Psicología

Por qué algunas personas corrigen todo el tiempo a los demás, según la psicología

Una especialista en salud mental explicó qué mecanismos emocionales se esconden detrás de la necesidad de tener siempre la razón.

Redacción2 min de lectura
Los psicólogos coinciden: que una persona corrija constantemente a las demás significa que siente incomodidad ante la incertidumbre

Corregir a los demás de forma constante puede responder a una necesidad interna de control y no a un simple afán de protagonismo. Así lo planteó la psicóloga Olga Albaladejo, quien analizó por qué algunas personas buscan tener siempre la razón en cada conversación. El comportamiento, según la especialista, aparece con más fuerza cuando la persona siente que otros aspectos de su vida están desordenados.

En una entrevista con la revista Cuerpo Mente, Albaladejo explicó que este tipo de individuos corrigen para mantener un control cognitivo sobre su entorno. “Es lo que Kruglanski y Webster denominaron las tendencias de urgencia y permanencia, conocidas también como seizing y freezing: el cerebro necesita aferrarse pronto a una explicación y mantenerla”, aseguró la profesional.

La especialista diferenció dos planos que suelen confundirse. Uno es la necesidad interna de que todo encaje y quede definido. El otro se juega en el vínculo con los demás. “Tener razón se juega en la relación con el otro. Puedo querer ganar una discusión, proteger mi imagen o demostrar competencia”, sostuvo Albaladejo.

Ambos mecanismos pueden combinarse en una misma persona. “Alguien puede sentir incomodidad ante la incertidumbre y, además, haber aprendido a sostener su autoestima mediante el conocimiento”, remarcó la psicóloga. En esos casos, la corrección funciona como una forma de reafirmación personal frente a los demás.

Para abordar el tema en terapia, Albaladejo suele recurrir a una pregunta simple: ¿qué me ocurriría si no lo corrigiera? Si la respuesta es que nada pasaría, pero el dato resulta relevante, se trata de utilidad. Si en cambio aparece inquietud, irritación o la necesidad de seguir pensando en el asunto, la corrección puede estar operando como alivio emocional.

A ese rasgo se suma otro vinculado con el perfeccionismo proyectado en los demás. Según la especialista, esa actitud “implica evaluar con dureza los errores ajenos y esperar que las personas actúen según los criterios propios”. Frases como “lo estás haciendo mal”, “no entendés nada” o “dejame a mí” son habituales en ese tipo de dinámica.

El efecto se nota en los vínculos cotidianos. “En pareja, familia o trabajo, esa dinámica termina creando dos posiciones: quien supervisa y quien parece estar continuamente examinado”, añadió Albaladejo. Esa asimetría desgasta la relación y suele generar incomodidad en el entorno.

La psicóloga aclaró que la necesidad de cierre presenta diferencias estables entre personas, aunque también puede intensificarse según la situación. “En mi experiencia clínica, el impulso de corregir suele hacerse más visible cuando la persona siente que otros ámbitos de su vida están desordenados o fuera de su control”, argumentó.

Por último, evitó generalizaciones y remarcó que se trata de una observación clínica. “No es una conclusión universal ni un diagnóstico, sino una observación que conviene explorar individualmente: a veces controlar un detalle pequeño ofrece un alivio momentáneo frente a problemas mayores que no podemos resolver con tanta facilidad”, concluyó.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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