Opinión

La visita del papa León XIV a la Argentina: la Iglesia pide unidad y advierten por la grieta

La jerarquía eclesiástica debería extremar esfuerzos para que la llegada del pontífice sea motivo de esperanza y reconciliación, y no un nuevo escenario de disputas políticas

Redacción••2 min de lectura
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La visita del papa León XIV a la Argentina: la Iglesia pide unidad y advierten por la grieta

La próxima visita del papa León XIV a la Argentina debería constituir una oportunidad excepcional para promover la reconciliación entre los argentinos. Sin embargo, algunas intervenciones recientes de la jerarquía de la Iglesia local parecen correr el riesgo de trasladar a ese acontecimiento pastoral las mismas confrontaciones políticas que tanto daño han causado al país.

El arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, ha insistido en describir una Argentina herida por la pobreza, la intolerancia y las divisiones sociales. Su preocupación es legítima: la Iglesia no solo tiene derecho, sino también la obligación moral de denunciar las injusticias y defender a quienes sufren.

Pero importa también cómo, cuándo y en qué contexto se formulan esas advertencias. La pobreza, la inflación, la decadencia institucional y las fracturas sociales argentinas no comenzaron con el actual gobierno. Son el resultado de décadas de desaciertos, irresponsabilidades y fracasos de administraciones de distinto signo político.

Presentarlas sin esa perspectiva histórica puede alimentar una interpretación política partidaria de problemas que exceden largamente a cualquier gestión. Tampoco la Iglesia está exenta de examinar su propia conducta frente a esa prolongada decadencia. Su autoridad moral se fortalece cuando aplica los mismos criterios a todos los gobiernos, sin silencios complacientes ni indignaciones selectivas.

La misión del Papa no consiste en arbitrar las controversias partidarias argentinas, sino en transmitir un mensaje espiritual capaz de trascenderlas

Resultaría lamentable que la visita de León XIV terminara convertida en un nuevo escenario de disputas políticas. La misión del Papa no consiste en arbitrar las controversias partidarias argentinas, sino en transmitir un mensaje espiritual capaz de trascenderlas.

En ese marco, la jerarquía eclesiástica debería extremar sus esfuerzos para que ese acontecimiento sea una ocasión de encuentro, esperanza y reconciliación. No se puede reclamar el fin de la grieta y, al mismo tiempo, contribuir a profundizarla.

Quienes predican la concordia tienen una responsabilidad especial de practicarla. La Argentina necesita que la visita papal ayude a cerrar heridas, no que se convierta en otra oportunidad para reabrirlas.

Por qué importa

La llegada del pontífice puede convertirse en un punto de unidad o en un nuevo capítulo de la grieta. Lo que haga y diga la Iglesia local en los meses previos definirá si el mensaje espiritual trasciende la disputa partidaria.

Qué sigue

Resta definir la fecha concreta de la visita y la agenda oficial del pontífice en el país. En ese lapso, se verá si la jerarquía eclesiástica mantiene un rol pastoral por encima de la coyuntura política.

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