Jardinería

Los siete jardines botánicos que guardan el futuro de las plantas del planeta

De Londres a Sídney, reúnen colecciones únicas, bancos de semillas y especies amenazadas, con historias marcadas por exploradores, científicos y gobernantes.

Redacción••4 min de lectura
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Los siete jardines botánicos que guardan el futuro de las plantas del planeta

Siete jardines botánicos repartidos entre el Reino Unido, Francia, Estados Unidos, Brasil, Australia, Sudáfrica y Singapur concentran algunas de las colecciones vegetales más importantes del planeta. Entre todos suman cientos de miles de especies, invernaderos que datan del siglo XIX, bancos de semillas pensados para sobrevivir a cualquier catástrofe y reconocimientos de la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Detrás de cada uno hay también una historia de fundación insólita, con princesas, exploradores y científicos que transformaron un pedazo de tierra en un símbolo nacional.

El más emblemático es Kew, al suroeste de Londres: ocupa 120 hectáreas y alberga más de 50.000 especies. La Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 2003 y su Banco de Semillas del Milenio resguarda 2.400 millones de semillas.

Su historia arrancó en 1759, cuando Augusta, princesa viuda de Gales, sembró allí un jardín de plantas exóticas que con los años se volvió referencia mundial. Hoy más de 350 investigadores estudian la biodiversidad vegetal en ese predio. El Invernadero Templado, el mayor invernadero victoriano que aún se conserva, resguarda 1.200 especies raras y amenazadas de Asia, África, América y Oceanía, mientras el Invernadero de las Palmeras recrea una selva tropical bajo estructuras de hierro del siglo XIX. Para los aficionados al jardín, hay criterios que conviene conocer: los errores más comunes en primavera suelen repetirse incluso en los grandes espacios verdes.

En 1888, durante su luna de miel en Londres, el botánico Nathaniel Lord Britton caminó junto a su esposa Elizabeth por los senderos de Kew. Esa tarde nació una idea: Nueva York necesitaba un jardín así. En 1891 la Legislatura del Estado creó el Jardín Botánico de Nueva York, sobre tierras de la finca Lorillard, en el Bronx. El proyecto contó con el respaldo de Vanderbilt, Carnegie y Morgan, que igualaron los US$ 250.000 reunidos por la ciudad.

Hoy el NYBG ocupa 101 hectáreas y reúne unas 12.000 especies de casi todo el mundo. En su corazón sobrevive el Bosque de la Familia Thain, resto del bosque original de la ciudad, con robles, hayas y cerezos de más de dos siglos. El Jardín de Rosas Peggy Rockefeller guarda más de 650 variedades, con su mejor momento entre mayo y octubre, y en primavera florecen 200 cerezos. Declarado Monumento Histórico Nacional en 1967, recibe cada año a más de un millón de visitantes.

El Jardín de las Plantas ocupa casi 24 hectáreas en el V distrito de París, junto al Sena. Lo fundó en 1626 Guy de la Brosse, médico de Luis XIII, como jardín real de plantas medicinales, y solo abrió sus puertas al público en 1635. La Revolución Francesa cambió su destino: en 1793 se convirtió en sede del Museo Nacional de Historia Natural.

Bajo tierra duermen las plantas perennes del jardín de estilo holandés, con más de cien variedades de iris que estallan en color cada mayo. En las alturas, la colina del laberinto guarda la Gloriette de Buffon, de 1788, una de las estructuras metálicas más antiguas del planeta. Entre ambos extremos se despliegan la Escuela de Botánica, con 2.500 especies clasificadas según su evolución, y el Jardín Alpino, que recrea con microclimas artificiales las condiciones de montañas de todo el mundo.

El Real Jardín Botánico de Sídney, inaugurado en 1816, es la institución científica más antigua de Australia. Alberga 23.885 plantas y 8.221 taxones diferentes, y junto a The Domain Sydney y The Australian PlantBank suma más de 11.900 especies de más de 300 familias botánicas, entre ellas palmeras, orquídeas, cícadas, helechos y suculentas, muchas raras o en peligro de extinción. Una estrategia de colecciones vivas a 20 años guía el crecimiento y la conservación de ese patrimonio.

El sistema incluye además el Jardín Botánico Australiano de Mount Annan, el más grande del país, con más de 2.500 especies nativas y el Bosque de la Llanura de Cumberland, en peligro crítico, y el Jardín Botánico de las Montañas Azules. En conjunto, estos espacios funcionan como una red de respaldo genético frente a la pérdida de biodiversidad. Quienes buscan replicar algo de esa lógica en casa pueden empezar por residuos de la cocina que ayudan al jardín.

Por qué importa

Estos jardines funcionan como una red global de respaldo genético frente a la pérdida de biodiversidad: sus bancos de semillas y colecciones vivas conservan especies que podrían desaparecer en la naturaleza.

Qué sigue

La estrategia de colecciones vivas a 20 años del Real Jardín Botánico de Sídney marcará el rumbo de la conservación en Australia. En paralelo, los bancos de semillas seguirán ampliando su respaldo genético ante el cambio climático.

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