Inmigración

Nicaragüense con protección migratoria fue deportado por el ICE a República Centroafricana

Kenis López, de 45 años, vivía en Minnesota y presentó su permiso de trabajo y una resolución judicial antes de ser enviado a Bangui, la capital de República Centroafricana.

Redacción••4 min de lectura
Compartí esta nota:
Kenis López, nicaragüense de 45 años, deportado por el ICE a Bangui: “Les entregué mi permiso de trabajo y la documentación”

El nicaragüense Kenis López, de 45 años, fue deportado por el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) a Bangui, la capital de República Centroafricana. El traslado se concretó después de que permaneciera siete meses bajo custodia federal. Según su relato, al momento del arresto presentó su permiso de trabajo y una resolución judicial que le otorgaba protección frente a su expulsión a Nicaragua.

López vivía en Minnesota desde 2022 y trabajaba en la construcción. En enero de 2026, agentes migratorios lo interceptaron cuando subía a su camioneta frente a su casa en Mineápolis para ir a trabajar. El hombre aseguró en una entrevista con BBC Mundo que llevaba consigo los documentos vinculados con su situación migratoria y se los mostró a los funcionarios.

“Les entregué mi permiso de trabajo y la documentación que probaba que una jueza de Minnesota me había concedido la retención de remoción”, explicó. La retención de remoción impide que el gobierno devuelva a una persona a un país donde su vida o su libertad estarían en peligro por motivos de raza, religión, nacionalidad, opinión política o pertenencia a un grupo social.

El BBC Mundo revisó la resolución del Tribunal de Inmigración Fort Snelling de Minnesota, fechada el 13 de agosto de 2024. López también había recibido protección bajo la Convención contra la Tortura (CAT, por sus siglas en inglés), que impide devolver a un beneficiario a un territorio donde sea más probable que sea sometido a tortura.

Pese a presentar la resolución judicial, López afirmó que los agentes no lo liberaron. “Me llevaron diciendo que tenían que hacerme una verificación de datos en una oficina del ICE”, recordó. Desde Minnesota fue trasladado a un centro de detención en Texas y después a Luisiana. Allí pasó por instalaciones en Alexandria antes de llegar al correccional de Jackson, donde permaneció los seis meses previos al comienzo de su proceso de expulsión.

Su historial en Estados Unidos incluye un delito menor por conducir sin la licencia adecuada en 2023. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) no respondió si ese antecedente influyó en la decisión y calificó a López como un “inmigrante ilegal”.

El 28 de agosto, López llegó a Dallas, Texas, para abordar el vuelo de deportación. Según relató, desconocía el destino exacto y solo había escuchado que sería enviado a África. Ante esa situación, se resistió a bajar del autobús que lo había llevado hasta la pista.

“No me voy a bajar. Prefiero morirme aquí que en un continente tan lejano”, recordó que les dijo a quienes lo custodiaban. López aseguró que, después de negarse a obedecer, un agente ordenó que le dispararan con balas de goma. Otros dos nicaragüenses y un cubano que estaban en el autobús dieron relatos coincidentes sobre esos disparos y mostraron fotografías de hematomas al medio británico. Dos especialistas consultados señalaron que las marcas eran compatibles con golpes de proyectiles de bajo impacto letal.

López afirmó que después lo sacaron a rastras y lo subieron al avión, donde permaneció atado de pies y manos y con un casco en la cabeza. Fue entonces, según su relato, cuando supo que el destino era República Centroafricana. El DHS rechazó las acusaciones sobre el trato a los detenidos y sostuvo que “no se está golpeando ni abusando de ningún detenido”.

El vuelo llegó a Bangui el 30 de agosto. López aseguró que hasta ese momento no tenía referencias sobre la ciudad ni sobre el país y que comenzó a buscar información cuando consiguió acceso a internet. Actualmente permanece en un edificio de apartamentos de la capital junto con su compatriota Luis Carlos Mendoza. Ambos aseguraron que están vigilados “día y noche” y que no han salido desde que llegaron.

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) se ocupa de su alimentación y hospedaje. “Nos traen desayuno, almuerzo y cena”, explicó López. La organización confirmó que brinda asistencia en República Centroafricana a pedido del gobierno local y aclaró que no participa en las decisiones de admisión o expulsión.

Desde Bangui, López describió el temor que atraviesa desde su llegada. “Es cruel, es frustrante, porque aquí venimos a la deriva. No sé qué nos puede pasar”, afirmó. También expresó preocupación por contraer enfermedades. “El miedo es perder la vida aquí. Me asusta contraer cualquier enfermedad, la malaria, el cólera, la fiebre amarilla”, sostuvo. Además, contó que pasó aproximadamente dos días con problemas estomacales.

Su pedido se concentra ahora en una revisión de su caso y en regresar a Estados Unidos, donde dice tener su vida y su trabajo.

Por qué importa

El caso expone los límites de las protecciones migratorias en Estados Unidos: una resolución judicial vigente no impidió la deportación a un país donde el hombre dice no tener vínculos. Sienta un precedente sobre el alcance de la retención de remoción.

Qué sigue

López pide que se revise su caso y poder volver a Estados Unidos. Queda por ver si el DHS responde a las denuncias sobre el uso de balas de goma y si la OIM mantiene la asistencia en Bangui.

¿Te gustó esta nota?

Recibí lo más importante del día en tu correo. Sin spam, con opción de baja siempre.

Más en Inmigración