que trató al mandatario brasileño. México y Brasil son las dos principales economías de América Latina.

Aunque esa no es la razón principal por la que todos los presidentes deben respetar a sus colegas, es oportuno recordar que Brasil es el principal socio comercial de la Argentina y que el comercio bilateral es de unos 30.000 millones de dólares anuales. Brasil es también el principal destino de las exportaciones industriales argentinas; ambos países, nucleados en el Mercosur, constituyen el principal mercado exportador de productos agropecuarios del mundo. Por eso extrañó aún más la presencia risueña y despreocupada al lado de Milei del canciller Quirno, que es también un economista diplomado en la Universidad de Pensilvania, en los Estados Unidos. Sabe, por lo tanto, la importancia real y estratégica de Brasil para la economía argentina.

Lula ha hecho también sus travesuras en la Argentina. Estuvo muy cerca de Daniel Scioli, en 2015, cuando este compitió con Mauricio Macri; dicen que le confesaba al entonces perdidoso candidato peronista (actual mileísta convencido, vale recordar) que su triunfo era esencial para conservar una línea progresista en América Latina y se puso abiertamente de su lado. Luego, fracasado el intento de aupar a Scioli a la presidencia, en 2019 se ocupó personalmente de apoyar a Alberto Fernández, a quien recibió en la sede de la Policía Federal de Curitiba, donde estaba preso acusado de corrupción; el político argentino era en ese momento solo un candidato que enfrentaba a Macri para impedir la reelección de este. Lo logró.

Fuente: Lanacion.

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