Educación

Recuerdos escolares: la memoria selectiva y los docentes que marcaron a fuego

Un encuentro casual en Sierra de la Ventana dispara una reflexión sobre la escuela, los maestros y la fragilidad de la memoria.

Redacción2 min de lectura
Al maestro, sin cariño

Un encuentro fortuito a 560 kilómetros de casa, en una tienda de recuerdos de Sierra de la Ventana, derivó en una conversación que terminó por revelar un pasado compartido. La mujer que atendía el local resultó ser una porteña que, como el autor, había crecido en Olivos y asistido a la escuela N° 2, General Bartolomé Mitre, en la misma época. La charla, de esas que en Buenos Aires se evitan pero que en otros lugares se disfrutan, destapó una curiosidad inesperada.

Mientras ella recordaba con asombrosa precisión aulas, patios y a cada maestra con nombres y apellidos, el autor solo podía responder “no” a sus preguntas. Esa disparidad lo llevó a reflexionar sobre la naturaleza de la memoria: todos creemos tenerla prodigiosa, pero a menudo olvidamos lo que otros recuerdan de nosotros. Recordar junto a otro es sumar piezas a un rompecabezas que nunca se completa.

De aquellos días escolares, al autor le quedan pocos recuerdos afectuosos. En cambio, afloran viñetas agridulces o directamente bizarras. En la escuela primaria, una maestra de matemática azuzaba a sus alumnos con una competencia: los tres primeros en resolver un problema obtenían 10, 9 y 8, según el orden de llegada a su escritorio. Como casi siempre ganaban los mismos, para calificar al resto llamaba al azar a un alumno para que resolviera el ejercicio en el pizarrón, exponiendo sus dificultades ante todos. Al cabo de un mes, nadie se había salvado de pasar por esa vergüenza.

Pero la anécdota más memorable ocurrió en el secundario, en una clase de plástica. La profesora pidió dibujar una bicicleta. Mientras los 35 alumnos del curso dibujaban el clásico perfil con dos ruedas, un compañero, Daniel, también amigo del barrio, optó por una vista frontal: dos líneas en forma de T con un óvalo en el extremo inferior. La profesora levantó su hoja ante todos y preguntó qué era aquello. “Es una bicicleta de frente”, respondió Daniel. Tras una carcajada general, la docente, lejos de valorar la originalidad, se encargó de ridiculizarlo por no seguir el molde.

El autor aclara que no guarda resentimiento, pero quisiera que sus recuerdos fueran otros. Reconoce que muchos no tuvieron maestros como el de la película “Al maestro, con cariño”, sino más bien como el de Pink Floyd, que lograba someter a los alumnos con métodos cuestionables. El verdadero desafío, sostiene, es tratar a los estudiantes con inteligencia, como personas, no como niños. Algo tan simple y a la vez tan difícil, ayer, hoy y siempre.

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