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Safari de pumas en Santa Cruz: cómo es la travesía por la estepa patagónica

Un recorrido por la estepa santacruceña para avistar al felino más grande de la Patagonia, con guías expertos y técnicas de rastreo.

Redacción5 min de lectura
Patagonia salvaje: en busca de pumas en la estepa inhóspita de Santa Cruz

Adentrarse en la Patagonia en invierno es un desafío, y más aún si el objetivo es avistar pumas en la estepa. Para lograrlo, hay que sortear cuatro obstáculos: la paciencia, el extenso territorio, el camuflaje del felino y su personalidad solitaria.

El viaje comienza en la ciudad de Perito Moreno, en el departamento de Lago Buenos Aires, Santa Cruz. El pueblo se encuentra en el cruce de la ruta nacional 40 y la ruta provincial 43, y lleva ese nombre desde 1952 en honor al explorador Francisco Pascasio Moreno. Allí vive Facundo Nahuel Epul, guía experto en safaris, quien conoce la región como la palma de su mano y se encarga de rastrear al felino más grande de la Patagonia.

Durante el invierno en Perito Moreno, las veredas están cubiertas de nieve, hay hielo en el asfalto y el frío se siente en las manos y en la respiración. A primera hora de la mañana, aún de noche, el guía recoge a los viajeros en el hotel para iniciar la búsqueda. Durante tres días, toman la ruta nacional 40 hacia el sur para adentrarse en zonas aledañas a campos privados y en el Parque Patagonia Argentina, con el fin de avistar pumas y otra fauna de la provincia.

Al salir del pueblo, ya en la camioneta y bien calefaccionados, Facundo presenta los riesgos y las altas probabilidades de avistar pumas en una estepa vestida de blanco. También repasa el equipamiento que utiliza para el rastreo: teléfono satelital, equipo de Starlink con wifi, radio VHF, binoculares, cadenas para la nieve, kit de primeros auxilios y el almuerzo de cada día.

Días atrás, la región sufrió una gran tormenta que transformó el paisaje en una postal antártica: por donde se mire hay nieve. Las matas y los alambres son el único contraste visible. En el camino se visualiza el emblema de la región, la Meseta del Lago Buenos Aires, una gran altiplanicie basáltica que se eleva a más de 1000 metros de altura y se extiende hacia el oeste y sur del gran lago homónimo.

Su entorno protege una gran biodiversidad dentro del Parque Nacional Patagonia. Mientras contemplan la formación, el guía explica: “El relieve de los alrededores de la localidad de Perito Moreno está dominado por mesetas escalonadas, depresiones y valles fluviales de la estepa patagónica. El área está surcada por cauces de agua como el río Fénix Grande y depresiones labradas por la acción de antiguas masas de hielo de glaciares”.

En cuanto a la fauna, además del puma, se pueden encontrar guanaco, zorro colorado y zorro gris, piche patagónico, zorrino, gato del pajonal, peludo y chinchillón anaranjado. Entre las 120 especies de aves registradas se destacan: macá tobiano, cóndor andino, choique (ñandú petiso), pato de los torrentes, cauquenes y flamencos. En cuanto a la flora, en el invierno santacruceño las flores desaparecen por el frío extremo y la nieve, pero se pueden ver arbustos perennes y matas leñosas que mantienen su estructura y color verde oscuro frente al paisaje blanco.

El puma es uno de los felinos más esquivos del mundo. Encontrarlo requiere paciencia, conocimiento del territorio y buenas técnicas de rastreo. El guía sigue las señales que pueden llevar al éxito del avistaje. Al rato de la partida, se detienen al margen de la ruta para observar la primera señal: la alarma en la fauna local. Si los guanacos y choiques están alterados, miran fijamente hacia un lado específico o escapan en manada sin causa visible.

Siguiendo el andar de Facundo, detectan la segunda señal: huellas en la nieve. La huella del puma es redondeada, con la almohadilla en forma de pentágono y sin marcas de uñas porque las retrae. La pata delantera es más grande que la trasera. Mientras reconstruyen la escena, detectan la tercera señal: el vuelo de aves carroñeras. La presencia constante de aves como caranchos o cóndores bajando a un mismo punto en la estepa suele señalar un apostadero o una presa reciente del puma.

Junto a ella, se encuentra la quinta y más contundente señal: restos de presas. Encontrar guanacos o liebres parcialmente devorados y tapados con tierra, nieve o vegetación indica que el predador está cerca o volverá por su alimento. Más allá de las vastas señales, el puma no se deja ver, pero se sabe que anda cerca.

Al regresar a la camioneta, con los pies mojados por la nieve que llega hasta las rodillas, el guía, fundador de Safari Patagonia Argentina, comenta mientras inicia la marcha: “Otra clara señal es la migración de guanacos, ya que en invierno bajan de las zonas altas a los valles y cañadones buscando alimento. El puma sigue a sus presas principales a estas áreas más bajas”. La ilusión está intacta, así que avanzan por la ruta nacional 40.

El proceso de avistar fauna salvaje exige paciencia, constancia y disciplina. Con estas premisas avanzan hacia una nueva sección del recorrido, el Cañadón Caracoles. Por un rato abandonan la 40 para tomar la ruta provincial 101, que está cubierta de nieve y lleva hasta la famosa Cueva de las Manos. Ya en el área del cañadón, se ubican sobre el cantil de una pared para tomar posición y realizar el rastrillaje con binoculares.

En el cielo, los cóndores auguran el posible encuentro; dentro del cañadón, tres flamencos reposan en la escasa agua salitrosa. De repente, el guía detecta la presencia de un puma y su cachorro. Es muy importante guardar silencio y controlar la alegría. Finalmente, los encuentran con el lente descansando dentro de una pequeña cueva.

Haciendo zoom con la cámara, pueden ver cómo los observan. Facundo aprovecha para enseñarles. En cuanto al tamaño y peso, los machos adultos pesan entre 55 y 80 kilos, y las hembras, entre 30 y 60 kilos. A diferencia de los grandes felinos del género Panthera, el puma no ruge; se comunica mediante ronroneos, gruñidos, silbidos y chillidos. Posee una gran capacidad de salto, alcanzando hasta 5 metros en vertical y más de 10 metros en horizontal.

Es un animal solitario, muy territorial y de hábitos principalmente crepusculares y nocturnos. Es un carnívoro estricto y oportunista. “En la región patagónica y andina se alimenta principalmente de guanacos, además de choiques, liebres y otros mamíferos menores o ganado según la zona. Su rol en la Patagonia es vital para el equilibrio del ecosistema”, concluye el guía.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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