Sal gruesa en la lengua de suegra: por qué los jardineros la usan y qué riesgos tiene
La práctica casera se difundió en redes como ritual de protección, pero los especialistas advierten sobre el daño al sustrato y las raíces.

La lengua de suegra, cuyo nombre científico es Sansevieria, es una de las plantas de interior más elegidas en los hogares argentinos por su resistencia y bajo mantenimiento. En los últimos meses, una costumbre casera ganó terreno entre los aficionados a la jardinería: colocar un puñado de sal gruesa sobre la tierra, rodeando el tallo. La práctica se difundió en redes sociales y en ámbitos hogareños, donde se la asocia con la purificación energética de los ambientes.
Desde la botánica, el cloruro de sodio no aporta nutrientes esenciales para el crecimiento de la especie. Los especialistas advierten que un uso excesivo altera el equilibrio químico del suelo y provoca deshidratación en el tejido radicular. Quienes insisten en la práctica deben limitar la cantidad y aplicarla una vez al mes para evitar la acumulación de residuos tóxicos en la maceta.
El origen del hábito está en la creencia de que la sal funciona como un escudo contra energías negativas y envidias. Según esa tradición, el mineral depositado en la tierra crea una barrera simbólica que limpia el entorno y favorece la armonía familiar. "La salud de la planta influye de manera directa en el aire que se respira dentro de las viviendas", sostienen los especialistas en cuidado vegetal, un argumento que refuerza el interés por preservarla correctamente.
En paralelo, el feng shui analiza el rol de la lengua de suegra desde otra óptica, centrada en la ubicación y la energía dual. Sus hojas largas, firmes y puntiagudas funcionan, según esta disciplina, como un escudo capaz de repeler vibraciones nocivas. La especie también es valorada por su aporte a la purificación del aire, ya que elimina toxinas del ambiente. La rigidez de sus hojas simboliza determinación, disciplina y enfoque, cualidades que se proyectan en el espacio donde se ubica.
Sin embargo, el feng shui advierte sobre ciertos recaudos. Por su forma afilada, la planta puede generar las denominadas flechas envenenadas, una energía cortante que interrumpe el descanso. Por eso, el consejo principal es evitar colocarla en dormitorios o áreas de reposo. En su lugar, se sugiere ubicarla en entradas, pasillos o rincones con poca armonía, donde su presencia ayuda a disipar energías densas y a equilibrar el flujo vital del hogar.
La combinación de estos cuidados, sumada a la moderación en la aplicación de elementos externos como la sal, permite integrar la planta sin poner en riesgo su vitalidad biológica ni la estabilidad del ambiente. En última instancia, la clave reside en equilibrar la tradición con el conocimiento técnico de los especialistas.
Fuente: LA NACION
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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