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Advertencia sobre China en IDEA: "Hay líneas rojas" que Estados Unidos no tolera

Margaret Myers, especialista de la Universidad Johns Hopkins, describió los límites que Washington observa ante el avance de Pekín y pidió una estrategia propia para la Argentina

Redacción••4 min de lectura
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“Hay líneas rojas”: la advertencia sobre China que escucharon los empresarios en IDEA

MAR DEL PLATA.- Hay inversiones chinas que Estados Unidos observa con atención. Y hay otras que preferiría no ver. "Hay líneas rojas", advirtió Margaret Myers ante los empresarios reunidos en el 62° Coloquio de IDEA. Hablaba de puertos, cables submarinos, telecomunicaciones, sistemas de vigilancia y tecnología espacial.

Myers es Managing Director del Institute for America, China, and the Future of Global Affairs y profesora en la School of Advanced International Studies (SAIS) de la Universidad Johns Hopkins. También es asesora senior del programa de Asia y América Latina del Inter-American Dialogue y trabajó como analista para el Departamento de Defensa de Estados Unidos.

"Hay proyectos que obviamente preocupan profundamente a Estados Unidos", dijo. Washington tiene un conjunto de "líneas rojas" que no están bien definidas, pero que los países latinoamericanos deberán comprender si pretenden anticipar la reacción norteamericana ante determinadas inversiones chinas.

La lista incluye vigilancia y tecnologías de la información, cables submarinos, redes de telecomunicaciones y proyectos espaciales. Añadió la infraestructura crítica y se detuvo en los puertos y obras de transporte con capacidad de "doble uso": civil y militar. "Comprender cómo Estados Unidos define estas pautas será fundamental, no solamente para la Argentina, sino para numerosos países de esta región", sostuvo.

No fue una exposición destinada a pedirle a la Argentina que eligiera una bandera. Myers explicó lo contrario: China es ya demasiado importante para que América Latina pueda prescindir de ella y Estados Unidos conserva demasiado peso como para que la región pueda ignorarlo. La dificultad consiste en convivir con ambos cuando ambos compiten entre sí.

Al comenzar su presentación, contó que estudió en Buenos Aires hace 25 años y definió aquella estadía como una experiencia formativa. Regresó ahora con una descripción menos apacible del mundo: "Las condiciones están cambiando de maneras y a una velocidad que no hemos visto en el pasado reciente", señaló.

Su tesis es que la relación entre Estados Unidos y China atraviesa una "transformación estructural". Lo que comenzó como fricción comercial, especialmente durante la primera presidencia de Donald Trump, evolucionó hacia una disputa por la supremacía tecnológica, con la inteligencia artificial en el centro, que alcanza también a la arquitectura financiera internacional y a las reglas del comercio global.

Eso no significa que Washington y Pekín hayan clausurado cualquier posibilidad de entendimiento. Myers señaló que la relación seguirá oscilando entre cooperación y confrontación e incluso mencionó la posibilidad de un aumento de las inversiones chinas en Estados Unidos, una hipótesis difícil de imaginar pocos años atrás.

Detrás de esa pulseada hay razones domésticas. China enfrenta una desaceleración del crecimiento y fuertes desafíos demográficos y estructurales. Estados Unidos mira con preocupación su propia desindustrialización y su capacidad para competir con la potencia asiática. Pekín respondió profundizando una política industrial que alcanza desde el acero, los químicos y los textiles hasta maquinaria industrial, productos farmacéuticos, aviación y nuevas tecnologías.

Según las estimaciones presentadas por Myers, China destinará alrededor del 5% de su PBI al respaldo de esas industrias, a través de subsidios y una amplia variedad de mecanismos. La estrategia tiene una consecuencia que ya se siente fuera de sus fronteras: una economía con semejante capacidad productiva necesita mercados donde colocarla. Y América Latina es uno de ellos.

Las exportaciones chinas hacia la región, explicó, están creciendo a un ritmo considerablemente mayor que las ventas latinoamericanas hacia China. Y no se trata solamente de autos eléctricos, teléfonos inteligentes o productos asociados con la nueva economía. También aumentan con fuerza los envíos de mercadería de bajo valor. "China necesita colocar su capacidad productiva", resumió Myers.

El fenómeno ya provoca respuestas. La Unión Europea aumentó la utilización de instrumentos de defensa comercial frente a China; Japón y Corea del Sur aprobaron nuevas normas de seguridad económica y, dentro de América Latina, México, Brasil, Colombia, Chile y Perú recurrieron a diferentes medidas, principalmente comerciales, para proteger determinados sectores frente a lo que consideran desequilibrios en la relación con Pekín.

¿Qué debería hacer la Argentina? Myers recomendó diversificar sus asociaciones económicas, buscar oportunidades con Estados Unidos, Europa y otros socios y, al mismo tiempo, conservar y ampliar sus vínculos con China cuando resulten beneficiosos. Pero introdujo una prevención destinada especialmente a quienes toman decisiones de inversión: "El precio no puede ser el único criterio".

Por qué importa

La advertencia llega en un momento en que la Argentina debate su política exterior y sus vínculos comerciales con China y Estados Unidos. Las decisiones de inversión en infraestructura crítica pueden condicionar la relación con Washington y el acceso a financiamiento internacional.

Qué sigue

El Gobierno aún no definió una estrategia formal frente a la competencia entre Washington y Pekín. El próximo paso será observar cómo se posiciona la Argentina en las negociaciones comerciales y si avanza en acuerdos de inversión con alguno de los dos bloques.

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