Derechos Humanos

A los 18 años descubrió que su novio difundía sus fotos en X sin consentimiento

Clara, estudiante de La Plata, recibió un aviso sobre imágenes suyas circulando en redes. Una foto íntima que solo había compartido con él la llevó a descubrir la verdad.

Redacción3 min de lectura
A los 18 años descubrió que su novio difundía sus fotos en X sin consentimiento
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Clara Quarteroni tenía 18 años cuando recibió un mensaje que cambió su vida. Estudiaba Ciencias Políticas en La Plata y esperaba a su novio en una plaza cuando una chica desconocida le escribió por Instagram: sus fotos estaban siendo difundidas en una cuenta de Twitter acompañadas de comentarios sexuales. No sabía que el responsable era la persona en la que más confiaba.

El usuario de X tenía más de 3.000 seguidores y publicaba imágenes de jóvenes platenses extraídas de sus cuentas personales de Instagram y TikTok. Algunas estaban manipuladas con inteligencia artificial para mostrarlas desnudas; otras, como las de Clara, eran originales. En todos los casos, los comentarios ofrecían dinero a cambio de nombres reales o usuarios de las chicas. "Te doy 5k por el usuario de ella", escribió alguien debajo de una foto de la joven.

Paralizada, Clara le escribió a su novio. Él respondió que ya conocía la cuenta porque compañeros del colegio se la habían mostrado, e incluso afirmó que había intentado denunciarla. Pero mientras seguía chateando con quien la había alertado, Clara descubrió algo crucial: casi todas sus fotos provenían de sus redes sociales, salvo una. Una imagen tomada en la playa, en bikini blanca, que nunca había publicado. Solo se la había enviado a él.

"Ahí sentí un frío en el cuerpo", recuerda hoy a los 19 años. "Me di cuenta de que había sido él el que la había compartido". En ese momento de revelación, en el banco de una plaza de su ciudad, Clara entendió que había sido víctima de violencia sexual digital.

En Argentina, la difusión sin consentimiento de imágenes íntimas se encuadra en la Ley Olimpia, sancionada en 2023. Esta normativa reconoce como violencia digital la distribución de contenido íntimo sin permiso, la exposición de datos personales y la manipulación de imágenes mediante inteligencia artificial.

Cuando enfrentó a su novio, él negó todo y le mostró un inicio de sesión desconocido en el Google Fotos de Clara. "Yo en ese momento no entendía nada de digitalidad. Y le creí", dice. La explicación del hackeo se mantuvo durante semanas, hasta que la verdad salió a la luz de una forma inesperada.

En noviembre, Clara fue a dormir a casa de su novio. Hacía poco habían cumplido un año juntos. Él le prestó la computadora para terminar un trabajo práctico. Cuando abrió un Word para insertar una imagen, aparecieron decenas de capturas de pantalla. Todas eran fotos robadas de Instagram: amigas suyas, amigos de él e incluso su hermana de 14 años. "Me corrió un escalofrío por el cuerpo. Me quedé dura", recuerda.

Hoy, a los 19 años, Clara ha transformado su experiencia en militancia. Cambió de carrera a Comunicación Digital en la Universidad Nacional de La Plata y participa en un programa de streaming donde tiene una columna sobre inteligencia artificial y cultura digital. "Lo que me pasó hizo que cambiaran muchas cosas en mi vida", afirma.

También integra Altavoz, un programa federal creado por jóvenes que busca concienciar sobre salud mental, salud sexual e investigación. Desde esos espacios, Clara alerta sobre la falta de herramientas legales y educativas para abordar situaciones como la que atravesó. "Aprendí a los golpes. Por eso hablo de esto: para que otras chicas no tengan que atravesarlo solas", subraya.

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