Política

Peronismo sin Perón, macrismo sin Macri: el riesgo de descabezar liderazgos

La historia política argentina muestra que los intentos de reemplazar a un líder suelen terminar mal, como ocurrió con el vandorismo en los años 60.

Redacción3 min de lectura
Peronismo sin Perón, macrismo sin Macri: el riesgo de descabezar liderazgos
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La política argentina revive viejos fantasmas. Así como en los años 60 se habló de un "peronismo sin Perón", hoy resurgen especulaciones sobre un mileísmo sin Milei, un kirchnerismo sin Cristina y un macrismo sin Macri. La designación de Diego Santilli como reemplazante de Guillermo Francos en la Jefatura de Gabinete –en lugar del hasta entonces jefe de Gabinete, Nicolás Posse– mostró al PRO cada vez más integrado al Gobierno, mientras su líder mira desde afuera.

El presidente Javier Milei alimentó la polémica al afirmar que "los mercados miran a futuro y hoy claramente están viendo que vamos a reelegir". La frase, pronunciada durante una entrevista, generó debate no solo por su contenido político sino también por el uso del verbo "reelegir", que según la gramática exige un objeto directo: son los votantes los que reeligen, no el candidato. "Voy a reelegir" o "Milei reelige" son impropiedades léxicas, aunque los psicoanalistas podrían encontrarles explicaciones más profundas.

El análisis no debería confundir el objetivo de la reelección con la estrategia del lanzamiento. Es obvio que los mercados añoran la continuidad de la política actual, inseparable de su artífice. No hay constancias de que hubieran acariciado seriamente la idea de un "mileísmo sin Milei", como se sugirió durante los días en que Nicolás Posse –ahora reemplazado– era el encargado de la administración general del país. Los cambios de gabinete son una facultad política, no jurídica, y solo bastaba ver cómo Posse manejaba sus desdichas para agradecerle las altanerías prestadas.

La expresión "mileísmo sin Milei" evocó en muchos políticos y consultores el recuerdo del "peronismo sin Perón" de los años 60, también llamado neoperonismo. Con el peronismo proscripto desde 1955, y tras el fracaso del "Operativo retorno" de 1964, el dirigente metalúrgico Augusto Vandor se alzó como mentor de aquel intento. Vandor proclamaba lealtad al líder exiliado en Madrid mientras procuraba ensanchar la importancia del sector laboral y desafiaba en los hechos a Perón. Este, en una carta dirigida a Andrés Framini, se refirió a quienes le disputaban el liderazgo: "lo que estos papanatas creen es que me estoy muriendo y ya empiezan a disputarse mi ropa, pero lo que no saben es que se les va a levantar el muerto en el momento que menos piensan".

Cuando las elecciones de 1966 en Mendoza se convirtieron en el campo de batalla entre Vandor y Perón, este envió a su esposa, Isabel Perón, con la misión de refrescar su aura y romper la jugada disidente. Al final, los peronistas verticalistas vencieron a la lista del vandorismo, pero la división permitió que los conservadores ganaran la gobernación. Vandor fue asesinado en 1969 en la sede de la Unión Obrera Metalúrgica por un comando peronista. Su sucesor, José Alonso, también proclive a negociar con los militares sin ajustarse a las órdenes de Perón, fue muerto de 14 balazos en 1970.

Hoy, medio peronismo discute cómo le convendría a Axel Kicillof quedarse con el liderazgo de Cristina Kirchner y a la vez con sus votos. La historia muestra que descabezar liderazgos consolidados puede tener consecuencias trágicas. El macrismo sin Macri, en cambio, se presenta como un proceso continuado, no como un hecho puntual. Pero la lección de los años 60 sigue vigente: en política, los intentos de suplantar a un líder suelen terminar mal.

Fuente: Lanacion.

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