Nir Eyal: cómo nuestras creencias distorsionan la realidad y generan conflictos
El experto en psicología del comportamiento explica en su nuevo libro cómo las creencias condicionan la percepción y propone un método para cuestionarlas.

Nir Eyal, experto en psicología del comportamiento y autor de bestsellers como Enganchado e Inmunes a la distracción, acaba de publicar Cree lo increíble, logra lo imposible. En este libro, el también exprofesor de la Stanford Graduate School of Business sostiene que nuestras creencias condicionan lo que vemos, sentimos y hacemos, y que muchas veces nos impiden dar el paso hacia aquello que deseamos.
“Sabemos qué deberíamos hacer y deseamos los beneficios de lograrlo, pero no damos el paso”, explica Eyal. Para él, la clave de este inmovilismo no reside en la falta de voluntad o disciplina, sino en algo más profundo: aquello que creemos posible para nosotros mismos.
En el libro, Eyal parte de una premisa reveladora: “No tienes problemas de relación. Tienes problemas de percepción”. El autor lo ilustra con una experiencia personal. Tras enviar flores a su madre por su cumpleaños, recibió un comentario sobre el estado del ramo que interpretó inmediatamente como una crítica. “Vale, muy bien; pues ten por seguro que no te volveré a mandar flores”, respondió con sarcasmo.
El problema, explica Eyal, fue que dio por hecho que su madre estaba siendo crítica y desagradecida. A partir de ahí, su atención empezó a buscar pruebas que confirmaran esa interpretación: se fijó en el tono de voz, recordó episodios anteriores en los que se había sentido criticado y pasó por alto el agradecimiento inicial.
Eyal cita a la investigadora Ellen Langer, que se refiere a este fenómeno como una forma de “consciencia hueca”: “En cuanto creemos conocer a alguien, dejamos de verlo como es. Interactuamos con nuestra imagen mental de esa persona en lugar de con el ser humano que tenemos delante”, escribe en el libro.
Esta trampa puede convertirse en una profecía autocumplida. Eyal reconoce haber vivido ese ciclo con su madre: “Creía que era demasiado crítica y difícil de complacer, lo que me llevaba a fijarme en cada ejemplo de crítica percibida y a pasar por alto cualquier halago. Esto me hacía responder a la defensiva, lo que a ella le hacía pensar que yo estaba siendo seco. Ella reaccionaba con aspereza, que yo interpretaba como una confirmación de que era imposible de complacer”.
Para cuestionar esa creencia, Eyal recurrió a una práctica desarrollada por la autora Byron Katie, conocida como The Work. El método parte de cuatro preguntas: “¿Es verdad?”, “¿Puedes saber que es verdad con absoluta certeza?”, “¿Cómo reaccionas, qué sucede, cuando crees ese pensamiento?” y “¿Quién o qué serías sin el pensamiento?”.
Eyal aplicó estas preguntas a la idea “Mi madre es demasiado crítica y difícil de complacer”. Primero se preguntó si realmente era cierto. Su madre le había dado las gracias por las flores y después había comentado que estaban marchitas. ¿Era necesariamente una crítica? ¿O estaba él interpretándolo así?
La segunda pregunta le llevó a reconocer que no podía saber con absoluta certeza cuáles eran las intenciones de su madre. “No podía saber cuál era su intención ni en qué estaba pensando al hacer ese comentario”, admite. Después observó qué ocurría cuando creía que su madre era demasiado crítica: se sentía herido, se ponía a la defensiva, respondía con sarcasmo y convertía un intercambio posiblemente neutro en un conflicto.
Finalmente, se preguntó quién sería sin esa creencia. Podría haber interpretado el comentario de otra manera, respondido con empatía y centrado su atención en la relación en lugar de en la crítica percibida.
Después de cuestionar su pensamiento, Eyal recurrió a otro ejercicio de Katie: “la inversión”. Consiste en explorar deliberadamente otras formas de interpretar una misma situación.
La primera inversión era la contraria: “Mi madre no es demasiado crítica ni difícil de complacer”. Esto le permitió fijarse en que ella le había dado las gracias y que el comentario podía ser simplemente una observación práctica. La segunda, dirigida hacia él mismo, revelaba hasta qué punto estaba siendo crítico con la respuesta de su madre. Esperaba una gratitud concreta y buscaba en sus palabras cualquier indicio de desaprobación. La tercera le llevó a observar su propia exigencia: también podía estar siendo demasiado crítico consigo mismo, interpretando el comentario como una prueba de su ineptitud.
El objetivo, explica Eyal, no es encontrar una única interpretación correcta, sino ampliar el número de perspectivas desde las que podemos contemplar una misma situación.
Eyal propone empezar con pequeñas molestias cotidianas: la persona que se cruza cuando conduces, el camarero que se equivoca con tu pedido o un familiar con costumbres irritantes. “Estas situaciones ofrecen oportunidades de bajo riesgo para empezar a cuestionar tus interpretaciones inmediatas”.
Una de sus propuestas es escribir al final del día un diario de críticas, elegir una de ellas y darle la vuelta, buscando ejemplos que cuestionen la interpretación inicial. También recomienda prestar atención a expresiones como “Siempre…”, “Nunca…”, “Cada vez que…”, “Eres igual que…” o “Típico de…”, que pueden revelar juicios que hemos asumido como verdades. Otra estrategia consiste en intentar imaginar cómo vería la situación otra persona, como un amigo o un desconocido, para ampliar el abanico de lecturas posibles.
Fuente: Clarín
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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