Historia

El choque de trenes de Torre del Bierzo: 100 muertos que el franquismo ocultó

Ocurrió en 1944, cuando un tren sin frenos chocó bajo tierra y desató un incendio. El nuevo accidente de Toledo volvió a poner aquella tragedia en el centro de la memoria española.

Redacción••4 min de lectura
Compartí esta nota:
El choque de trenes de Torre del Bierzo: 100 muertos que el franquismo ocultó

El 3 de enero de 1944, tres trenes chocaron dentro del túnel número 20, en Torre del Bierzo, España, y provocaron un incendio que se sostuvo durante días. La tragedia dejó unos 100 muertos, pero la censura del régimen de Franco y las dificultades para identificar a las víctimas mantuvieron su verdadera dimensión fuera del conocimiento público durante décadas.

El recuerdo volvió al presente por el nuevo accidente ferroviario en Toledo, que dejó al menos 68 muertos y conmocionó a España. Aquel episodio de la posguerra es uno de los más oscuros de la historia ferroviaria del país.

España atravesaba los primeros años de la posguerra. El carbón escaseaba, el abrigo era pobre y los trenes transportaban a miles de personas que intentaban recuperar cierta normalidad, mientras el resto de Europa seguía sumergido en la Segunda Guerra Mundial. Eran días de regreso: Navidad en versión posguerra, con primera, segunda y tercera clase, y la tercera apretada hasta el pasillo.

El correo-expreso 421 venía de Madrid a La Coruña con retraso. En Astorga lo revisaron: una de las locomotoras frenaba mal y por eso habían acoplado una segunda para ayudar. En pleno descenso del puerto de Brañuelas, esa locomotora auxiliar se desenganchó por un problema técnico. El tren siguió con una sola.

La velocidad subió, el margen bajó y el freno no alcanzó. En Albares de la Granja debía detenerse y no pudo. El jefe de estación lo vio pasar y llamó a Torre del Bierzo para avisar lo peor: el tren venía sin frenos. En la estación intentaron lo desesperado y lo viejo, tirar durmientes de madera sobre la vía, como escarbadientes contra un alud. No hubo tiempo. En menos de cinco minutos el correo entró a la estación silbando alarma y siguió derecho hacia el túnel número 20.

Dentro del túnel había una locomotora de maniobras con tres vagones. El maquinista intentó correrse, ganar metros, salir de la zona de impacto. No alcanzó: el correo 421 lo chocó en plena penumbra. Parte de la maniobra salió por el otro extremo, pero otros vagones quedaron adentro; del correo, la máquina y los primeros coches quedaron atrapados bajo tierra, mientras otros coches quedaron afuera, todavía a cielo abierto.

Los vagones que quedaron dentro empezaron a arder. Muchos eran de madera. En un túnel, el humo no se dispersa: se queda. El aire se acorta y la salida se vuelve confusa. Ya era una tragedia, y todavía faltaba lo peor.

En sentido contrario venía el tren de mercancías número 7742, cargado de carbón, con decenas de vagones. Tenía previsto cruzarse con el correo en estación, pero el retraso del 421 cambió el punto de cruce. El primer choque, además, rompió el sistema de señales. El tren de mercancía echó más carbón, la locomotora tomó fuerza y avanzó sin saber qué lo esperaba del otro lado.

Cuando salió del túnel 21 hacia el 20, el maquinista de la locomotora de maniobras, el mismo que había sobrevivido al primer impacto, apareció en la vía y trató de frenar lo inevitable: corrió, hizo señas, se plantó frente al nuevo tren. La pareja conductora del mercancías intentó frenar, pero no hubo distancia. El choque ocurrió igual y el maquinista que intentó avisar murió en ese segundo impacto.

Con el carbón, el incendio cambió de escala. Dentro del túnel número 20 ya había coches ardiendo tras el primer choque, pero el tercer tren convirtió el lugar en una caldera: humo negro, calor que no se va y vagones de madera que prenden rápido en un espacio sin ventilación. El fuego y el humo se sostuvieron durante días.

A las horas llegaron militares, jueces y directivos del ferrocarril estatal. Se organizó el operativo y se restringió el acceso de periodistas. La censura franquista hizo el resto: durante décadas, la magnitud real de la tragedia quedó fuera de los registros oficiales y de la conversación pública.

El cortometraje documental Túnel número 20, dirigido por Ramón de Fontecha y premiado con el Goya en 2002, reconstruyó aquel episodio y lo planteó como una puerta de entrada a esa España de sobrevivientes, donde viajar no era un derecho ni una experiencia, sino una necesidad. En el tren también volvía un equipo de fútbol de Betanzos, de un partido en Palencia: dos jugadores murieron y otro quedó gravemente herido.

Ochenta años después, el nuevo choque ferroviario en la provincia de Toledo volvió a instalar la pregunta por la seguridad de los trenes y por la memoria de las víctimas que el silencio oficial intentó borrar.

Por qué importa

La tragedia de Torre del Bierzo muestra cómo el poder puede borrar la dimensión de un desastre ferroviario. Su rescate, impulsado por el nuevo accidente de Toledo, reabre el debate sobre seguridad ferroviaria y sobre las víctimas que el silencio oficial dejó sin nombre.

Qué sigue

La investigación del choque de Toledo, que dejó al menos 68 muertos, sigue en curso y la comparación con Torre del Bierzo presiona por respuestas sobre las condiciones de la red ferroviaria española.

¿Te gustó esta nota?

Recibí lo más importante del día en tu correo. Sin spam, con opción de baja siempre.

Más en Historia