Santos Vega: una versión teatral que recupera la leyenda y su búsqueda de amor
La obra de Luis Bayón Herrera, estrenada en 1913, vuelve al Teatro Nacional Cervantes bajo la dirección de Daniel Casablanca.

El Teatro Nacional Cervantes presentó una nueva versión de Santos Vega, la obra que Luis Bayón Herrera escribió en 1913 y que se estrenó ese mismo año en el Teatro Nuevo con la compañía de Pablo Podestá. La pieza, que permaneció casi olvidada por las investigaciones sobre el mítico payador, fue recuperada por el director Daniel Casablanca, quien también la adaptó junto a Guadalupe Bervih y Andrés Sahade.
El espectáculo, que se ofrece de jueves a domingos a las 20, propone una mirada sobre la soledad y la búsqueda de amor de un personaje que no es el gaucho perseguido de otras historias, sino un ser apocado que expresa sus pesares a través de la guitarra y el canto. La versión de Casablanca se mantiene fiel al texto original, aunque aporta a los personajes secundarios rasgos de melodrama, folletín y hasta caricatura.
La leyenda cuenta que Santos Vega se movía por los pagos del Tuyú y que con sus payadas embelesaba a los campesinos. Su aparición era como la de un fantasma que adquiere carnadura y, por unos pocos días, su presencia se convertía en fiesta. En la obra de Bayón Herrera, el personaje pierde su fuerza cuando logra conquistar el amor de Argentina, una muchacha que también sufría por su soledad.
“Mi patria es la inmensidad/de la pampa y mi ambición/conquistar un corazón/ que alivie mi soledad,/Mi ley es mi libertad,/mil aventuras mi vida/Y mi alma paloma herida/ de tanto sufrir y amar./Mi única cencia es cantar/qu’ es el sino de mi vida”, dice el personaje al presentarse, en una de las tantas décimas que componen la obra.
La acción se completa con canciones y coreografías que amplían la mirada sobre el clima campero. El coreógrafo Gustavo Carrizo combina danzas tradicionales como la milonga, la chacarera, el malambo y el pericón nacional, con un estilizado cruce de lenguajes en el que asoman valores del contemporáneo y ritmos urbanos. La música original de Diego Pérez y los arreglos de Fernando Sellés también resultan destacables.
En el elenco, Federico Llambí encarna a Santos Vega con una presencia escénica fuerte y expresa los matices de la conducta del personaje con rigurosidad. Rosario Albornoz compone a Argentina con ingenuidad y pasión. Pero uno de los momentos más atractivos es la aparición de Juan sin Ropa, interpretado por Pedro Maurizi, que se expresa cantando y bailando con un lenguaje contemporáneo que mezcla rap y hip hop. Ese cruce entre la historia legendaria y la actualidad callejera se convierte en una síntesis movilizadora.
Sin embargo, la dirección opta por no cerrar el espectáculo en ese final contundente y agrega un cuadro donde el equipo canta “Si se calla el cantor”, de Horacio Guarany, y otro en el que vuelven a unirse el canto y la danza. Una decisión que, según algunos espectadores, desdibuja la posibilidad de reflexionar sobre la evolución de un universo popular apasionante.
Fuente: LA NACION
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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