Psicología

Una psiquiatra advierte que mirar el celular en el trabajo agota el cerebro el doble

Pilar de Castro, especialista en neurociencia, explica que la atención sostenida dura entre 60 y 90 minutos y que las pausas con pantallas son un autoengaño.

Redacción••3 min de lectura
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Pilar de Castro, psiquiatra: "Después de trabajar 90 minutos, hay que parar y caminar o hablar con un compañero"

Mirar el celular unos minutos en mitad de la jornada laboral parece inofensivo. Sin embargo, ese gesto automático que muchos repiten para descansar de sus tareas perjudica más de lo que se cree. “El móvil es una recompensa inmediata a la curiosidad y la curiosidad es dopamina. Es como una adicción y nos incapacita para vivir en el presente y disfrutar de lo que estamos haciendo. Por eso todo nos cansa el doble”, explica Pilar de Castro, psiquiatra especializada en neurociencia y profesora en IESE, la escuela de negocios de la Universidad de Navarra.

La especialista advierte que el hábito impacta tanto en la productividad como en el estado de ánimo y en la satisfacción personal. “Si durante la jornada nos dispersamos constantemente, acabamos más cansados e insatisfechos, porque sabemos que no hemos hecho lo que teníamos que hacer”, sostiene.

Consultada sobre si el cerebro está preparado para trabajar ocho horas seguidas, De Castro responde que es imposible que el rendimiento sea óptimo. “El cerebro puede mantener la atención sostenida hasta los 60 o 90 minutos. Pasado este tiempo, el rendimiento baja”, afirma.

La clave, según la psiquiatra, son las pausas. “Hay que hacer pequeños descansos de cinco o diez minutos alcanzados esos 60 o 90 minutos y así lograr el equilibrio entre la noradrenalina y la dopamina, los neurotransmisores que se encargan de la ejecución y la concentración”, explica. Por debajo de ese equilibrio, agrega, se está cansado y se cometen más errores; por encima, se está estresado y la concentración se fragmenta.

Lo que no hay que hacer en esos descansos es tomar el celular. “Cuando uno lo hace, la atención se fragmenta más, se agota y disminuye la eficiencia de la energía cerebral. Parece que descansamos porque cambiamos de actividad, pero es un autoengaño”, remarca. Tanto el móvil como las pantallas consumen energía de forma poco eficiente y hacen perder tiempo para volver a concentrarse. Incluso ver una serie o televisión entre semana no es lo ideal si se quiere rendir bien al día siguiente.

De Castro menciona un experimento realizado en Estados Unidos en una misma empresa, donde se comparó a trabajadores a los que se les limitaba el acceso al correo durante unas horas con otros que podían consultarlo continuamente. “La eficiencia de estos últimos bajaba un 40 %. Es muchísimo”, asegura. Y agrega: “Estas evasiones dopaminérgicas nos van incapacitando para tareas difíciles y para el esfuerzo mental. Nos vamos haciendo inútiles”.

El efecto, según la especialista, excede el ámbito laboral. “Nos estamos haciendo más frágiles mentalmente como sociedad. Nos cansamos antes, toleramos menos la frustración y nos aburrimos más rápido, incluso en las conversaciones. Y el aburrimiento es enemigo del disfrute, de la felicidad y de la satisfacción”, afirma.

El uso del celular también afecta las relaciones personales. “El celular se adapta a nosotros de forma inmediata, pero las relaciones humanas no funcionan así. Requieren tiempo, escucha y presencia. Eso hace que cada vez nos cuesten más y que haya más aislamiento social”, explica.

Desde el punto de vista empresarial, De Castro no apuesta por prohibir. “Más que prohibir, porque necesitamos sentirnos libres, lo que hay que hacer es educar a la sociedad y que la empresa eduque a sus trabajadores. Lo ideal es que los empleados aprendan a medir su rendimiento y lo muestren, para que no se autoengañen”, sostiene.

Sobre cómo deberían ser los descansos bien hechos, la psiquiatra recomienda: “Lo ideal es parar, respirar, salir a andar unos minutos, hablar con un compañero, leer una cosa distinta, tomar un café. Hacer una actividad que nos distraiga de una manera sana”. El contacto social, por ejemplo, activa la oxitocina y la serotonina, y eso mejora el ánimo y el trabajo en equipo.

Para cerrar, insiste en que el descanso sea breve, porque cuanto más se alarga, más cuesta retomar el trabajo. Y sobre todo, evitar estímulos, mantener la atención en el presente, autoanimarse y ser consciente de los logros conseguidos durante la jornada.

Por qué importa

El consejo apunta a un hábito extendido en oficinas y entornos laborales: las pausas con celular parecen descanso, pero reducen la concentración y la productividad. La advertencia también vincula el uso del móvil con más cansancio, menos tolerancia a la frustración y mayor aislamiento social.

Qué sigue

La especialista propone que las empresas eduquen a sus empleados en lugar de prohibir el celular, y que cada trabajador aprenda a medir su rendimiento para no autoengañarse. No hay una medida regulatoria ni un plazo concreto en debate.

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