Alerta global por el retroceso democrático: 6.000 millones viven bajo autocracias
Informes internacionales advierten que la libertad retrocedió por vigésimo año consecutivo y que las democracias ya no caen por golpes, sino desde adentro

La democracia atraviesa su prueba más exigente desde el inicio de la Tercera Ola y el desenlace todavía no está escrito. Así lo indican las evaluaciones internacionales difundidas en torno del Día Internacional de la Democracia, que se conmemoró el 15 de setiembre. La recesión democrática se prolonga, la autocratización avanza, la inteligencia artificial y los algoritmos multiplican la capacidad de manipular el debate público, y Estados Unidos renunció al papel que cumplió durante décadas como garante del orden liberal.
El instituto V-Dem lo plantea desde el título de su informe 2026: "¿Se está desmoronando la era democrática?". A fines de 2025 contabilizaba 92 autocracias frente a 87 democracias. El 74% de la población mundial, unos 6.000 millones de personas, vive bajo regímenes autocráticos, mientras apenas el 7%, cerca de 600 millones, reside en democracias liberales.
El dato más elocuente es otro: hoy hay más personas en autocracias cerradas, 2.300 millones, que en democracias electorales y liberales combinadas, 2.200 millones. La tendencia no distingue regiones ni niveles de desarrollo.
Freedom House ofrece una valoración similar. La libertad global retrocedió en 2025 por vigésimo año consecutivo: 54 países registraron deterioros en derechos políticos y libertades civiles, frente a 35 que avanzaron. IDEA Internacional advierte que 2025 marcó el undécimo año seguido en que los retrocesos superaron a los avances: 98 países, el 57% de los evaluados, mostraron deterioros, frente a 55, el 32%, que progresaron.
El retroceso ya no respeta a las democracias que se creían blindadas. Varios países europeos y también Estados Unidos cayeron en diversos indicadores a mínimos de medio siglo. El país norteamericano sufrió una degradación de democracia liberal a electoral. Si durante décadas Washington combinó cálculo geopolítico con una promoción imperfecta pero real de la democracia, Donald Trump desmontó buena parte de ese andamiaje, recortó la cooperación democrática y normalizó la cercanía con líderes autoritarios.
A esto se suma una mutación en la forma en que mueren las democracias. Ya no lo hacen por golpes de cuartel, sino desde adentro: líderes depredadores que llegan al poder mediante elecciones legítimas y luego colonizan gradualmente el Parlamento, la Justicia y los árbitros electorales, hostigan a la prensa y a los defensores de derechos humanos, y reescriben las reglas para perpetuarse. Todo bajo la retórica de una "voluntad popular" supuestamente amenazada por élites conspiradoras. Las elecciones no se cancelan: se vacían de contenido.
Sería un error, sin embargo, confundir tendencia con destino. En numerosos países, sociedades civiles movilizadas, autoridades electorales y tribunales independientes, y medios de comunicación valientes siguen demostrando capacidad para contener el avance del autoritarismo. La autocratización es una fuerza poderosa, pero no invencible ni irreversible.
En América Latina, según V-Dem, el 71% de la población vivía en 2025 bajo regímenes democráticos, pero apenas el 5% lo hacía en democracias liberales. Uruguay, y en menor medida Costa Rica y Chile, conserva las instituciones de mayor calidad. Cuba y Nicaragua son dictaduras, mientras Venezuela atraviesa la singular situación de un "neoprotectorado" estadounidense. Haití padece un colapso estatal y El Salvador avanza por una senda autoritaria tolerada por amplios sectores sociales debido a los resultados del Gobierno en materia de seguridad. Entre estos extremos coexisten democracias resilientes, como la Argentina, sistemas estancados y regímenes híbridos.
El PNUD, en su informe Democracias bajo presión, sostiene que Latinoamérica continúa siendo la región más democrática del mundo en desarrollo. Pero esa conquista convive con un malestar creciente: la insatisfacción con la democracia aumentó del 56,2% en 1995 al 64,7% en 2024. A ello se suman Estados débiles, desigualdad persistente, corrupción, violencia criminal, expansión del narcotráfico y sistemas de representación fragmentados.
Pese a ello, El pulso de la democracia 2026 de LAPOP revela una paradoja. El 65% de los latinoamericanos considera que, con sus claroscuros, la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno. Esa señal alentadora coexiste con una preocupante tolerancia hacia fórmulas iliberales y liderazgos fuertes dispuestos a sortear los obstáculos del Congreso, la Justicia, la oposición o los derechos de las minorías. Para muchos ciudadanos, la democracia empieza a significar menos pluralismo y límites al poder que capacidad para resolver problemas.
El fenómeno tiene nombre: "eficracia iliberal". Se trata de la disposición a sacrificar procedimientos democráticos y garantías del Estado de derecho a cambio de que el gobierno resuelva problemas inmediatos. Su atractivo es comprensible, pero su peligro es innegable: un gobierno sin contrapesos puede ofrecer resultados rápidos y también destruir los mecanismos necesarios para fiscalizarlo, corregirlo y, llegado el momento, sustituirlo de manera pacífica.
Frente a este panorama, los especialistas plantean tres ejes. Primero, abrir un debate riguroso sobre la democracia, como aconseja Daniel Innerarity, para gobernar democráticamente la complejidad de las sociedades actuales. Segundo, reconstruir sus fuentes de legitimidad: de origen, de ejercicio y de resultados. Tercero, impulsar una agenda ambiciosa de reformas capaz de responder a los problemas antes de que el malestar con el funcionamiento del sistema se transforme en rechazo al sistema mismo.
Por qué importa
El declive democrático ya no es un fenómeno lejano: afecta a 6.000 millones de personas y llegó a Estados Unidos, que abandonó su rol de garante del orden liberal. En América Latina, la insatisfacción con la democracia crece y gana terreno la tolerancia a liderazgos iliberales que prometen resultados a cambio de menos contrapesos.
Qué sigue
La clave estará en si los países logran renovar sus instituciones y reconstruir la legitimidad democrática antes de que el malestar ciudadano se convierta en rechazo al sistema. Los próximos informes anuales de V-Dem y Freedom House medirán si la tendencia se revierte o se profundiza.
¿Te gustó esta nota?
Recibí lo más importante del día en tu correo. Sin spam, con opción de baja siempre.
Relacionadas
Más de #retroceso democrático →
Javier Cercas: "Europa es el gran bastión de la democracia en el mundo"

Encuestas: el miedo al kirchnerismo ya no alcanza y Milei pierde terreno entre los independientes

Augusto Cury, candidato a presidente de Brasil: "Las puertas están cerradas tanto para Lula como para Flavio Bolsonaro"

Macri reapareció en Jujuy y cuestionó el "superávit fiscal de baja calidad" de Milei

Estados Unidos vuelve a rescatar a Milei con inversiones y descomprime el escándalo de Olivos

Milei y Kicillof se adelantaron en Nueva York y la economía argentina quedó en la mira
Más en Política
Más leídas
7 días- 1
Sydney Sweeney cumple 29 años: de la polémica campaña desnuda a sus próximos desafíos en Hollywood
Espectáculos
- 2
Irán rechazó el Starlink que Israel le ofreció en plena Asamblea de la ONU
Internacionales
- 3
Malvinas: dos jueces envían exhortos a Gran Bretaña e Israel por la explotación petrolera
Justicia
- 4
Más de 350 personalidades de la cultura respaldan a Ariana Harwicz tras su exclusión en Granada
Cultura
- 5
Green card: los riesgos de salir de EE.UU. y volver como residente permanente
Inmigración





