Caso Ian: entregó a su hijo para que la jueza lo escuchara y la audiencia no se concretó
Gabriela Neme denunció que Elena accedió a entregar al niño de 11 años confiando en que sería oído por la jueza Nadia Caballero en Clorinda, pero la entrevista no se realizó.

La abogada Gabriela Neme denunció que Elena, madre de Ian, el niño de 11 años que escapó de un hogar de minoridad en Formosa, accedió a entregar a su hijo confiando en que sería escuchado por la jueza de Menores de Clorinda, Nadia Soledad Caballero. Según su relato, la audiencia nunca se concretó y el menor terminó descompensado y trasladado al Hospital Arnedo.
El caso sumó un nuevo capítulo. Ya no se discute solo el lugar donde permanecerá alojado el niño ni las graves denuncias de presuntos maltratos que rodean su paso por el sistema provincial de minoridad. El eje ahora es otro: Ian debía ser escuchado por la Justicia y, de acuerdo con la denuncia, eso no ocurrió.
Neme cuestionó con dureza la actuación de la jueza Caballero. Sostuvo que Elena venía resistiéndose a entregar nuevamente a Ian porque el menor manifestaba miedo y rechazo a regresar al sistema institucional. El reclamo era concreto: antes de decidir sobre su destino, que alguien escuchara al chico.
Con esa premisa, la madre accedió. Sin embargo, la abogada afirma que ocurrió lo contrario: una vez que Ian quedó bajo control institucional, la entrevista judicial que esperaba la familia no se habría realizado. Por eso Neme habla directamente de un engaño a la madre.
"Lo entregamos para que lo escuchen y no lo escucharon", sostiene la denuncia.
Lo sucedido después agrava el cuadro. Neme relató que mientras permanecían en el edificio judicial comenzaron a escucharse gritos provenientes del sector donde se encontraba Ian. Según su testimonio, el niño golpeaba un vidrio y pedía auxilio. Su madre consiguió acercarse y abrazarlo en medio de una situación de enorme tensión.
Ian terminó trasladado al Hospital Arnedo de Clorinda y quedó bajo observación médica. La secuencia resulta difícil de ignorar: un niño que había escapado de una residencia, que según su madre manifestaba que no quería regresar y que debía tener la posibilidad de explicar lo que estaba viviendo, terminó nuevamente hospitalizado sin que, según la denuncia, pudiera concretarse la audiencia esperada con la jueza.
La pregunta atraviesa todo el expediente. Ian tiene apenas 11 años. No se trata solamente de determinar dónde debe permanecer alojado. Se trata de establecer por qué escapó, qué ocurrió dentro de la institución anterior, por qué manifiesta resistencia a regresar y qué tiene para contar sobre las graves situaciones denunciadas por su madre.
Neme viene reclamando públicamente: "Jueza: escuche a Ian". Pero ahora la crítica adquiere otra dimensión. Porque según su denuncia, Ian estuvo en Tribunales, estuvo a disposición de la Justicia y existía la posibilidad concreta de escucharlo. Sin embargo, la jueza no lo habría hecho.
Entonces la pregunta ya no es únicamente cuándo será escuchado. La pregunta es por qué no fue escuchado cuando estaba allí.
Finalmente, Ian no habría sido restituido al Hogar Remedios de Escalada, del cual había escapado, sino trasladado al Hogar Crecer. La modificación puede representar un cambio respecto de la controvertida decisión inicial de devolverlo a la misma residencia. Pero cambiarlo de establecimiento no responde los interrogantes centrales.
Qué ocurrió dentro del hogar anterior. Por qué Ian escapó. Si fueron investigadas las denuncias de presuntos golpes, castigos y sobremedicación. Qué dijeron los responsables de la institución. Y, fundamentalmente, por qué la jueza no escuchó personalmente al niño antes de resolver sobre su destino, como denuncia Neme.
El Estado sostiene que el sistema provincial de niñez cuenta con equipos interdisciplinarios, controles judiciales y mecanismos destinados a garantizar los derechos de los menores institucionalizados. Pero el caso Ian plantea una contradicción difícil de soslayar.
Si la palabra del niño constituye una pieza fundamental para conocer qué está sucediendo, cómo puede tomarse una decisión tan trascendente sobre su vida sin escucharlo directamente, si efectivamente ocurrió como denuncia Neme.
La Justicia había demostrado enorme capacidad para intimar a Elena a entregar inmediatamente a su hijo bajo apercibimiento. Hubo órdenes, actuaciones, intervención policial y decisiones sobre dónde debía permanecer. Para exigir la entrega del niño hubo urgencia. Para escucharlo, según denuncia Neme, no.
La acusación de que Elena habría sido inducida a entregar a Ian creyendo que el niño sería escuchado exige una explicación oficial. Porque una cosa es una discrepancia jurídica respecto de una medida de protección. Otra muy distinta sería que una madre, en medio de semejante situación de vulnerabilidad, hubiera entregado a su hijo confiando en una instancia judicial que después no se concretó.
Neme cuestiona precisamente eso: que se consiguió poner nuevamente a Ian bajo control institucional, pero no se habría cumplido aquello que la familia consideraba esencial antes de entregarlo: que el niño pudiera hablar ante la jueza.
El caso deja una imagen incómoda para todo el sistema de protección provincial. Ian escapó. Ian manifestó que no quería volver. Su madre y sus abogadas denunciaron presuntos maltratos. La Justicia intimó a entregarlo. La madre finalmente lo entregó. El niño llegó a Tribunales. Según Neme, gritó y pidió auxilio. Terminó en un hospital. Fue destinado a otro hogar. Pero la jueza que debía decidir sobre aspectos centrales de su vida no lo habría escuchado personalmente.
Por eso, cambiar a Ian de residencia no puede cerrar el caso. Tampoco puede borrar las denuncias anteriores ni transformar en un detalle administrativo la forma en que se produjo su entrega. La Justicia debe explicar qué ocurrió. Y sobre todo deberá responder una pregunta mucho más sencilla que cualquier expediente: si Ian estuvo ahí, si tiene 11 años, si había escapado y si quería contar por qué no deseaba volver, por qué la jueza no lo escuchó.
Porque si, como denuncia Gabriela Neme, convencieron a una madre de entregar a su hijo para que finalmente fuera escuchado y después no lo escucharon, el problema ya no es solamente dónde alojaron a Ian. El problema es qué clase de sistema de protección puede movilizarse para recuperar a un niño, pero fracasar justamente a la hora de hacer lo más elemental: escuchar qué tiene para decir.
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