Afganistán: las mujeres resisten en secreto el régimen talibán que las borró de la vida pública
Más de 160 decretos restringen su vestimenta, movimiento y educación, mientras algunas estudian a escondidas para no perder el futuro.

El regreso del régimen talibán al poder en Afganistán sumió a las mujeres del país en un sistema de restricciones que las borró de la vida pública. Más de 160 decretos emitidos por el emirato controlan su vestimenta, limitan sus posibilidades de expresión y de movimiento, y les prohíben el acceso a la educación secundaria y superior. La situación retrotrae su condición a la que tenían a fines de los 90.
Las medidas también golpean el empleo: sin oportunidades laborales, las mujeres afganas enfrentan severos apremios económicos. Un relevamiento de las Naciones Unidas registró niveles crecientes de estrés, preocupación y presión, en línea con el deterioro de su salud mental. La mitad de ellas reconoce que sale de su casa apenas una o dos veces al mes.
En 2024, la actriz Meryl Streep denunció ante la ONU que en Kabul una gata y una ardilla tienen más derechos que una mujer o una niña a las que se les prohíbe el acceso a un parque público. "Hasta un pájaro puede cantar allí, mientras una mujer tiene prohibido usar su voz en público", planteó entonces la actriz, que buscó convocar el apoyo internacional para detener la sofocación de las afganas.
El mundo, sin embargo, parece haberse acostumbrado a este estado de cosas. El régimen controla el país como un emirato islámico teocrático, aunque internacionalmente se lo siga conociendo como República Islámica de Afganistán, y no da señales de moderarse para ser aceptado globalmente. Rusia fue el primer país en reconocer formalmente al gobierno talibán. China profundizó sus relaciones económicas. Emiratos Árabes, Pakistán y Uzbekistán establecieron relaciones diplomáticas.
Pese a la letanía de prohibiciones, algunas mujeres y niñas sostienen su educación en secreto, muchas veces a la distancia. Una joven profesora se conecta por internet para enseñar español a sus compatriotas que, a diferencia de ella, que pudo huir a España, permanecen en el país. Es voluntaria de Afghanistan Youth Leaders Assembly (AYLA), una organización que fomenta el liderazgo y la educación entre jóvenes afganas mediante la enseñanza en línea para quienes quedaron excluidas de la escolarización.
Mientras esperan que el régimen termine, esas mujeres temen que sus voces se apaguen y el mundo las olvide. Sostener su educación en secreto es aferrarse a un futuro que el régimen les niega. El reclamo internacional sigue pendiente: no dejar que la situación de las afganas quede fuera de la agenda global.
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